Gutiérrez: «Si un bote de refugiados no se cruza en el mar con una ONG, están muertos»

Iñigo Gutiérrez, durante el rescate en el Mediterraneo Central de un bote de goma con un grupo de personas subsaharianas a bordo.
Iñigo Gutiérrez, Salvamento Marítimo Humanitario

Iñigo Gutiérrez regresó ayer de la primera misión del barco guipuzcoano que rescató a 315 personas en la costa libia

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

La tripulación de la primera misión del proyecto Maydayterraneo regresó ayer a Gipuzkoa con la satisfacción de haber evitado que 315 personas perdieran la vida en el Mediterráneo Central, donde desde hace unos meses, las ONGs que allí operan reciben las amenazas de los guardacostas libios para que cesen en su actividad. El donostiarra Iñigo Gutiérrez, uno de los fundadores de la ONG Salvamento Marítimo y que ha formado parte de la primera misión, no tiene duda: «No vamos a dejarles solos».

- ¿Qué sensación le queda tras regresar a casa?

- Que hemos hecho el trabajo que nos habíamos propuesto y hemos tenido la suerte de poder hacerlo bien pese a las circunstancias. Pero tenemos la espinita clavada por haber tardado más de la cuenta en iniciar la misión por problemas administrativos, lo que hubiera permitido rescatar a más personas. No obstante, siempre regresas a casa muy preocupado por cómo está aquello. Cuando te ves en medio del mar, con lo inmenso que es, te das cuenta de que allí no hay nadie más y que esta gente o se cruza con el barco de una ONG o están muertos. Así de duro, pero no hay otra alternativa.

- ¿Cuántos barcos de ONGs hay operando en la zona actualmente?

- Cuando volvimos a tierra para hacer el cambio de tripulación, solo quedaba uno. El oleaje, con olas de hasta cinco metros, unido a que ha coincidido que los barcos de las ONGs, como todo, de tanto usarlos se estropean, supuso que dos tuvieran que ser reparados, además del nuestro, que al volver a puerto empezamos con un problema con el aceite y eso va a retrasar el arranque de la segunda misión dos días más.

- ¿El acoso de los guardacostas libios está consiguiendo amedrentar a las ONGs?

- Sí se nota. Con el acuerdo al que llegaron Europa y Libia de evitar que procedamos a los rescates entre las 12 y las 24 millas de la costa, y el acoso de los guardacostas a las propias ONGs, ha supuesto que algunas que había se hayan ido. Así, de ocho barcos que había han pasado a ser cinco. Y si tres están averiados y otro haciendo cambio de tripulación, solo hay uno operativo y la zona se queda completamente desamparada.

- Ya intentaron también intimidar al Lifeline con un abordaje al que le precedió un disparo al aire el pasado día 26.

- En ese momento yo me encontraba en la lancha de rescate, asistiendo a un bote de goma con doscientas personas a bordo. Pero fueron momentos muy tensos para la tripulación y para los más de cien árabes que habíamos rescatado esa misma mañana y que estaban a bordo. Una mujer señaló a un compañero que si tenía que volver a Libia se suicidaba allí mismo. Cuando sonó el disparo nadie sabía cómo podía terminar aquello, abordaron el barco y exigían la entrega de las personas rescatadas. Pero el primer oficial, el jefe de misión y el capitán tuvieron una templanza absoluta en plantarles cara sin provocar que aquello fuera una tensión en aumento. Ahora bien, cuando optaron por marcharse, un miembro de sus tripulación advirtió con un gesto que la próxima vez 'ratatatata'.

- Y entre tanto, tratando de mantener la calma ante una situación que iba a peor.

- Las dos horas que duró el rescate de los doscientos subsaharianos se hicieron eternas, pero teníamos muy claro que lo último que íbamos a hacer es dejarlos allí abandonados. Llamaba insistentemente al Lifeline hasta que una de las veces el capitán me contestó de forma muy extraña y entendí que algo pasaba. Lo que estaba tratando de evitar era que los guardacostas tuvieran constancia de ese nuevo bote porque acudirían a interceptarlo. Pero se vivieron momentos muy críticos, estaban tan hacinados que no podíamos ni entregarles los chalecos salvavidas y además uno de los lados del bote se pinchó y empezó a perder aire. No he pasado más miedo en mi vida porque si cundía el pánico se irían todos al agua y siendo muy optimista solo hubiéramos sido capaces de salvar a quince y los 180 restantes se nos hubieran muerto en las narices. Por suerte, entre el carácter de algunos que estaban en el bote y que supieron transmitir calma y la calma aparente que nosotros transmitíamos, se consiguió mantener el equilibrio y evitar que fuera a mayores.

«Las miradas vacías y perdidas de las mujeres subsaharianas te dejaban helado»

«Los guardacostas libios intentaron intimidarnos pero no vamos a dejar solos a los desplazados»

- ¿Cómo reaccionaban las personas rescatadas?

- Las miradas perdidas, completamente vacías, sobre todo, de las mujeres subsaharianas te dejaban helado. Era espeluznante ver el estado psicológico que presentaban. A estas trescientas personas las trasladamos a un barco italiano que posteriormente les desplazaría hasta Sicilia, pero dicho barco al operar en aguas libias debe llevar la bandera del país africano. Nos las vimos y nos las deseamos para hacerles entender que no les iban a llevar a de regreso a Libia, un hombre se llegó a tirar al agua pensando que le obligarían a regresar. Tienen pánico a regresar.

- ¿Son conscientes del peligro al que se exponen cuando se lanzan con un bote de esas características al mar?

- La mayoría no es consciente. De noche, desde la costa de Libia se ven las luces de las plataformas petrolíferas y las mafias les engañan diciendo que esa luz que observan es Europa. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos son personas que nunca han visto el mar, así que no saben dónde se meten, no son conscientes de la distancia recorrida y mucho menos de las millas que les quedan por recorrer.

- Es decir, que la flotabilidad del bote de goma con 200 personas a bordo apenas hubiera aguantado unas horas más...

- No hubiera llegado a la noche y es algo que nos impresionó mucho a todos. Los dos botes de madera que interceptamos por la mañana, y que portaban unos 115 árabes, tenía cierta capacidad de navegación y margen de aguante. Pero las 200 personas del bote de goma estaban condenadas a morir. El problema es que muchas de las lanchas que zarpan no son capaces de alcanzar ni las veinte millas que es el límite que tenemos para poder actuar.

- No debe ser fácil mantenerse emocionalmente al margen.

- Sé que en unos días tendré mi momento de bajón, pero flaco favor les haces si te vienes abajo. Lo que tengo claro en todo momento es que no podemos dejarles solos. Entrar en el bucle del 'pobrecitos' no les va a ayudar. Hay que seguir peleando y centrarte en el objetivo.

- ¿Tiene previsto regresar en otra de las misiones?

- A menos que se necesite, en principio no porque ya están las tripulaciones cubiertas. Además, que para poder estar allí, también hace falta trabajar aquí.

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