«El perfil del soplón es variado, desde empresas a colegas de partido político»

Juan C. Ortiz Pradillo. / S. SANTOS

Juan C. Ortiz Pradillo es profesor de Derecho Procesal

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

«Delator, chivato, sapo o judas son sinónimos peyorativos de soplón. Sin embargo, la delación es algo propio de la condición humana desde que el mundo es mundo», según afirma Juan Carlos Ortiz Pradillo, profesor de Derecho Procesal de la Universidad de Castilla La Mancha, que ayer habló sobre este tema en un curso de verano que llevaba por título 'Del soplón al colaborador eficaz'.

-¿Cuál es el perfil del delator?

-Es muy variado. Puede ser una empresa que decide anónimamente comunicar a las autoridades que su competencia está llevando a cabo conductas prohibidas. También el empresario que se ve obligado a pagar sobornos para conseguir contratas y un día se planta y decide 'tirar de la manta'. O el compañero de partido que, viendo cómo se le ninguna, decide filtrar a la prensa las conductas poco éticas de sus compañeros.

«Las autoridades promueven que haya chivatos ofreciéndoles distintos incentivos»

«Las filtraciones no persiguen el beneficio personal del delator sino un interés general»

-¿Así que un soplón no es solo el estereotipo que presentan las películas?

-También existen, lo que ocurre es que esos soplones pueden tener una información interesante pero no es la mayor porque suelen estar en los estratos más alejados del poder de dirección. Si pensamos en una empresa el soplón sería uno de los peones, mientras que quien más información tiene suele ser el que está en la cúspide.

-¿Cómo se convierte uno en un soplón?

-En ocasiones son las propias autoridades las que lo promueven mediante incentivos o con técnicas de captación. Tratan de rodearse de un grupo de informantes. Pero también pueden ser exparejas que, bien por una rencilla o un desamor, hablan con las autoridades y les cuentan aquello que vieron durante el tiempo que fueron la pareja del criminal. Y cada vez hay más casos de empresarios o trabajadores honestos que perciben cómo su empresa está llevando a cabo conductas delictivas y deciden acudir a las autoridades y aportar esa información que han conocido.

-¿Y qué ganan los confidentes?

-En ocasiones un trato favorable de la Justicia. Y a los soplones tradicionales les pueden ayudar a gestionar la documentación para su residencia legal en un país, por ejemplo. O si tiene algún familiar preso en una cárcel alejada se le puede gestionar el traslado de ese familiar a una prisión más cercana. Pero también existe el incentivo moral, que la Justicia reconozca que uno no participó en unos hechos delictivos lava la imagen porque se puede aducir que se había sido una víctima por desconocimiento.

-¿Desde cuándo se utilizan incentivos para promover que la gente hable?

-Desde que el mundo es mundo. Yo suelo recurrir al caso de Judas para ilustrar cómo se incentivó la traición a través de treinta monedas de plata. Todos los ordenamientos jurídicos, incluido el español, han previsto algún tipo de recompensa. Bien de carácter económico o por ejemplo hoy en día es muy habitual la llamada clemencia. Es decir, a la primera empresa que acude a las autoridades a reconocer que forma parte de un cártel prohibido se le perdona la sanción.

-¿Es posible denunciar anónimamente?

-En realidad no. Nuestra ley exige identificar a la persona que hace una denuncia. Lo que se admite es la posibilidad de que, no reuniendo una denuncia los datos del denunciante, el receptor (ya sea la policía o un juez) puedan llevar a cabo una indagación preliminar para corroborar la seriedad de esos datos. Y si entienden que hay indicios, continuar con la investigación criminal. Sin embargo, hay que decir que en la agenda política ya se está debatiendo cómo regular y fomentar las autodenuncias y proteger al que denuncia.

-¿Pero en la práctica hay mecanismos para delatar anónimamente?

-Sí, lo vemos a diario con los llamados 'leaks' (fugas). La más conocida quizá sea Wikileaks. Demuestran que cada vez es más frecuente que por distintos motivos la gente decida de manera anónima dar a conocer ciertos datos. En su día se llevaba mucho acudir a los medios de comunicación, pero ahora se difunden o filtran todo tipo de noticias a través de internet.

-¿Un soplón puede contribuir al interés público?

-Desde luego que sí. En filtraciones como los Papeles de Panamá la información acredita un grave perjuicio que sufre la sociedad en su conjunto. Es una información vital para la recuperación del patrimonio público. Por tanto, cuando se aporta información sobre bienes ocultos en el extranjero se está contribuyendo a recuperar ese daño patrimonial que está sufriendo el Estado. Las filtraciones no persiguen el beneficio personal del delator sino un interés general.

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