De ser una «isla» a estar integrados en el sistema

Hasta que la competencia de la atención sanitaria en las cárceles vascas se transfirió a Euskadi en 2011, el servicio funcionaba como una «isla», desconectado de la organización de Osakide-tza. No había un sistema informático único, lo que impedía un acceso rápido a pruebas o al propio historial médico del condenado anterior a su ingreso en la cárcel. «Primaba la seguridad». Arantza Bengoa recuerda los problemas, ahora superados. «Venía un paciente y pedía metadona, pero nosotros no podíamos dársela hasta que nos llegaba el fax del médico que lo corroboraba. Imagínate si era fin de semana». Hoy existe una sola historia clínica y hasta se utiliza la telemedicina que permite realizar consultas a especialistas sin necesidad de salir de la cárcel siempre que no sea necesario. «Para muchos de los condenados, el primer contacto que tienen con la sanidad es en la cárcel». De ahí el empeño de los profesionales sanitarios en promover la prevención y la rehabilitación, pese a las duras condiciones de reclusión que juegan en contra.

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