Una idea que se ha aplicado en Zamora y en Huesca

Las cárceles de ambas capitales se derribaron, se creó un CIS y los internos de segundo grado se llevaron a Salamanca y Zaragoza

A. V. SAN SEBASTIÁN.

No es la primera vez que el derribo de la cárcel en una ciudad supone construir su CIS y enviar al resto de los reclusos a otra ciudad. La medida se aplicó en Zamora, donde la vieja prisión desapareció, se construyó un CIS y los internos se trasladaron a la prisión de Topas de Salamanca. Se trata de un centro penitenciario con capacidad para 2.000 reclusos y en la que viven 722 personas. Fue construida en 1995. El lugar está a medio camino entre ambas provincias.

En Huesca ocurrió lo mismo. Se derribó la cárcel, se creó un CIS y se derivó a los presos a la cárcel de Zuera, en la provincia de Zaragoza. Es más moderna que la de Topas, se inauguró en 2001, pero también una de las más conflictivas y denunciadas por los funcionarios debido a sus condiciones. Cuenta con 1008 celdas más 138 complementarias y alberga a 1.730 internos, algunos de ellos peligrosos.

Fuentes consultadas por este periódico indican que no es extraño que las cárceles estén a distancia de las capitales. En el caso de Madrid, Estremera se encuentra a 90 kilómetros, dicen estas mismas fuentes, que recuerdan que esta distancia es similar a la que separaría la actual cárcel de Martutene y la alavesa de Zaballa, a la que en principio, se trasladaría una parte de sus internos. Lo que se plantea es rentabilizar recursos en las cárceles más nuevas, que se construyen con dimensiones para albergar diferentes servicios y con una previsión de celdas mucho mayor que la que tenían las viejas que fueron derribadas y sustituidas.

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