José Manuel Porres: «Parece un riesgo potencial pero un marcapasos no se puede hackear»

José Manuel Porres, en un descanso entre las ponencias del curso que se celebra en Donostia./MIKEL FRAILE
José Manuel Porres, en un descanso entre las ponencias del curso que se celebra en Donostia. / MIKEL FRAILE
José Manuel Porres, intensivista

Desde hace dos décadas organiza junto al doctor Francisco García Urra un curso sobre distintos aparatos tecnológicos para prevenir las arritmias

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

En Gipuzkoa, alrededor de 3.000 personas viven con un marcapasos implantando en su cuerpo. Desde hace veintiún años, los doctores del Hospital Donostia José Manuel Porres, jefe de Sección del Servicio de Medicina Intensiva y Francisco García Urra, jefe del Servicio de Medicina Intensiva, organizan un curso sobre 'Marcapasos y tratamiento eléctrico de las arritmias, que reúne a médicos de todo el país.

-¿En estos veintiún años la evolución de los marcapasos habrá sido enorme?

«Se ha comprobado que el móvil no produce ninguna interferencia, tampoco el microondas»

«Al año implantamos 140 desfibriladores en personas con riesgo de arritmia mortal en Gipuzkoa»

-Como con todo lo tecnológico el cambio ha sido impresionante. Duran el doble -casi ocho años y en algunos casos hasta quince-, tienen la mitad de tamaño y cuentan con el doble de cosas, algoritmos y funciones. Pero sobre todo lo que ha variado es el paciente.

-¿En qué sentido?

-Un marcapasos es una necesidad ligada a la edad. Cada vez vivimos más, pero mucho de ese tiempo ganado hay personas que están enfermas y eso hace que cada vez haya más gente candidata a necesitar un marcapasos. Por eso, desde el punto de vista tecnológico ha avanzado como todo, pero desde el punto de vista sanitario su evolución se refleja en que hay muchos más pacientes. En estos momentos estamos colocando más de cuatrocientos al año.

-¿Puede ser también porque cada vez la gente está más concienciada con los temas del corazón y acude antes al médico?

-Es posible y además los métodos de diagnóstico han mejorado muchísimo. Pero el receptor mayoritario es una persona con más de 74 años, por degeneración del organismo. La edad media de la población en Euskadi en estas últimas dos décadas ha aumentado en unos ocho años y todos son susceptibles de tener que recibir un marcapasos. En el curso también hablamos del tratamiento eléctrico de las arritmias y en eso sí que la tecnología se ha desarrollado mucho. Es un tratamiento curativo. El marcapasos, en el fondo, es como un bastón, que cuando cojeas utilizas uno y andas bien, pero hay arritmias en gente joven que son curables al cien por cien con este tratamiento eléctrico. Cada vez tratamos a más gente con más éxito. Es algo excelente que a un paciente, que ha tenido muchas taquicardias o muchas palpitaciones, le apliques un procedimiento y se cure para siempre.

-¿También sirve para prevenir otras patologías más graves?

-Sí, pero en este caso hablaríamos más de otro de los temas que tratamos en el curso, los desfibriladores implantables. Se pone a gente que tiene riesgo potencial de hacer una arritmia mortal en su casa y si no hay nadie que le rescate seguro que se muere. En Gipuzkoa se implantan 140 dispositivos al año. Son 140 pacientes que en teoría, y digo en teoría porque a todos no les va a pasar, tienen un riesgo cierto de, un día en su casa, hacer una muerte súbita y si tienen ese aparato implantado cuentan con el cien por cien de posibilidades de supervivencia. Así que, respondiendo a la pregunta, sí se pueden prevenir patologías más serias, tan serias y definitivas como la muerte.

-Puede explicar lo más sencillo posible cómo funciona un marcapasos.

-Es muy simple. Cuenta con un reloj que dispara un estímulo cada segundo, de forma que manda sesenta por minuto. Pero tiene un sistema que oye al corazón y responde a las distintas situaciones. Incluso podemos programar que por la noche vaya más lento que durante el día, por ejemplo a 50. En cosas de este tipo es donde se ha evolucionado mucho.

-¿Se puede llevar una vida normal con un marcapasos implantado?

-Por supuesto. Actualmente son de tamaño muy pequeño, muy bien protegidos para evitar interferencias externas, prácticamente no tienen problemas. Hasta hace poco se colocaba a través de una incisión una pila bajo la piel con unos electrodos que llegaban al corazón. Desde hace dos años estamos colocando unos muy pequeños (marca con los dedos una medida algo menor que una moneda de dos euros), se les implanta directamente en el órgano. Se ha miniaturizado la pila y se clava en el corazón directamente con un catéter desde la ingle.

-¿Las personas que llevan un artilugio tan pequeño en el cuerpo y del que depende su vida tienen miedo de que se les acabe la pila o falle?

-Sí, sobre todo al principio. A algunos pacientes hay que explicarles las cosas con mucha tranquilidad, pero en general creo que les transmitimos la suficiente seguridad y la sensación de que funciona. Además, aquí tenemos prácticamente a todos los pacientes telemonitorizados. Tienen en su casa un aparato que nos manda a diario toda la información. Eso da mucha seguridad al portador del marcapasos y también al médico, porque sabes que el dispositivo está funcionando bien. A mí, este control remoto me parece una maravilla. El único inconveniente es que recibes demasiada información que hay que cribar y juzgar.

-¿Y no hay riesgo de que se produzca un hackeo?

-Puede parecer un riesgo potencial, aunque la realidad es que el control remoto es solo en una dirección. Yo, como médico, desde mi ordenador no puedo controlar el marcapasos del paciente, ni mandarle ninguna información. Lo único que hago es recibir la información, no puedo cambiar la programación.

-Así que a diferencia de algún guión de película, no se puede chantajear a una empresa fabricante de los marcapasos de manipularlos si no se recibe una cantidad de dinero.

-En teoría no ha pasado y no parece fácil que pase.

-Antes hablaba de interferencias. ¿Es cierto que hay que colocarse el móvil en el oído contrario de donde se tiene instalado el marcapasos?

-Se ha comprobado que el móvil no influye para nada. Hay multitud de cosas como una manta eléctrica o los sillones reclinables con motor sobre los que también se suele decir que se manejen con cuidado, pero tampoco causan interferencias. Los únicos que dan problemas son los imanes. A los pacientes les decimos que no estén cerca de las cocinas de inducción, pero ni la vitrocerámica, ni los microondas provocan alteraciones. Los pacientes suelen tener miedo a pasar por el arco de seguridad de los aeropuertos y el riesgo es prácticamente inexistente. Lo que ocurre es que pita y para eso les damos un carné. Si el vigilante se pone estricto y le obliga a pasar, no hay ningún problema.

-¿Cuando nos enamoramos y se nos acelera el corazón, el marcapasos lo nota?

-Sí, no tanto por el amor, sino porque responde a situaciones físicas, y lo hace subiendo las frecuencias. Responde al movimiento, por ejemplo si corremos, y a la respiración más rápida. Tiene sensores de actividad.

-Entonces, si nos rompen el corazón, el marcapasos no nos ayudará.

-Ahí creo que no tiene ninguna utilidad.

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