El Metro y el TAV disparan la inversión pública en Gipuzkoa

Trabajos en la futura estación de Ezkio-Itsaso del tren de alta velocidad./LOBO ALTUNAGráfico
Trabajos en la futura estación de Ezkio-Itsaso del tren de alta velocidad. / LOBO ALTUNA

Los proyectos del TAV y del Metro de Donostialdea han disparado la cuantía de los concursos en 2017

GAIZKA LASASAN SEBASTIÁN.

Tras varios años temiendo los efectos de la sequía, el pasado ejercicio ha venido cargado de lluvias de contratos públicos en Gipuzkoa. Las distintas capas de la Administración se han conjurado en 2017 para regar la economía del territorio, licitando proyectos por valor de 964 millones de euros, el valor más alto desde 2010, último ejercicio en el que se superó la ostentosa barrera de los mil millones, según los números de la patronal de la construcción Seopan. La crisis hizo que la gráfica más valorada por las grandes empresas cayera en picado desde aquel año. La supuesta recuperación ha motivado ahora el efecto contrario: un subidón de pedidos del que se beneficiarán, en casacada, buena parte de los sectores productivos de Gipuzkoa.

El caudal de dinero público que ha fluido por las empresas del territorio ha aumentado de manera notable por la confluencia de diferentes flujos de encargos, pero es el Gobierno central el que esta vez aporta mayor carga de millones licitados. Del Ejecutivo de Madrid han llegado concretamente casi la mitad (el 49%) de los contratos, lo que da la suma de 473,5 millones de euros. Semejante inyección guarda relación directa con el relanzamiento de la carrera por culminar las obras de la 'Y' vasca en 2023 e inaugurar la infraestructura al año siguiente.

El Tren de Alta Velocidad (TAV) ha propiciado solo con dos grandes licitaciones, llevadas a cabo en el último trimestre de 2017, más obra pública que la generada por todas las administraciones en los ejercicios de 2012, 2013, 2015 y 2016. La cifra total de 2014 supera por los pelos esa cuantía exclusiva atribuible al TAV.

Solo las licitaciones de dos tramos del nudo de Bergara han ascendido a un valor de 415 millones

La cifra de concursos públicos es la más alta desde la registrada en el año 2010

El primer gran hito para la contratación de obra pública en Gipuzkoa tuvo lugar en octubre, cuando el Gobierno español aprobó en su Consejo de Ministros la licitación del primero de los tres tramos de los que consta el conocido como nudo de Bergara de la Y vasca por un importe de cerca de 159 millones de euros. El tramo, de 5,1 kilómetros, discurre íntegramente por el término municipal de Bergara.

El inicio del concurso público del segundo sector del mismo nudo puso el broche a las cifras de 2017 en diciembre. El tramo Arrasate-Bergara-Elorrio cuenta con un precio de ejecución de 255,6 millones de euros, lo que la convierte en la obra del TAV más cara planteada hasta la fecha. El tramo a ejecutar tiene una longitud de 5,2 kilómetros de vía doble equivalente e incluye la construcción de cuatro túneles.

La suma de las dos licitaciones disparó la obra pública guipuzcoana de 2017, pero resultó ser también la prometedora antesala al 2018. En enero, el Gobierno central ha dado el visto bueno a la contratación del tercer y último tramo del nudo de Bergara de la Y ferroviaria vasca, por importe de 73,5 millones de euros.

La línea ascendente del valor de las licitaciones en Gipuzkoa en 2017 transcurre, en cualquier caso, sobre carriles ferroviarios. La Y vasca lidera los pedidos, pero también aporta una elevada cifra la pasante soterrada del Metro de Donostialdea por el centro de la capital guipuzcoana. En mayo, la mesa de contratación de Euskal Trenbide Sareak (ETS) licitó por 49,3 millones el primer tramo de los 4,2 kilómetros de recorrido subterráneo entre Lugaritz y Miraconcha, y en agosto la empresa que gestiona la red ferroviaria vasca hizo lo propio con el resto del recorrido, otros 2.087 metros entre Miraconcha y Easo, por valor de 71 millones.

El proyecto de variante ferroviaria soterrada que permitirá eliminar el actual fondo de saco de la estación de Easo, y dar continuidad a la línea de Euskotren, a través de Benta Berri y de la Concha -donde se establecerán sendas estaciones- acarreará un coste en obra civil en torno a los 120 millones de euros, aunque el montante final ascenderá hasta los 180. Las correspondientes licitaciones han acaparado gran parte de los 202 millones de obra licitada por el Gobierno Vasco en Gipuzkoa.

Manda la obra civil

La Diputación y los ayuntamientos completan el año récord con concursos públicos que ascienden a 288 millones. La institución foral puso en marcha los proyectos más caudalosos en 2016 -incineradora, autovía de Deskarga o peaje de la N-1- salvando un año ruinoso para la construcción en el territorio, aunque también ha contribuido al despegue de 2017 con licitaciones como la segunda fase del Complejo Medioambiental de Gipuzkoa -por 37 millones- que incluye una planta de biometanización y otra de valorización de escorias. Cambia así el peso de cada Administración en la concesión de obra pública. Ayuntamientos y Diputación aportaron el año pasado el 77% de los contratos -el año pasado no llegó al 30%-, quedando el Gobierno central por debajo del 10% de las licitaciones cuando en 2017 acaparó la mitad de los pedidos.

También han resultado clave los buenos resultados del último ejercicio el repunte de la edificación, que dobla la inversión frente a 2016, de 89 a 184 millones de euros. No obstante, la obra civil sigue concentrando las adjudicaciones más jugosas, con 779 millones de euros el año pasado.

En Gipuzkoa, pese a no tener el mismo papel que en el Estado, el peso de la construcción ronda el 5% del PIB. Según la patronal guipuzcoana de la construcción, por cada mil euros de demanda en este sector «se generan otros 2.400 en el conjunto de la economía, así como 710 euros de valor añadido, 390 de salarios y 190 de impuestos y cotizaciones». Un estudio del Gobierno Vasco ha estimado, por su parte, que por cada millón de euros invertidos en obra pública se crean entre diez y doce puestos de trabajo directos y entre cinco y siete indirectos. Queda por ver el impacto que los buenos datos de licitación puedan tener en el tiempo sobre otros indicadores económicos del territorio.

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