La lucha contra la avispa asiática da sus primeros frutos en Gipuzkoa

Juanjo Román y Miguel Ángel Cortés, con parte del material que utilizan contra los nidos. / MORQUECHO

700 nidos han sido destruidos hasta la fecha, 260 menos que el año pasado. Los apicultores reconocen que este año no se ha observado de momento una gran expansión de la especie invasora, aunque opinan que el problema está «cronificado»

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

No porque este año se haya hablado menos de ellas, las avispas asiáticas, el enemigo público número uno de las abejas, han dejado de ser una amenaza. Siete temporadas después de que en Gipuzkoa se detectasen los primeros casos, la plaga sigue presente. No obstante, este año los apicultores reconocen que, hasta el momento, no se ha observado una gran expansión y que la especie parece cuando menos 'controlada', en parte gracias a la labor que llevan a cabo los propios recolectores. «Los trampeos que realizamos en primavera y otoño, y el hecho de que siempre estemos pendientes de las colmenas son factores muy importantes. También resulta primordial la labor de destrucción de nidos mediante las pértigas o el sistema que sea», afirma Mikel Zubeldia, presidente de la Asociación de Apicultores de Gipuzkoa que aglutina a cerca de 500 productores.

Las cifras de nidos eliminados en lo que va de año, aun siendo elevadas, son inferiores en términos globales a las del pasado año por estas mismas fechas. Puede que sean los primeros frutos que se obtienen en la guerra que se ha declarado a la especie invasora. Pero ello no significa ni mucho menos que la batalla esté ganada. El problema parece cronificado y aunque las cifras son, de momento positivas, la situación puede variar de una a otra temporada.

Según datos facilitados por el propio Zubeldia, desde enero hasta la pasada semana, en Gipuzkoa se habían retirado 700 avisperos cuando en el mismo periodo de 2016 la cifra ascendía a 960. El mayor número de nidos son eliminados en los meses de verano y otoño. Así, el pasado agosto se destruyeron 140, los mismos en 2016. En septiembre, sin embargo, el descenso ha sido notable, al pasar de los 330 del pasado año a los 140 de este.

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Los 700 avisperos han sido destruidos gracias a la iniciativa de la Diputación, los propios ayuntamientos y las agencias de desarrollo rural. Los guardas forestales han atacado 19 nidos y los bomberos de la propia institución foral 56 más. Estas cifras, no obstante, seguro que se incrementarán en las semanas próximas, ya que la temporada no se cerrará hasta finales de noviembre.

Del balance realizado hasta el momento, sobresale el elevado número eliminado en la cuenca del Deba, especialmente en su tramo alto. Solo en Arrasate se han suprimido 72 nidos, por 46 en Bergara, 52 en Oñati, 39 en Eibar, 19 en Soraluze y 14 en Elgoibar.

La especie invasora ha encontrado asimismo en el valle del Urola un lugar idóneo en el que asentarse. En Azpeitia se llevan destruidos 22 avisperos, uno más que Azkoitia.

La comarca del Bidasoa y la costa son asimismo áreas castigadas. En Donostia se han eliminado 90, por 40 en Hondarribia, 22 en Pasaia y 17 en Zarautz.

Los apicultores señalan que la especie está extendida por todo el territorio guipuzcoano. «El año pasado se retiraron muchos nidos en el Alto Deba y en éste, las cifras en poblaciones como Arrasate y Bergara son igualmente altas. También está extendida en la costa. De una temporada a otra puede variar», señala el presidente.

En Bizkaia el año pasado se detectó una expansión «importante», aunque no tanto en Álava. En el conjunto del Estado, la situación es especialmente delicada en la cornisa cantábrica. «En Cataluña están trabajando bien contra las avispas. En Portugal está todo cogido, de norte a sur».

Un invierno duro

Mikel Zubeldia reconoce que en los albores de la primavera temieron que la presente campaña pudiese ser catastrófica. Tras un invierno duro para los apicultores guipuzcoanos, con un elevado número de colmenas perdidas a causa no solo de los ataques de las avispas, sino también debido a la enfermedad de la varroasis, las trampas que se instalaron al inicio de la presente temporada capturaron un número tan elevado de reinas que llevó a los recolectores a imaginar lo peor.

La primavera, no obstante, tuvo un buen comportamiento y las abejas pudieron recuperarse. Pero lo que fue bueno para las abejas también lo fue para la avispa. El insecto invasor desarrolló el ciclo previsto y en agosto, «como siempre, empezamos a detectar los ataques. En mi caso, decidí mover las colmenas que tengo en Berrobi y Tolosa y las llevé a la zona de Aizkorri. Y he de reconocer que ha sido un acierto. Después de que durante el invierno perdiese la mitad de las veinticinco colmenas que tengo, no he tenido problemas», explica Zubeldia.

Pero todos no han tenido la misma suerte. «Por lo que me dicen otros apicultores, la situación es igual que en años anteriores. Parece que el problema se ha cronificado y cuando esto sucede, parece que ya no existe. No se habla del tema en los medios y al final solo lo sufrimos nosotros», se lamenta el presidente.

No obstante, Mikel Zubeldia no puede sino reconocer que la situación en Gipuzkoa dista mucho de la que afrontan otras comunidades como en Galicia. «Allí, es terrible. Nosotros hemos sido pioneros en la lucha contra esta especie invasora, aunque también es cierto que fuimos los primeros en percibir su presencia. Pero, por lo menos, supimos afrontar esta invasión y ello nos ha permitido ejercer cierto control sobre estas poblaciones. Muchos de los protocolos puestos en práctica en otras comunidades están basados en la experiencia guipuzcoana», señala.

«De todas formas, queda mucho otoño por delante y vamos a ver la evolución en los próximos meses. Igual, a partir de ahora, la presión de las asiáticas se dispara. De cualquier manera, pienso que en el peor de los casos la cifra de nidos destruidos este año será parecida a la del anterior».

Muchos años de espera

El control que los propios apicultores ejercen junto a los trabajos de destrucción de nidos hace que cuando menos la plaga no se extienda más. «No cabe duda de que para nosotros, el problema sigue siendo muy grave, pero también hemos de admitir que no ha ido a peor. Sin embargo, seguimos gastando mucho en las abejas. Hay que moverlas, alimentarlas de manera artificial... Y si encima nos viene un año malo, con adversas condiciones meteorológicas, pues ya me dirán», sostiene Zubeldia.

Aun cuando desde el colectivo de apicultores reconoce que cualquier proyecto para poner freno al avance de la 'Vespa velutina' necesita de varios años, no tienen tan claro de «que se precisen tantos. Sabemos que en los laboratorios de Neiker están trabajando bien en la búsqueda de una solución. Pero llevamos muchos años esperando. Siempre pensamos que será el año que viene, pero no es así. Siempre falta algo. Llevamos ya siete temporadas con la avispa. Sabemos que el proyecto de investigación está bien dirigido pero necesitamos resultados. El año pasado se realizó una prueba piloto pero resultó cara y trabajosa», afirma el presidente.

«Y mientras tanto no hay más remedio que convivir con la avispa», concluye Zubeldia.

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