¿Por qué declaró el jurado culpable de asesinato al padre de Julen?

Magistrado, fiscal y letrados, antes del inicio de la lectura del veredicto.
Magistrado, fiscal y letrados, antes del inicio de la lectura del veredicto. / LOBO ALTUNA

El objeto del veredicto, el cuestionario que el magistrado entregó al tribunal, contiene las explicaciones en las que se basa la decisión

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

El jurado no creyó la versión que Luis Serrano ofreció sobre la manera en la que su hijo falleció. Ninguno de ellos lo hizo. Los nueve miembros del tribunal popular concluyeron que el acusado acabó con la vida de Julen de una cuchillada en el corazón. Y que lo hizo como un acto de venganza hacia su exmujer Itziar Loinaz, por el deseo de ésta de poner fin a la relación matrimonial. Fue un ataque repentino que sorprendió al menor. Julen no tuvo oportunidad alguna de defensa. Su muerte, por lo tanto, fue un asesinato. Pero ¿cuáles son los razonamientos en los que se sustenta esta decisión? Los jurados confiaron en los peritos.

El objeto del veredicto, el cuestionario que el magistrado entregó al tribunal y que en definitiva determinó el grado de culpabilidad del imputado, contiene las explicaciones en las que basan su decisión.

El jurado utiliza la pericial de los informes de los tres médicos forenses y de los peritos de la acusación Francisco Etxeberria y José Cabrera para concluir que el ataque fue obra de Luis Serrano y que, por lo tanto, no fue un accidente ni tampoco una muerte suicida. Los jurados sostienen que todos médicos consideraron «compatible» el ataque frontal e inesperado realizado por una persona de confianza con la «morfología de la herida».

El tribunal descarta el suicidio porque no existían heridas de tanteo y tenía planes de futuro

Etxeberria fue durante la vista oral el más contundente de los peritos en este sentido. Calificó de «inverosímil» que Julen se hubiese clavado el cuchillo cuando intentaba abrir el tapón de la hucha, tal como había sostenido la defensa durante el juicio. En este sentido, indicó que, dadas las características de dicho elemento, no se requería realizar un empuje del arma hacia adentro para abrirlo y que, lo primordial, era el movimiento de palanca que había que hacer hacia arriba.

Etxeberria no descartó de manera categórica que el arma pudiese haber resbalado, llegar hasta el pecho y producir una herida, pero expresó sus dudas de que pudiera penetrar tanto y más aún teniendo en cuenta que la mano habría chocado contra el mismo casco. «Me parece discutible y difícil, o poco probable», dijo entonces.

Veredicto

Etxeberria, por tanto, concluyó que «nada descarta» que se hubiese producido una muerte homicida siempre que el ataque se hubiese ejecutado de frente, como si de una estocada se tratase, «lo que puede desencadenar una herida como la que presentaba el cadáver».

Los médicos forenses también valoraron la posibilidad de que el ataque se hubiese producido de frente, a modo de estocada, si bien estimaron que la posición era anatómicamente más incómoda.

Las huchas

Las huchas en forma de casco han acaparado a lo largo del juicio horas y horas de debate. Pertenecían a los hijos del matrimonio, una de ellas a Julen. Se convirtieron en elemento de capital importancia cuando la defensa de Luis Serrano introdujo como hipótesis que el hijo se clavó el cuchillo en el pecho cuando intentaba abrir una de ellas. Las huchas, dos concretamente, habían sido aportadas por la familia materna del menor asesinado cuando la magistrada instructora del caso permitió el acceso al piso, una vez se levantó el secreto de las actuaciones. Hasta ese momento, nadie reparó en ellas, pues no aparecían en ninguna de las fotografías que la Policía Científica de la Ertzaintza y los forenses realizaron en la escena del suceso.

Durante su informe, Francisco Etxeberria planteó lo que él mismo calificó de cuestión «fundamental». Dónde estaba la hucha en forma de casco que Julen trataba de abrir. Sostuvo que, en buena lógica, este elemento se le habría caído al menor de las manos tras clavarse el cuchillo y que, por lo tanto, debería estar en la habitación.

Pues bien, precisamente, la ausencia de cualquier vestigio de la hucha o de fragmentos de la misma en la habitación ha sido otros de los motivos que han llevado al jurado a fallar en contra de las tesis de la defensa. Porque las huchas, en realidad, estaban allí. Eso sí, dentro de un armario. La ampliación de una de las fotografías permitió ver el casco sobre una cajonera, dentro de un armario, cubierto por diversas prendas. La madre de Julen afirmó que siempre había estado en el mismo lugar y que el otro casco «estaría al lado».

Ausencia de ADN en el mango

Asimismo, el tribunal ha hecho suyas las consideraciones del perito de la acusación particular, según las cuales Julen no se habría causado una herida paralela al suelo cuando trataba de retirar el tapón, toda vez que la hucha tenía en su base una concavidad, que hubiera trazado una línea distinta, de manera que la trayectoria no habría resultado horizontal, sostiene el tribunal.

Los miembros del jurado han valorado como prueba incriminatoria el hecho de que no se detectara ADN de Julen en el mango del cuchillo y que, por el contrario, sí lo hubiera del padre. Esta circunstancia lleva al tribunal a rechazar que el menor hubiese empuñado del arma, de forma que la conclusión a la que llega es que la esgrimió el padre.

Fueron los agentes de la Unidad de Genética Forense de la Ertzaintza quienes analizaron el cuchillo. Los expertos examinaron muestras que habían sido frotadas sobre la hoja y la superficie del mango. El resultado fue que había sangre del acusado, pero no de su hijo. Los miembros de la misma unidad también analizaron la parte interior de la empuñadura, después de que las cachas fueran desmontadas. Al igual que en el caso anterior, al laboratorio policial llegó un bastoncillo. Ante el color que presentaba efectuaron una prueba preliminar para determinar si era sangre. El resultado dio negativo. Sin embargo, se pudo extraer un perfil genético que se correspondía con el de Julen. La ausencia de restos de sangre de la víctima en el arma no dejó de ser sorprendente, ya que nadie dudaba de que fuese el arma que le produjo la muerte.

El tribunal popular asimismo ha rechazado la hipótesis del suicidio por diferentes motivos. Argumenta que no existen heridas de «tanteo» y destaca que Julen tenía planes para los días siguientes con los que estaba ilusionado. En este sentido recuerda que el último dato existente en la aplicación de la red social que empleaba fue utilizado esa misma mañana para felicitar a un amigo. De igual forma, entienden que siendo Julen zurdo complicaba ergonómicamente que se hubiese causado aquella herida.

Además, el jurado reproduce íntegramente en la cuestión número 3 del objeto los hechos probados de la sentencia en la que Luis Serrano fue condenado por coacciones, después de que se autolesionara. Se trata de un antecedente que reafirma a juicio del tribunal que la proposición de divorcio produjo en el acusado gran desazón, lo que le llevó a atentar contra Julen como un acto de venganza hacia su exmujer.

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