Gafas donostiarras para ojos sin luz

Las optometristas Ainhoa Flores y Leire Martínez han viajado como cooperantes a Perú, Senegal y Tanzania para revisar la vista de los más desfavorecidos

La optometrista donostiarra Leire Martínez realiza una revisión de la vista a un niño tanzano en la misión solidaria desarrollada en septiembre. / LEIRE MARTÍNEZ
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Dicen que cuesta mucho llegar pero mucho más volver. También que no pueden ayudar a todos, pero sí a muchos. A las donostiarras Ainhoa Flores y Leire Martínez, optometristas de oficio, les brillan los ojos cuando hablan de sus misiones como cooperantes por el mundo. Y eso, iluminar los ojos, es lo que consiguen al revisar la vista de gente humilde que les recibe con los brazos abiertos, que tienen muy poco pero que se entregan con lo más valioso: la dignidad y una mirada limpia. Leire estuvo en septiembre en Tanzania, mientras que Ainhoa ha conocido la realidad de países como Perú (2013) y Senegal (2015). Las visitamos en su lugar de trabajo más habitual, la Óptica Eder de Donostia, para que nos transmitan sus sensaciones profesionales pero sobre todo personales. Les pedimos una cosa. Que hablen con el corazón. Y ambas llegan a la misma conclusión: esa gente es maravillosa.

Las dos se embarcaron en estos proyectos bajo el nombre de 'Ruta de la luz' a través de la Fundación Cione, «una especie de cooperativa que engloba a más de 1.000 ópticas del país y que cada año, en febrero y en otoño, organiza misiones ópticas para revisar la vista de la gente, los más pequeños y los más mayores, y graduar la mayor cantidad posible de gafas que puedan necesitar», según relata Ainhoa.

Ainhoa Flores y Leire Martínez posan en la Óptica Eder de Donostia junto a un cartel de las misiones que realizan por el mundo.
Ainhoa Flores y Leire Martínez posan en la Óptica Eder de Donostia junto a un cartel de las misiones que realizan por el mundo. / SARA SANTOS

Si en Perú la rutina de trabajo tuvo lugar en un orfanato, con unas condiciones de trabajo y unos protagonistas agitados por las cicatrices de la vida, en Senegal se unieron a una ONG de dentistas y el recibimiento fue más festivo: «Llegamos con una ambulancia procedente de Mallorca y nos recibieron con bailes y alegría, mucha alegría».

Las dos se embarcaron en estos proyectos bajo el nombre de 'Ruta de la luz' a través de la Fundación Cione, una cooperativa que engloba a más de 1.000 ópticas del país

Permaneciendo en el país africano, Ainhoa rememora una de esas escenas que nos sirven para subrayar las grandes desigualdades que azotan el mundo: «Algunos hacían un viaje de dos días para llegar donde nosotros. Un viaje de dos días para recibir un servicio que nosotros tenemos, en muchos casos, debajo de casa. Un viaje de dos días para luego, además, esperar varias horas antes de ser atendidos. Y todo ello sin perder el ADN de esta gente: la sonrisa. Una sonrisa que aquí no hay...».

Cuando a Leire le toca contar las experiencias vividas en Tanzania, el relato se asemeja. También hay historias dramáticas, crudas, duras como la vida misma, pero siempre con una vía de agua por la que se cuelan gotas de superación. De esperanza. En su caso, «es mi primera experiencia en este sentido y lo cierto es que vuelvo encantada. Hemos tenido mucha suerte en el sentido de que las condiciones en las que hemos trabajado han sido muy cómodas. He estado junto a una compañera de Málaga, Mónica Muñoz, y hemos realizado 451 revisiones en Newlands, una localidad de 7.000 habitantes que trabaja principalmente en la plantación de caña de azúcar».

La misión número 100

Esta misión óptica ha sido la número 100 de la Fundación, una cifra redonda que sirve para poner en el mapa algunos de los lugares más deprimidos del planeta. Porque disponer de agua corriente, como solemos leer con frecuencia, es un lujo en esas latitudes. Las operaciones más básicas de nuestro día a día se convierten allí en una odisea. Pero gracias a su solidaridad y el envío de unas gafas graduadas, esas personas desfavorecidas pueden afrontar la vida de otra manera.

Leire realiza las pruebas visuales en el colegio de Newlands. / L.M.

De origen español, la entidad Born To Learn (BTN) regenta en la comarca el Hostel Karibu, en el que se alojaron Leire y Mónica, así como el colegio homónimo. Ambas optometristas llevaron a cabo su trabajo en las instalaciones del centro de enseñanza, donde estudian educación primaria 137 niños de 5 a 16 años. Las cooperantes trabajaron en el interior de un módulo sin electricidad, adaptándose a las circunstancias, pero sin perder la sonrisa, que es contagiosa. La sonrisa, otra vez la sonrisa de quien no tiene nada que perder.

