Una marea de 24 horas en toda Gipuzkoa para mostrar que el mundo solo marcha con las mujeres

Cientos de mujeres se unieron a la planto-sentada que se celebró ayer en el Boulevard de San Sebastián. / IÑIGO SÁNCHEZ
Día Internacional de la Mujer

Miles de mujeres secundaron paros, sentadas o manifestaciones en más de 20 municipios. La histórica movilización reivindicó igualdad de derechos, de trato, de reparto de tareas, de reconocimiento y de remuneración salarial

AMAIA CHICOSAN SEBASTIÁN.

Morado. Pañuelos morados, lazos morados, cintas, fulares, brazaletes, chaquetas, pins, banderas, carteles, camisetas, pelucas... Las calles se tiñeron ayer del morado que cientos de miles de mujeres lucieron como símbolo de una lucha feminista por la igualdad que este 8 de marzo ha dejado un rastro más visible, sobre el que ahora, durante el resto del año, deben avanzar las políticas públicas, los comportamientos, los cambios sociales para ir acercando esa meta justa que se sigue persiguiendo año tras año.

Elsa, Ainhoa, Gema, Lorea, Oihana, Ana, Nerea, Laura, Irati, Angelines, Paty, Carmen, Mari Jose... Madres con hijas, hermanas, abuelas y nietas, compañeras de trabajo, mujeres desempleadas, muchas estudiantes, jóvenes de edad, jóvenes de espíritu... Mujeres de toda condición se sumaron ayer, cada una como pudo, a alguna de las miles de movilizaciones convocadas en la primera 'huelga feminista' que se celebra en Euskadi, y en toda España, para visibilizar «que si las mujeres paran, el mundo se para».

Muchas lo hicieron. Se plantaron. Y no solo no acudieron a trabajar, lo hicieron solamente una parte de la jornada o se escaparon algunos minutos, sino que además «colgaron» literalmente el delantal del balcón de sus casas como gesto para anunciar que, por un día, tampoco iban a encargarse de las tareas cotidianas del hogar o del cuidado de hijos o mayores dependientes, que en gran parte de las familias ellas siguen asumiendo sin rechistar. Porque ese era otro de los flancos de una movilización que llamaba a parar en el ámbito laboral, en el de los cuidados, en el estudiantil y en el del consumo.

La convocatoria era tan abierta y plural como sus protagonistas. Y así se evidenció en las múltiples fórmulas que cada mujer eligió para sumarse a una reivindicación compartida que alteró la rutina de centros escolares, sanitarios, residencias, transporte, institutos, universidades, comercios, medios de comunicación, empresas, instituciones... donde trabajadoras o usuarias dejaron patente su adhesión a una movilización «histórica» que dejó imágenes inéditas.

Los datos

43% de las trabajadoras
en las Haurreskolak secundaron las cuatro horas de paro convocadas en Euskadi.
13% de las trabajadoras sanitarias
se sumó a los paros.

La primera que impactó en Gipuzkoa fue la que se tomó a mediodía en el Boulevard. Era solo uno de los plantes convocados por el Movimiento Feminista de Euskal Herria en más de una veintena de municipios de todo el territorio, pero dejó patente que la movilización de ayer no era una más. Autobuses a rebosar y grupos de diez, quince, veinte mujeres que a pie se fueron acercando desde diferentes barrios, oficinas, colegios, institutos o tiendas que bajaron un rato la persiana nutrieron una de las movilizaciones de mujeres más numerosas que se recuerdan.

Fue la primera de la jornada. Una «planto-sentada» que coincidió con las que también se celebraron por la mañana en Irun, Tolosa, Arrasate, Pasaia, Azpeitia, Legazpi o Eibar, donde algunos piquetes instaron a cerrar a varias cadenas de ropa que no se habían sumado a la movilización. «No nos quedemos de brazos cruzados mientras otros escriben la historia»; «Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres»; «La revolución será feminista o no será» o el cartel que portaban dos jóvenes musulmanas, con la cabeza cubierta con un pañuelo: «Estoy aquí para poder tapar o enseñar lo que quiera».

