«Estaba integradísima en el pueblo y su mayor afición era estar con sus hijas»

Agentes de la Guardia Civil, la alcaldesa de Arroyo de la Luz y el subdelegado del Gobierno en Cáceres durante el levantamiento del cadáver. / ARMANDO MÉNDEZ

Sofía Tato, natural de Villabona, muere en Cáceres supuestamente apuñalada por su marido. Vivía desde hace 15 años en Extremadura con sus dos hijas y su pareja, encofrador y aficionado a la caza, que está detenido

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Sofía Tato nació en Villabona hace 42 años y era hija de un matrimonio de inmigrantes extremeños que vinieron a Gipuzkoa, como tantos otros, en la década de los 60. Un matrimonio que nunca olvidó sus raíces y que cada verano pasaba unos días de descanso en el pueblo que les vio nacer, Arroyo de la Luz, en la provincia de Cáceres. Los padres de Sofía imbuyeron a su hija el amor por su pueblo extremeño y ella les acompañaba cada verano en sus vacaciones.

Uno de aquellos estíos, entre baños en la piscina, atardeceres eternos y noches cálidas, Sofía conoció a un chico del pueblo del que se enamoró. Al verano siguiente volvieron a coincidir en Arroyo de la Luz, y esa relación que había comenzado como un mero amor veraniego, acabó por convertirse en matrimonio unos años después. Desde entonces, casualidades de la vida, Sofía se instaló en el mismo pueblo del que procedían sus progenitores y su nuevo marido, Santiago Cámara, con quien tuvo dos hijas y con quien convivió allí los últimos 14 años. Hasta ayer, otro día de verano en Arroyo de la Luz, en el que esta vez su marido no le robó el corazón, sino, supuestamente, la vida a navajazos.

Se da la circunstancia, además, de que Sofía no es la primera guipuzcoana que se había trasladado por amor fuera del territorio y que encuentra la muerte este mismo año a manos de su pareja por violencia de género. El pasado mes de mayo, una eibarresa y su hijo de 12 años fueron asesinados por la pareja de ella en Alcobendas, donde Rakel López Airas residía. Su cuerpo y el de su hijo, fruto de una relación anterior, fueron hallados con varias heridas por arma blanca. Algo similar a lo le que ocurrió ayer a Sofía Tato en Extremadura, aunque en este caso, sus dos hijas de 11 y 8 años no sufrieron daño físico.

Sofía Tato, que tenía 42 años y seguía íntimamente ligada a Gipuzkoa, murió a primera hora de ayer por las heridas causadas con arma blanca presuntamente por su marido, también de 42 años, y que fue detenido y posteriormente operado de urgencia en un hospital de Cáceres. El hombre, encofrador de profesión y aficionado a la caza, presentaba varios cortes en cara, cuello, brazos y piernas. Además, de una herida de 3 centímetros en la región torácica, aunque está estable y «sin riesgo vital», según el último parte médico facilitado.

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«La investigación sigue abierta y se desconocen si esas heridas se produjeron fruto de un forcejeo con la víctima», comentó a este periódico el subdelegado del Gobierno en Cáceres, José Carlos Bote, que estuvo presente durante el levantamiento del cadáver junto a la alcaldesa de Arroyo de la Luz, Isabel Molano.

La alcaldesa de este municipio de unos 7.000 habitantes situado a escasos 20 kilómetros de Cáceres vivió ayer un día especialmente «complicado», según ella misma reconocía por teléfono, aún conmocionada. Si siempre es «lamentable» vivir un caso de violencia de género, en este caso aún más «por mi cercanía con la víctima». No en vano, al igual que Sofía, la alcaldesa arroyana también es guipuzcoana y apenas dos años mayor que su paisana asesinada. Molano nació en San Sebastián y vivió durante años en Lasarte-Oria, antes de decidir establecerse en el pueblo de sus padres, como hizo Sofía. «Conozco tanto a la víctima, como al supuesto agresor y a sus familias. Ha sido una sorpresa porque no teníamos constancia de malos tratos, ni denuncias, ni la más mínima sospecha de que pudiera pasar esto», reconocía la alcaldesa.

«Sofía era una mujer alegre y estaba integradísima en el pueblo. Le podías ver haciendo compras, en la piscina, o llevando a sus hijas al cole. En definitiva, una mujer normal». Y en esa línea se expresaban ayer varios vecinos de la localidad cacereña. La camarera del bar donde Sofía iba a comprar habitualmente tabaco la califica como «muy resuelta, alegre, echada para adelante y, sobre todo, muy libre». Esa misma camarera relata que la última vez que vio a Sofía fue la noche anterior a su muerte. «Paso una cosa curiosa». Sofía se puso a hablar con una pareja que acababa de tener un hijo que, al parecer tenía cierto parecido con su padre. «¡Qué pena que los hijos se parezcan a los padres!», debió decir Sofía enigmática. Unas horas después, sobre las siete de la mañana, y tras una discusión en el domicilio familiar según comentaron algunos vecinos, su marido supuestamente le asestó varias puñaladas que acabaron con la vida de Sofía.

La noticia causó la natural conmoción en este municipio cacereño y el Ayuntamiento acordó en pleno dos días de luto oficial y la suspensión de los actos programados para hoy con motivo de la Fiesta de la Tenca, cuyo acto central se celebrará mañana y que de momento no ha sido suspendido. Asimismo, se ha convocado una concentración y un minuto de silencio para hoy a las puertas del consistorio y también está previsto otro acto de recuerdo el próximo sábado por la noche.

Las hijas, con los abuelos

El matrimonio llevaba catorce años casado y tenían dos hijas de 8 y 11 años que fueron rápidamente atendidas por un equipo multidisciplinar, entre los que se encontraban psicólogos del Instituto de la Mujer. «De momento, las pequeñas están con los abuelos paternos», apuntó la alcaldesa de Arroyo de la Luz. «Ellos están igual de sorprendidos con lo ocurrido que el resto del pueblo, pero han afrontado las cosas con entereza y, por lo que me ha dicho la abuela paterna, lo que le importa ahora es cuidar a sus nietecitas», afirmó Isabel Molano.

Las cifras

36 víctimas
de violencia de género se han registrado en el Estado en lo que va de año. Hay tres más en investigación.
016.
Teléfono al que hay que llamar en caso de ser víctima de maltrato, o si conoces a alguien cercano que lo sea.

Los otros abuelos, los padres de la víctima, partieron de Villabona hacia Extremadura a media tarde de ayer, en compañía del hermano de Sofía, por lo que llegarían a la localidad cacereña ya con noche cerrada y con el pueblo sumido en el silencio.

Aunque, en palabras de su alcaldesa, el municipio permaneció «en silencio» durante todo el día ante lo ocurrido «en una familia conocida por todos». Especialmente porque «nadie esperaba este hecho que no tiene comprensión». Sea como fuere, con el supuesto asesinato de la guipuzcoana afincada en Cáceres son ya 36 los casos de víctimas de violencia de género en lo que va de año en el Estado.

Además, hay otros tres casos en investigación. Unas cifras dramáticas que, a la par, llevan asociadas otro horror. Y es que, 18 menores han quedado huérfanos en los ocho meses que llevamos de 2017 debido al asesinato de sus madres, ya que las dos pequeñas de Sofía Tato engrosaron ayer una lista negra que iba ya por 16 niños.

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