«La mayoría de lugares que visitamos no tenían ni electricidad ni agua corriente. Cuando había agua, no era potable. Pero los niños eran felices», subrayan

«Son gente muy agradecida, sobre todo los más mayores. 'Que Dios te bendiga', nos decían a menudo. La mayoría de lugares que visitamos no tenían ni electricidad ni agua corriente. Cuando había agua, no era potable. Pero los niños eran felices. Se te acercan, te abrazan... Qué felices son con tan poca cosa. Y para nosotras, al principio, todo eran problemas... Aunque luego te das cuenta de lo bien que estás sin nada», reflexionan de manera conjunta.

También hablan del sentimiento de familia que se establece cuando se trabaja en un proyecto de estas características. Y de cómo engancha, porque ninguna titubea cuando se les pregunta. Quieren repetir: «Estamos deseando volver otro año. Y también colaboramos con los que vienen aquí, como los niños saharauis. Porque el proyecto 'Ruta de la luz' también ayuda a personas desfavorecidas a nivel estatal con gafas y cristales específicos».

Seis días de trabajo

En un periodo de seis días llevaron a cabo las 451 revisiones citadas, principalmente a niños, pero también a adultos residentes en Newlands y en otras localidades cercanas. El personal de BTL se encargó de organizar la asistencia de los menores. Desde el punto de vista profesional, las voluntarias encontraron hasta 110 patologías o enfermedades oculares, incluidos 66 casos de hiperemia y 30 de cataratas, es decir, que una de cada cuatro personas revisadas padecía una enfermedad ocular. Todo ello con unas condiciones de trabajo precarias y muchas dificultades con el idioma, aunque Leire aún recuerda con humor algunas palabras en suajili: «Mira hacia el cartel, por ejemplo, se dice (creo) 'angalia ubaoni' (se ríe)».

Además, las voluntarias también encontraron tiempo para la concienciación a los niños del colegio. El último día de estancia en Tanzania les hablaron sobre la importancia de la salud visual y del uso de las gafas, recalcando su utilidad para aprender o jugar y, sobre todo, lo crucial que es usar las gafas cuando son necesarias. Además, con ayuda de los dispositivos electrónicos, les mostraron las partes del ojo y sus funciones.

El grupo de cooperantes inmortalizó el momento del viaje a Tanzania con una fotografía en la misión número 100 de la Fundación Cione. Debajo, Leire rodeada de cuatro niños de Newlands. A la derecha, en pleno examen visual a un hombre. / LM.

Un recuerdo para toda la vida

A su regreso, Leire Martínez ha asegurado que las circunstancias le han servido para aprender mucho profesionalmente. «Estas experiencias te obligan a afrontar situaciones que en el día a día de la óptica no se te presentan, y que además hay que resolver con menos recursos y tecnología que en el gabinete», indica.

Y luego están los ejemplos que te dejan huella. Como la de esa niña de cuatro años que tenía hipermetropía. Leire toma la palabra: «En el cuaderno del colegio donde anotan todas sus revisiones ponía que era una niña triste. Le graduamos y tenía diez dioptrías de hipermetropía en uno, once en el otro. Claro, no es que la niña fuera triste, es que ¡¡¡no se podía relacionar con su entorno!!! Estaba quieta, no se podía mover o se movía poco... Probablemente, cuando esa niña reciba las gafas no estará tan triste...».

En seis días de trabajo en Tanzania encontraron hasta 110 patologías o enfermedades oculares, incluidos 66 casos de hiperemia y 30 de cataratas

El polvo, la exposición solar o el trabajo en el campo causan estragos en Senegal y Tanzania. Como aquel señor que trató Ainhoa, «que llegó con el ojo hecho polvo. Cuando le preguntamos qué le había pasado, nos dijo que una serpiente le había echado veneno en el ojo. Casos como estos te marcan porque no sabes ni cómo reaccionar. Vas allí a intentar ayudar a la mayor cantidad de gente posible, pero hay muchas personas a las que no podemos dar la solución. Hay veces que te frustras porque no puedes ayudar a todos los que aquí sí podrías. Eso duele... Pero, por lo menos, haces que la calidad de vida de mucha gente mejore. Muchos no son todos, pero son muchos».

Ainhoa, Leire, Mónica, los voluntarios, los niños, los mayores... La comunión, el vínculo creado a través de este tipo de proyectos es muy fuerte. Por eso todos fabrican un recuerdo para toda la vida. Para los más desfavorecidos, gente como Ainhoa o Leire son los 'médicos de los ojos', una especie de prestidigitadores que hacen magia, cuyas gafas (donostiarras) aportan luz a unos ojos tristes y deprimidos. Para Ainhoa y Leire, en cambio, es una experiencia profunda, que les marca para siempre: «Haces una familia, son muchas horas juntos, son gente muy cariñosa y todas volvemos con sensaciones muy intensas».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos