Solo el 3% de los preceptores de la RGI logra trabajo por su limitada formación

Exterior de una oficina de Lanbide, desde donde se gestiona la Renta de Garantía de Ingresos.
Exterior de una oficina de Lanbide, desde donde se gestiona la Renta de Garantía de Ingresos. / BORJA AGUDO

El problema es que los beneficiarios de la ayuda tienen difícil encaje en el mercado: el 60% no tiene la ESO y la mayoría son desempleados de larga duración, expone la catedrática Sara de la Rica

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

En el eterno debate que persigue a las ayudas sociales, sobrevuela la sombra de que cobrar una prestación resulta una fórmula de ingresos más atractiva que la de trabajar. La catedrática de Economía de la UPV/EHU Sara de la Rica ha evaluado qué parte de razón tiene esa creencia entre los más críticos con el sistema de que la Renta de Garantía de Ingresos desincentiva el empleo. ¿Retrasa la RGI la salida al mercado laboral? La respuesta es no. «La RGI en el País Vasco no retrasa en sí misma la salida a un empleo», concluye en un estudio académico firmado junto con la investigadora Lucía Gorjón, en el que se aportan datos reveladores sobre el perfil de los perceptores de la prestación. Uno de ellos refleja que la tasa media de salida mensual a un empleo para una persona desempleada que no recibe la RGI es del 9%, mientras que la de un receptor de la RGI es solo del 3%, lo cual además no significa que salgan del sistema porque parte de esos contratos no les permiten superar el umbral de pobreza y siguen cobrando la ayuda como complemento a unos bajos ingresos.

No hay que precipitarse en la lectura del dato. La cuestión que dilucida la investigación es por qué los beneficiarios de la prestación conectan tan poco con el mercado laboral: si es por una posible falta de voluntad, como algunos les achacan, o porque realmente no tienen la opción de salir del sistema. Para dar con la respuesta, los investigadores han evaluado el perfil de las personas registradas en Lanbide durante doce meses consecutivos. Y la conclusión a la que llegan es que esas bajas tasas de empleabilidad se deben al perfil concreto del colectivo, especialmente complejo para encajar en las exigencias del mercado laboral. Por un lado, la gran mayoría de perceptores tiene un nivel educativo menor (el 60% de ellos no tiene la ESO) y, por otro, acumulan una duración en el desempleo «claramente superior» (más del 50% lleva más de dos años). La combinación perfecta para ser los últimos de los últimos en optar a un empleo.

«Los receptores de la RGI salen poco del sistema porque realmente tienen unas características que les dificultan esa empleabilidad», corrobora De la Rica. Para sostener la afirmación, la investigación ha comparado la probabilidad de un receptor de la RGI de salir hacia un empleo con la que tendría esa misma persona si no recibiera la prestación. El obstáculo añadido al estudio fue dar con un colectivo de esas características (baja formación y desempleo de larga duración) pero que no cobrase dicha ayuda, lo cual es improbable ya que la RGI es un derecho subjetivo, lo que les llevó a utilizar una técnica que permite crear un grupo 'ficticio' de control. Así, diseñaron un colectivo de personas también desempleadas, con sus mismas características, pero que no cobran la RGI. El resultado fue que las dificultades de acceso al mercado fueron las mismas. «La RGI en sí misma no retrasa la salida a un empleo», refleja el informe. O lo que es lo mismo, la brecha que existe se debe a la composición del colectivo.

El informe repasa la situación de la RGI, un marco necesario para interpretar de la forma más precisa el cometido que se persigue con la prestación social. Actualmente, la cifra de titulares de la ayuda en Euskadi roza las 63.000 personas, que cobran entre lo 625 euros para un hogar de un solo miembro hasta los 959, en el caso de un hogar con tres o más componentes.

Para cobrarla hay que llevar tres años empadronados en algún municipio de la comunidad autónoma y no tener segundas viviendas, entre otros requisitos. Tampoco se pueden rechazar empleos adecuados. Además, la ayuda es compatible con los ingresos de trabajo, siempre que no superen el umbral de pobreza. Además, su función es de «último recurso», esto es, para optar a ella es necesario haber agotado todas las prestaciones a las que los miembros del hogar tienen derecho.

Eficaz contra la pobreza

De ahí que la catedrática subraye que la RGI en sí misma es una política pasiva, «y como tal su objetivo no es el de facilitar la entrada al mercado laboral, sino disminuir los niveles de pobreza y exclusión social», función que cumple con eficacia, como han revelado los últimos datos de la Encuesta de Pobreza y Necesidades Sociales de Euskadi. Las ayudas sociales evitaron el año pasado que 71.500 residentes en Euskadi cayeran en la pobreza, y que otros 63.000 personas, que seguían siendo pobres pese a recibir la prestación, suavizaran el impacto.

LAS CLAVES

DOS COLECTIVOS DIFERENTES
El estudio demuestra que la baja tasa de inserción se debe a las características de los beneficiarios
GRUPO 'FICTICIO' DE CONTROL
Personas sin RGI pero con el mismo perfil tendrían las mismas dificultades de acceso laboral
CONCLUSIÓN
Los perceptores salen poco del sistema porque realmente tienen un perfil de difícil empleabilidad»

«La RGI está sirviendo para paliar la pobreza extrema -enfatiza-. Los niveles de cohesión social que tiene Euskadi están entre los más altos de España y entre otras razones, porque la RGI realmente está paliando esa pobreza extrema. Ese es el papel fundamental. Ahora bien, lo que no queremos es que la gente se cronifique. No lo queremos nosotros y tampoco lo quiere el Gobierno Vasco. Hay que tratar que la RGI tenga medidas que acompañen al pago de la ayuda para que los perceptores puedan emanciparse, como solemos decir».

Una de las pegas desde el punto de vista económico que se le pone a la RGI es que al ser un ingreso pasivo puede desincentivar el acceso al mercado laboral -y por tanto alimentar la bolsa de paro-, un mantra que la investigación echa por tierra. De la Rica recuerda que el sistema cuenta con factores «aceleradores» de activación laboral. Los perceptores están obligados a aceptar ofertas de empleo, ya que Lanbide puede retirar la ayuda en caso de que un titular rechace un trabajo. Y además, el sistema contempla los llamados estímulos al empleo, que permiten hacer compatible la RGI con un trabajo cuando estos ingresos no sean suficientes para salir de la pobreza. La cantidad percibida (superior a la que cobraría solo con la ayuda si no trabajase) será la diferencia hasta ese límite. Un 20% de los perceptores se corresponden con eses fenómeno de la pobreza laboral ligada a la precariedad de los contratos temporales o a tiempo parcial, que marca uno de los principales desafíos en el horizonte más próximo de la gestión de la ayuda social.

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