El año en el que los limoneros sucumbieron a las heladas de enero

El estudio fenológico que se realiza en Igeldo constata que el crecimiento de plantas disminuyó a partir de abril

J. P. SAN SEBASTIÁN.

La naturaleza es un claro indicador de las condiciones climatológicas. La ciencia que estudia las repercusiones del clima sobre los ciclos biológicos anuales de plantas e insectos así como los cambios que se observan en el desarrollo de árboles y arbustos o en las migraciones de las aves se denomina fenología. La bióloga Pilar López Vallejo, observadora de Aemet en Igeldo, es la coordinadora de esta disciplina en el País Vasco y desde hace cuatro años registra cualquier incidencia en este sentido. López Vallejo acaba de completar el estudio de los seis primeros meses del año. «Enero se caracterizó por ser muy frío, con muchas heladas que acabaron con un número importante de limoneros en los jardines. Sin embargo, febrero y marzo fueron meses cálidos y húmedos en la vertiente cantábrica, lo que propició unas floraciones espectaculares y adelantadas a la media de otros años en las especies tempranas como cerezos y ciruelos ornamentales, mimosas, avellanos, sauces...», afirma.

La investigadora ha constatado que el invierno fue cálido y normal en cuanto a precipitación, con más horas de sol que la media.

El 2 de febrero comenzaron a florecer las mimosas en Igeldo. «Estas suelen ser las primeras mensajeras de la primavera. Antes, en Mungia, el 2 de enero se observó la primera flor abierta de heléboro y el 12 aparecieron las prímulas. En Mungia, también el día 23 asomaron los brotes florales de los sauces y alguna mimosa en flor», detalla la bióloga.

Explica que la floración de los ciruelos japoneses a finales de febrero, y de las mimosas fue espectacular en cuanto a abundancia y duración. En Igeldo el 2 de febrero se cifró la floración plena en los avellanos y aparecieron hojas en los saúcos.

Recuerda la experta que en Iturraran, en Aia-Pagoeta, el 16 de febrero la primavera había despuntado. Las magnolias estaban en floración, también las camelias, azaleas, membrilleros y narcisos. Los arces mostraban las primeras hojas. «Esta primera parte de la primavera fenológica fue con bastante adelanto a la media de otros años debido a la calidez de los meses de febrero y marzo, con muchos días despejados y humedad suficiente en el suelo», señala.

Pero a partir de abril, el ritmo disminuyó y se fue igualando más a la media. Señala que la segunda quincena de abril, «algo más fresca y muy seca», frenó el ritmo de crecimiento vegetal. «Aunque mayo trajo de nuevo altas temperaturas, la única jornada de lluvia fuerte, el día 18, dio un nuevo empujón a la vegetación. Así, los cerezos comenzaron muy pronto la floración y para finales de mayo presentaban el fruto a su tamaño definitivo». En esas fechas, los mázanos tenían pequeñas manzanitas. «En junio continuó la exuberancia del paisaje», concluye López Vallejo.

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