«Cada jornada playera se pierden cinco niños en La Concha»

Un socorrista coloca una pulsera identificativa a una niña en la playa de La Concha. / ARIZMENDI
Un socorrista coloca una pulsera identificativa a una niña en la playa de La Concha. / ARIZMENDI

Este verano, 134 menores se han extraviado en playas de Gipuzkoa. Cruz Roja, encargada de la vigilancia, recomienda a los padres que identifiquen a sus hijos con pulseras con nombre y un teléfono

OLAIA OYARZUN SAN SEBASTIÁN.

Saltar sobre las olas, zambullirse en el agua, construir castillos de arena o enterrarse bajo ella es el entretenimiento por excelencia de los más pequeños en cualquier playa. En la donostiarra de La Concha, miles de familias disfrutan cada verano de jornadas playeras con sus hijos. Pero la gran afluencia de bañistas hace que, a veces, el día se tuerza. Y es que, en el arranque de este verano, la Concha fue la playa de Gipuzkoa en la que más niños se despistaron y se perdieron. La Cruz Roja, encargada de recogerlos en sus dependencias, ha contabilizado 65 casos, de un total de 134 en Gipuzkoa. Una situación que para los 'peques' se traduce en angustia, soledad y llantos, muchos llantos. Y para sus padres en nerviosismo.

«Este verano se han perdido treinta y cuatro niños más que el verano pasado», constata Eli Zuñiga, la responsable de la Cruz Roja de la playa de La Concha. Ella y su equipo se encargan de auxiliar a los más pequeños bien cuando no encuentran a sus padres, bien cuando son estos los que les han perdido de vista y buscan a sus hijos, con la ayuda en muchas ocasiones de muchos bañistas que se suman al 'operativo'.

«Siempre que un niño se extravía recogemos sus datos personales, detallamos su aspecto físico y el bañador que lleva», describe Zuñiga desde la torreta. Además, destaca la rapidez con la que informan desde el 'walkie-talkie' a sus compañeros, que están dispersados a lo largo y ancho de la playa. Todo para que «el reencuentro entre padres e hijos sea lo más rápido posible».

El buen tiempo es sinónimo de playa, y de despistes. Zuñiga indica que con una media de cinco niños perdidos por día soleado, los días de más calor, «hemos llegado a tener hasta ocho», cuenta. El gran número de bañistas y paseantes que recorren esos días el arenal de punta a punta es la razón de esas pérdidas, que a veces se deben a la desorientación de los 'peques', pero en mayor medida, «son los padres los que pierden de vista un momento a sus hijos, y en un segundo ya no están», explica la socorrista.

La responsable de La Concha cuenta que los niños se suelen asustarse mucho, aunque, «algunos, sorprendentemente, están muy tranquilos». No obstante, «intentamos que todos mantengan la calma, jugando con ellos para que se distraigan». Y en cuestión de juegos, el 'pez globo' es el que más triunfa. «Nada más hinchar un guante, los niños se olvidan de lo que pasa», dice Zuñiga entre risas. Cuando son algo más mayores, «les damos palique con el mismo fin».

Diez o quince minutos después de esperar bajo la torreta, «los trasladamos a las cabinas colectivas y transmitimos el aviso por megafonía». Si fuera necesario, lo anuncian más de una vez, «como ha pasado en algunas ocasiones», lamenta. E incluso activan la emergencia en el 112 de Sos Deiak. La socorrista aclara que se trata de casos aislados, porque la mayoría de padres acude rápidamente. Y hasta, en ocasiones, hay alguna: «Más de una madre ha venido corriendo pensando que su hijo se había perdido y, en realidad, lo tenía a 10 metros».

El juego del 'pez globo' es el que más éxito tiene para tranquilizar a los niños extraviados

En estas ocasiones, y en muchas otras, la ansiedad y los nervios no son buenos consejeros. Y existe una manera sencilla de prevenir sustos: las pulseras identificativas. «Los padres deberían hacer más uso de ellas», recomienda Zuñiga. «La gran mayoría de niños que se pierden de sus padres no la llevan».

Localización

A pesar de que la Cruz Roja lleva diez años repartiendo las pulseras identificativas a los más pequeños, con su nombre y el número de teléfono de sus padres, Zuñiga incide en la necesidad de que se utilicen aún más. «Simplifica mucho el trabajo de búsqueda, una llamada basta para localizar a su familia». Además, con los años han ido evolucionando. Cuando comenzaron a repartirlas -de forma gratuita en las torretas de vigilancia- eran de papel, ahora son de plástico, «lo cual permite que los peques se bañen y jueguen con ella en la arena», recuerda

Los padres tienen alguna otra «asignatura pendiente». «Muchas veces nos avisan de que su hijo se ha perdido cuando ya han pasado treinta minutos o más», reprocha. Zuñiga recomienda que los avisos «sean lo antes posible» para que los socorristas puedan efectuar la búsqueda desde el principio. Y relata uno de los últimos casos angustiosos que vivieron y que, con una pulsera, se habría resuelto enseguida. «Estuvimos buscando más de hora y media a su hijo. Tuvo que intervenir hasta la Guardia Municipal. Un auténtico susto».

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