Cada una eligió el material 'reutilizado' que más a mano tenía -se vio alguna caja de pañales reconvertida en pancarta-, u objetos cotidianos como utensilios de cocina o cacerolas para «hacer ruido», el mayor posible, en las marchas en bicicleta, las caceroladas, manifestaciones o el 'tuperfest' que reunió a partir de la una de la tarde en la plaza de Gipuzkoa de Donostia a cientos de mujeres de todas las generaciones para comer con bocatas o con la comida preparada el día anterior. Porque ayer ninguna cocinaba.

Fue una jornada, sobre todo, festiva. Pero cada una de las mujeres a las que se les preguntaba tenían una lista de razones igual de extensa que la que explicaron con detalle en estas páginas Carmen Pascual o Nerea Gozalo. Dos generaciones -una 87 años, otra 17- que ayer estaban en vanguardia de las movilizaciones para que la joven que aspira a ser médico no tenga que revivir el camino de lucha que desde los 9 años, allá por la década de los 40 del siglo pasado, ha lidiado su experimentada compañera de batalla.

Lucha internacional

Eliminar las desigualdades, la brecha salarial, romper los techos de cristal que obstaculizan o impiden el ascenso profesional de las mujeres a puestos directivos, repartir de forma equitativa las tareas del hogar, acabar con el acoso sexual, erradicar la violencia machista, reivindicar el valor de trabajos invisibilizados... Reivindicar, en definitiva, que la mitad femenina de la sociedad es igual y merece igualdad de trato que la otra mitad masculina. Ese es el mensaje que se coló por todos los rincones de Gipuzkoa, pero también por el resto de municipios vascos, por toda España -donde por primera vez se ha convocado una huelga feminista- y por medio mundo.

En Euskadi, el seguimiento fue masivo, aunque los datos oficiales de paro laboral -que aquí era de dos o cuatro horas, mientras en el resto del país la convocatoria de algunos sindicatos se extendía a toda la jornada- no lo reflejen. En el sector público, el más fácil de medir, el Gobierno Vasco cifró en un 21,2% el porcentaje de mujeres que secundó la huelga parcial o total en la Administración General Vasca y en los organismos autónomos. La maquinaria central donde el 68% de las trabajadoras son mujeres.

En educación, el seguimiento fue similar. Un 22% de las profesionales docentes y no docentes de la enseñanza no universitaria interrumpió la jornada, entre las once y las tres de la tarde, y la mayoría se sumó a las movilizaciones en sus localidades. Mientras que en las Haurreskolak, con mayoría de mujeres entre las educadoras, el 43,4% secundó el paro. También los campus de la UPV se vaciaron a mediodía, y en el de Deusto de Donostia, por ejemplo, alumnas, alumnos, profesoras y profesores pararon 20 minutos en el patio como colofón a una semana dedicada a la Igualdad.

Respaldo de los hombres

En el ámbito sanitario público, el 13,3% de las trabajadoras de Osakidetza pararon en Gipuzkoa. Y el colegio de Enfermería, integrado por un 93% de mujeres profesionales, se sumó al paro en el turno de tarde. Por la mañana, en el Hospital Donostia, las sanitarias y el resto de trabajadoras que se concentraron en la entrada recibieron el apoyo de enfermos, y familiares con personas ingresadas y de sus compañeros. Muchos de ellos respaldaron de forma pública la movilización de las mujeres luciendo, por ejemplo, pañuelos morados al cuello como algún conductor de autobuses urbanos de San Sebastián; asumiendo tareas que durante el resto del año están en manos de ellas; o cubriendo huecos laborales de compañeras que se ausentaron de sus puestos durante unas horas.

Algunos padres se encargaron de recoger a sus hijos, hacerles la comida, o atender a familiares dependientes ante la 'huelga de cuidados' que muchas de ellas también secundaron desde primera hora de la mañana, cuando colgaron del balcón el delantal. Por la ciudad, se vieron algunos, pocos, e incluso en Bizkaia por ejemplo, algún hombre salió a la calle con él atado. Pero si al menos, las mujeres dejaron ayer 'colgada' alguna tarea doméstica, ya se había conseguido un paso.

