La incineradora aguarda la tecnología alemana

Gestión de residuos

Con la edificación avanzada, los primeros equipos llegarán a Zubieta a principios del próximo año. Técnicos del líder mundial Steinmüller Babcock supervisan una obraque prepara el terreno para incorporar componentes sofisticados

Complejo Medioambiental. Imagen aérea del estado de la obra captada esta semana, donde emergen ya estructuras por encima de la cota cero. /
Complejo Medioambiental. Imagen aérea del estado de la obra captada esta semana, donde emergen ya estructuras por encima de la cota cero.
GAIZKA LASA

El viernes pasado se cumplieron seis meses desde que se inició la obra y el embrión de la incineradora de Zubieta ya es visible en la parcela de Arzabaleta. Aquella foto del 10 de mayo ilustraba un absoluto vacío, ocupado para la ocasión por petos fosforitos de políticos y responsables empresariales más una solitaria excavadora que ejercía funciones decorativas. La de hoy plasma todo lo contrario: superpoblación de operarios y ajetreo multitarea en un caos ordenado del que emergen estructuras y edificios que empiezan a tomar la forma de aquellas instalaciones hasta ahora presentadas en powerpoint y llamadas a dar tratamiento a los residuos de los guipuzcoanos.

Los fosos tanto de la planta de tratamiento mecánico-biológico (TMB), como de la nave de biosecado y los hornos para la valorización energética están abiertos. Se han realizado además los rellenos necesarios para cada instalación y las labores de cimentación están avanzadas, de manera que algunas edificaciones empiezan a asomar, superando la cota cero. También se han empezado a levantar muros pantalla. Para todo ello, las constructoras han utilizado 6.960 metros cúbicos de hormigón, 8.713 metros cuadrados de encofrado y 1.314 toneladas de acero corrugado.

La UTE artífice de lo que hoy se ve en Zubieta está compuesta por las guipuzcoanas Moyua, Altuna y Uria, Murias y LKS, más Urbaser y la firma alemana Steinmüller Babcock. A las empresas locales les ha correspondido durante estos seis meses una cuota importante de la tarea a realizar -percibirán unos 50 millones de los 200 que abonará por la obra la sociedad concesionaria Ekondakin- aunque la evolución del proyecto de construcción está siendo seguida in situ por técnicos enviados por Steinmüller incorporados a los equipos de trabajo de Zubieta.

Claves

Inicio:
El 10 de mayo arrancó la obra, aunque el plazo de 30 meses cuenta desde la firma del contrato del 3 de abril.
Ejecutado;:
Se han abierto los fosos de las instalaciones principales, algunos edificios superan la cota cero y se han empezado a levantar muros pantalla.
Próximos pasos:
En diciembre se colocarán grúas especiales y a inicios de año llegan los primeros equipos tecnológicos.
Finalización:
Se prevé para octubre de 2019.

La firma alemana, un referente mundial en esta materia, con 460 unidades de combustión instaladas y 49 plantas de este tipo a lo largo de todo el mundo, aportará la tecnología de los hornos de valorización energética mientras que Urbaser -que también cuenta con personal a pie de obra- aportará la tecnología para la TMB. Según ha podido saber este periódico, la instalación de los primeros equipos tecnológicos que llegan de Alemania se llevará a cabo a inicios del próximo año, para lo cual el próximo mes de diciembre se colocarán las grúas especiales que habiliten las maniobras necesarias.

Reponsabilidades solidarias

La presencia de técnicos alemanes en la obra antes de que llegue la hora de su tecnología responde a la particular configuración de responsabilidades solidarias que, por contrato, adquieren las empresas participantes en el proyecto. Steinmüller desempeña la función de socio constructor. No se limita, por tanto, a ser proveedor tecnológico, como en la mayoría de sus encargos. La sociedad concesionaria, con un peso del 50% del fondo de inversión Meridiam Investments, ha impuesto la condición de que todas las empresas sean responsables solidarias en la ejecución de la infraestructura, cuyo correcto funcionamiento se convierte en la garantía de recuperación del dinero. La sociedad sabe que si la infraestructura no se construye satisfactoriamente, los financiadores tienen un problema. De ahí, que la garantía principal de los que ponen el dinero sea el propio proyecto.

La cifra

6.960
metros cúbicos de hormigón se han empleado durante seis meses en la obra, además de 8.713 metros cuadrados de encofrado y 1.314 toneladas de acero corrugado.

Se cumple medio año desde la inauguración de los trabajos, aunque en el calendario que realmente cuenta han pasado ya algo más de siete meses. La carrera de la sociedad concesionaria por cumplir los plazos arrancó el 3 de abril, fecha de la firma del contrato. A partir de ahí, los tiempos ya no los maneja la Administración sino Ekondakin, entidad formada por Urbaser, Meridiam Investments, Altuna y Uria, Moyua, Murias y LKS. A cambio de una cantidad que asciende a 768 millones de euros, no solo ha adquirido el compromiso de adelantar 200 millones y construir una infraestructura con una serie de criterios técnicos, sino el de hacerlo en un determinado margen de tiempo (30 meses) y explotarlo durante 32 años. Si la incineradora no está a pleno rendimiento en octubre de 2019, esta sociedad deberá hacer frente a penalizaciones económicas impuestas por Gipuzkoako Hondakinen Kontsortzioa (GHK) en el contrato.

Avanzar por el carril del cronograma pactado está requiriendo desde antes del inicio de la obra una alta coordinación entre las empresas involucradas en los trabajos. De hecho, según fuentes cercanas a la dirección de la obra, el reto más complejo está siendo integrar y armonizar en un espacio pequeño muchos grupos de trabajo diferentes en actuaciones diversas. La media durante estos seis meses de obra ha ascendido a 120 trabajadores operando de manera simultánea sobre las diferentes estructuras del complejo, con picos de 150 en las jornadas más intensas y días en las que la densidad ha descendido hasta unos 100 operarios.

Durante las próximas semanas, el trabajo desarrollado hasta ahora en un plano horizontal empezará a tomar verticalidad y, mientras lo hace, los primeros equipos tecnológicos aportarán el primer gran hito cualitativo de la obra y obligarán a duplicar el número de trabajadores en acción en los altos de Zubieta.

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