Garaigordobil: «Las familias de los niños que sufren acoso se sienten solas»

Maite Garaigordobil./S. SANTOS
Maite Garaigordobil. / S. SANTOS
Maite Garaigordobil, catedrática de Evaluación Psicológica

Explica que no hay un perfil concreto de niño agresor porque «en un momento determinado cualquiera puede formar parte de un grupo»

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Maite Garaigordobil, doctora en Psicología y catedrática de Evaluación Psicológica de la UPV/EHU es la coordinadora de la I Jornada sobre acoso entre iguales celebrada la semana pasada en el campus guipuzcoano.

- Las cifras sobre acoso escolar siguen subiendo. ¿Se debe a que hay una mayor concienciación o realmente hay más acoso escolar?

- De la prevalencia del acoso cara-a-cara, los estudios ponen de relieve que el porcentaje medio de victimización grave oscila entre el 2% y el 16%. En ciberacoso, los estudios ponen de relieve que entre un 1% y un 10% han sido cibervíctimas muy frecuentemente; sin embargo, el porcentaje de estudiantes que ha sufrido alguna conducta de ciberacoso supera en algunos estudios el 60%. Las cifras son de consideración, y pese a las acciones de prevención que llevamos a cabo en los últimos años, estos porcentajes no se reducen y además las nuevas formas de bullying emergen y aumentan significativamente. Las denuncias también han aumentado en parte porque el problema se ha visibilizado más socialmente, y las víctimas y sus familias están saliendo de la indefensión y soledad y cada vez denuncian más.

- ¿El hecho de que un chaval denuncie un acoso suele llevar una estigmatización como chivato agravando el problema?

- Lamentablemente en ocasiones sí, el que denuncia se convierte en víctima y hay que evitarlo. Es importante que trasformemos este concepto y se vea como compañero-solidario. Transformar este concepto es clave y eso es lo que hacemos con los programas de intervención antibullying, por ejemplo, en Cyberprogram 2.0, un programa para la prevención del cyberbullying.

- ¿Qué papel juega la familia en estos casos de acoso?

- La educación familiar desempeña un papel primordial. Los padres que son modelos de empatía y conducta social positiva tienen con mayor probabilidad hijos menos violentos. Los que tienen un vínculo de apego seguro y buenas relaciones en la familia no suelen ser violentos.

- ¿Cómo viven las familias el hecho de tener un hijo acosado?

- Con mucha angustia, sufrimiento e indefensión. Se sienten muy solos con el problema, y en demasiadas ocasiones los adultos no damos respuesta adecuada de apoyo.

- ¿Cuál de los casos de acoso tiene por consecuencias más dramáticas, el escolar o el ciberbullyng?

- En ambas situaciones en muchos casos tienen graves consecuencias. Muchos estudios han demostrado que sufrir cualquier tipo de bullying genera rechazo escolar, con bajo rendimiento académico; las víctimas se sienten inseguras, solas, infelices y se aíslan socialmente; disminuye su autoestima; se sienten culpables; tienen muchos problemas somáticos como dolores de cabeza o estómago; sufren estrés postraumático en el que reviven una y otra vez las agresiones; tienen trastornos del sueño; sufren intensa ansiedad y desarrollan síntomas depresivos y en muchos casos tienen ideas suicidas que cada año algunos consuman. Además, estos síntomas en muchos casos persisten en la vida adulta.

«Algunos estudios revelan que más del 60% de los menores ha sufrido alguna conducta de ciberacoso»

- ¿Cuál es el perfil de un niño acosador?

- Se ha hablado mucho de perfiles pero no creo que haya uno específico de víctima y agresor, porque cualquiera puede convertirse en víctima y cualquiera en un momento dado puede formar parte del grupo agresor. No obstante, son más vulnerables de ser victimizados aquellos niños o adolescentes que son diferentes por algo: porque es muy gordo o muy delgado, muy alto o muy bajo, muy inteligente o con limitaciones intelectuales, por una orientación sexual no normativa... cualquier diferencia le puede convertir a uno en objeto de acoso.

- ¿Hay más acosadores de un género determinado, niños o niñas?

- En bullying cara a cara predominan más los niños como acosadores y como víctimas, sin embargo en cyberbullying las diferencias de género se reducen, aunque hay una mayor tendencia a ser cibervíctimas las chicas y ciberagresores los chicos.

- ¿Qué papel juegan los observadores en acoso, esos chavales que ven pero no lo denuncian?

- El papel de los observadores es determinante porque con su silencio o pasividad hacen posible que la situación se perpetúe en el tiempo. Muchas veces callan por falta de empatía con la víctima y otras por miedo a que el agresor se vuelva contra ellos. Si consiguiéramos movilizar a los observadores para que protegieran a la víctima o al menos denunciaran lo que ven, estaríamos avanzando mucho en la detección y erradicación del acoso. Esto es lo que precisamente tratamos de hacer también con programas antibullying como Cyberprogram 2.0.

-¿Es en Primaria donde hay que incidir para que no se desarrollen actitudes acosadoras?

- Hay que comenzar desde los primeros años de vida en la familia con el desarrollo de valores ético-morales y después continuar en la escuela desde educación infantil y a lo largo de toda la educación reglada, fomentando el desarrollo socio-emocional positivo, así como enfatizando el valor de la convivencia y el respeto a los demás.

- ¿Cuál es la mejor forma de prevenir esa violencia?

- Fomentar la convivencia y el desarrollo de estos valores morales positivos debe realizarse en la familia y en la escuela. La colaboración entre escuela y familia es fundamental para el desarrollo positivo de los estudiantes, así como para la prevención y erradicación de la violencia.

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