Este 8 de marzo todo fueron pequeños pasos y gestos. El que con «libertad», según priorizaba la convocatoria de los movimientos feministas, dieron algunas estudiantes de Luberri que fueron de negro al instituto o las de Usandizaga que se pusieron cintas y brazaletes morados para ir a la concentración y visibilizar su adhesión, o algunas niñas de Jakintza que anunciaron a sus padres que ese día solo ellas iban a jugar a fútbol.

Ellas, las generaciones más jóvenes, empujaron con fuerza un movimiento feminista que muchas han conocido en casa por la vida y las historias contadas por sus madres o abuelas. Y que quieren tomar el relevo en la lucha feminista porque «todavía hay mucho machismo, porque queremos salir seguras a la calle y queremos tener las mismas oportunidades que nuestros compañeros de clase», aseguraban un grupo de adolescentes que había también habían hecho decidido hacer 'huelga' en clase y acercarse tanto a la concetración de la mañana en el Boulevard, como a la manifestación de la tarde. La que por la tarde, con miles y miles de mujeres, cerró la «histórica» jornada que deja «es el comienzo de un camino más largo» que continuará «durante el resto del año», valoró el Movimiento Feminista, antes de agradecer a todas las mujeres su participación.

Paro institucional y mediático

Las instituciones vascas no convocaron ninguna concentración, pero las guipuzcoanas sí se sumaron a las organizadas por las organizaciones sociales. En ellas se vieron a multitud de cargos públicos de EH Bildu, Podemos o el PSE, que secundaron los paros y, por ejemplo, dejaron vacíos sus escaños en el pleno del Parlamento Vasco o sus despachos en el Ayuntamiento. PNV y PP no secundaron la huelga, pero también se sumaron a algunas concentraciones. En concreto, los máximos responsables jeltzales, como la presidenta de las Juntas Generales, Eider Mendoza; el diputado general, Markel Olano; o el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, sujetaron las grandes letras de 'Berdintasuna' (Igualdad) en la concentración que su partido había convocado delante del Palacio foral.

También pararon las trabajadoras de Donostia Kultura, de bibliotecas como Koldo Mitxelena, que cerró sus puertas o de medios de transporte, que vieron alteradas algunas frecuencias. Y sobre todo en ferrocarriles, donde algunas líneas se quedaron en los servicios mínimos marcados del 30%, y donde Renfe canceló 150 servicios de Cercanías, o el Topo circuló por encima del mínimo, con trenes cada 30 minutos.

Transporte

Lurraldebus
Ni Dbus ni Lurraldebus sufrieron afecciones notables.
Ferrocarril
Renfe suspendió 150 trenes de Cercanías y el Topo redujo sus frecuencias.

También hubo paros y movilizaciones en el sector de los medios de comunicación, uno en los que más presente se hizo la protesta. No hizo falta más que poner la radio, la televisión o abrir los periódicos para echar en falta a voces o rostros femeninos de los programas e informativos de prime time, o para constatar el apoyo que las firmas de mujeres que se leen o están detrás de las noticias de cada día daban la cara -también las de este periódico- para sumarse a la movilización.

No se vio alterado, en cambio aunque esgrimió una coherente justificación, el festival dFeria que ayer celebraba su última jornada. Fueron sus actrices las que decidieron continuar con la representación porque algunas de sus obras «tenían a la mujer como eje temático» y podían «favorecer a la concienciación».

Fue un clamor por la igualdad, hasta ahora inédito en cualquier 8 de marzo pasado, que consiguió un primer objetivo innegable: que casi todo el mundo ayer hablara o se hiciera eco de una movilización feminista que llevaba semanas calentando motores. Y un segundo reto: que el inédito seguimiento evidenciara que si el papel imprescindible que ellas juegan en la sociedad y evidenciara el lema de este Día de la Mujer, que «si nosotras paramos, el mundo se para». O al revés, que el mundo solo se mueve si las mujeres se mueven.

Las miles de fotografías colgadas en las redes sociales narraron al minuto todos los gestos de una larga jornada, a la que -de forma simbólica e involuntaria- también se sumó la más conocida y fotografiada postal donostiarra. Un tramo de la barandilla de La Concha apareció teñida de morado.

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