La magia de los Reyes no entiende de límites

El regalo favorito de Xabier fue la espada láser de Darth Vader que le trajo Melchor. / JOSE MARI LÓPEZ
El regalo favorito de Xabier fue la espada láser de Darth Vader que le trajo Melchor. / JOSE MARI LÓPEZ

El beasaindarra, de ocho años, nació con los nervios ópticos atrofiados y solo conserva un pequeño resto visual en su ojo derecho. El pequeño Xabier Sánchez, que sufre ceguera casi total, disfrutó con su espada láser

AIENDE S. JIMÉNEZ SAN SEBASTIÁN.

En casa de los Sánchez Román, en Beasain, los mellizos Amaia y Xabi, de ocho años, se levantaron pronto, como cada año, para abrir los regalos que les habían dejado sus majestades de Oriente bajo el árbol. Los Reyes acertaron en su mayoría, aunque cometieron algún que otro fallo. El regalo estrella del pequeño fue una espada láser de Darth Vader. Melchor también le trajo un set de ropa deportiva para que pueda salir a correr con su padre y, como siempre, un poco de carbón para ambos hermanos, ya que aunque se hayan portado bien, siempre hay cosas que se pueden mejorar. «Frozen es para niños pequeños, ¡con esta edad ya no me gusta!», se quejaba sin embargo Amaia al descubrir un reloj montable de la existosa película animada. «Lleva años obsesionada con Frozen, pero no les ha avisado a los Reyes de que ya no le gusta», comentaba su padre, Óscar.

Los hermanos se entretuvieron toda la mañana jugando a un juego llamado STOP, una especie de '1,2,3, responda otra vez' «con botones grandes y sonido, muy adecuado para que Xabi pueda jugar». El pequeño beasaindarra padece un problema visual que le provoca una ceguera casi total. Sin embargo, bajo su árbol de Navidad ha abierto paquetes que contenían patinetes, consolas y demás juguetes. Sus majestades de Oriente siempre han tratado de traer regalos similares a Xabi y su hermana Amaia. «No es que hayan tenido regalos diferentes, simplemente hay algunos que discriminan a Xabier porque no puede disfrutar de ellos», apuntan sus padres, Óscar y Mamen. Por ejemplo, los Reyes Magos nunca le han regalado un libro.

El pequeño nació con un grave problema visual. Sin embargo, sus padres y los médicos no lo supieron hasta algunos meses después. «A los cinco meses se supone que ya han desarrollado suficientemente el sentido de la vista, pero en una revisión Xabi no seguía el dedo de la pediatra con la mirada», cuenta su padre. «Le hicieron resonancias, TAC, análisis... nos decían que podría ser desde un tumor cerebral a una lesión en sus ojos», recuerda su padre.

«Por suerte», afirman sus progenitores, el diagnóstico fue «lo menos malo» que cabía esperar. Xabi tiene los nervios oculares atrofiados; no ve nada de su ojo izquierdo, aunque conserva un resto visual en su ojo derecho. Su capacidad visual es, no obstante, muy limitada. Como explica su padre, «una letra Arial a tamaño 30 la tiene que ver a unos 20 centímetros de distancia para poder distinguirla. La tele también la tiene que ver a esa distancia, y la consola se la acerca mucho a los ojos». Al no ver nada por uno de ellos, el pequeño ve en dos dimensiones. «No aprecia la profundidad de las cosas ni la distancia a la que están. Por eso se sirve mucho del tacto», explica Óscar. Eso le ha costado más de un moratón. «Se ha torcido muchas veces el tobillo por no ver un escalón o un obstáculo en el parque, pero se vuelve a levantar», dice su aita, que afirma que ese pequeño resto visual que tiene Xabi «es un mundo para él. Le permite hacer cosas por su propia cuenta que un niño totalmente ciego no podría».

Con mucho trabajo está empezando a vestirse y a comer solo. Su último logro ha sido aprender a andar en bici. «Al principio tenía mucho miedo, porque si le viene alguien de frente no lo ve. Pero va conmigo y yo le voy avisando de los obstáculos, y él solo tiene que ir por dentro del bidegorri, que al ser rojo lo distingue», cuenta con orgullo su padre. «Nos hemos esforzado mucho en que haga todo como el resto de niños de su edad. Hay veces que nos pide que le hagamos las cosas, pero insistimos y peleamos para que las haga solo. Siempre le hemos dicho que es capaz de hacer todo lo que se proponga».

Hay una anécdota que refleja a la perfección la capacidad de superación del pequeño y el tesón de sus padres para que no se pierda ni un solo aspecto de la vida. Un día Xabi le dijo a su aita: «Hay algo que nunca voy a poder hacer, que es conducir». Su padre, ni corto ni perezoso, le llevó al karting de Olaberria y le montó en un coche. «Al ser un circuito cerrado distinguía el circuito de la hierba, y condujo sin problemas. Su cara de felicidad y de satisfacción en ese momento no tuvo precio», recuerda Óscar.

Los deberes, en Braille

Las limitaciones visuales no han impedido a Xabi llevar una vida normal, aunque tiene que hacer más esfuerzos que el resto de niños de su edad. «Él sabe leer como todos, pero también está aprendiendo a leer en Braille», afirma Óscar. Comparte clase con sus compañeros de 3º de Primaria, pero todos los lunes y jueves dedica dos horas a aprender el idioma de signos con una monitora. «La ONCE nos ha facilitado dos máquinas Perkins, que se utilizan para escribir en Braille. Una de ellas la tiene en el cole y la otra en casa, y con ella hace los deberes», explica su padre. «Es impresionante lo desarrollado que tiene el tacto. Lee párrafos enteros a una velocidad asombrosa», señala Óscar. Xabi es además un muy buen estudiante, y en las últimas notas ha sacado todo notables y sobresalientes. «Es un niño muy curioso, inquieto y muy valiente», aseguran sus padres.

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