Condenan a 12 años y seis meses de cárcel al camionero 'kamikaze' de Villabona

El camión se salió de la calzada y quedó volcado en la cuneta tras el accidente./UNANUE
El camión se salió de la calzada y quedó volcado en la cuneta tras el accidente. / UNANUE

El conductor circuló nueve kilómetros por la N-1 en dirección contraria en estado de embriaguez y provocó la muerte de la errenteriarra Beatriz Hernández en 2015

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

La Audiencia de Gipuzkoa ha condenado este viernes a 12 años y 6 meses de prisión al conductor del camión que hace tres años causó la muerte de la errenteriarra Beatriz Hernández Rivas. El acusado circuló nueve kilómetros por la N-1 en dirección contraria en estado de embriaguez. El tribunal de la Sección Primera le declara autor de un delito contra la seguridad vial en relación concursal con otro de homicidio. Es la primera vez que en Euskadi un conductor implicado en un siniestro de tráfico mortal es condenado por homicidio doloso. La sentencia puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo.

Los hechos tuvieron lugar el 3 de agosto de 2015. Faltaban quince minutos para las once de la noche. A Beatriz Hernández Rivas apenas le restaba kilómetro y medio para llegar a su trabajo, en la empresa Angulas Aguinaga de Irura. Había partido del barrio errenteriarra de Olibet, donde residía, y llevaba poco más de media hora al volante de su Citroën C-3. Beatriz debía incorporarse al turno de la noche. Ello le obligaba a estar a las once y media en su puesto. Pero un conductor en estado de embriaguez se interpuso en su camino y segó su vida.

Aquella tarde, el acusado, Carlos Manuel. M.M., de 54 años y nacionalidad portuguesa, realizaba un transporte desde Alemania a su país de origen al volante de un tráiler Iveco. Sobre las seis y media de la tarde, el conductor accedió a la estación de servicio existente entre Tolosa y Alegia, situada en sentido Madrid. Allí estacionó el vehículo y a continuación se dirigió a la cafetería, donde permaneció hasta las diez y media de la noche. Durante su permanencia en el área de servicio consumió «abundantes bebidas alcohólicas, tanto durante la cena como después de la misma», sostienen las acusaciones particular y fiscal.

Sin luces y en sentido contrario

A pesar de la ingesta, el acusado se puso nuevamente a los mandos del camión y, sin encender siquiera las luces, accedió a la circulación de la N-1, desde el parking de la gasolinera. El chófer, sin embargo, se incorporó en el sentido contrario y comenzó a circular hacia Donostia pero por los carriles del sentido Madrid, «con el consiguiente peligro grave e inminente para los demás usuarios de la vía», más aún teniendo en cuenta que a esa hora la circulación era fluida.

Pese a su influencia alcohólica, el conductor era consciente de que circulaba en dirección contraria y que con ello ponía en grave riesgo la vida de los demás usuarios. En este sentido, el letrado Iñaki Sánchez, que representa a la familia de la víctima, recordó que nada más acceder a la autovía se cruzó con un vehículo que tuvo que sortearle. Además, precisó que otros automovilistas le avisaron de su conducción antirreglamentaria a lo largo de los 9 kilómetros y 400 metros que recorrió. Lo hicieron tanto mediante señales acústicas como luminosas, a las que el acusado hizo caso omiso, y precisa que se limitó a lanzar ráfagas continuas con las luces largas, pero sin que en ningún momento efectuase maniobras evasivas, intentara apartarse del arcén o, al menos, redujese su velocidad.

Lejos de ello, continuó recto, a una velocidad media de 85 kilómetros por hora y que incluso, en algunos momentos, llegó a alcanzar los 100 . Y ello a pesar de que la velocidad está limitada en la zona a 80.

Choque mortal

Cuando el camión llegó al kilómetro 441,4, ya en Villabona, en un tramo de curva hacia la derecha y cambio de rasante, un vehículo BMW que circulaba correctamente en sentido a Vitoria logró esquivarlo. Quien, sin embargo, no pudo hacerlo fue Beatriz Hernández. Su coche se encontró de frente con el tráiler, contra el que colisionó de manera violenta. El impacto y el posterior incendió del vehículo causaron el fallecimiento de la errenteriarra.

En el momento de los hechos, el ‘kamikaze’ dio una tasa de 2,3 gramos de alcohol por litro de sangre, que equivale a 1,15 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, con lo que prácticamente multiplicaba por ocho el límite sancionable desde el punto de vista administrativo. Su estado, según sostienen las acusaciones, le impidió incluso accionar el sistema de frenado y tampoco pudo efectuar una maniobra evasiva

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