La hora del tren en Gipuzkoa

La hora del tren en Gipuzkoa

Invertido todo lo invertible en asfalto, las instituciones cambian el chip y promueven el ferrocarril como medio de transporte «del siglo XXI» para pasajeros y mercancías

Amaia Chico
AMAIA CHICOSan Sebastián

45.812 desplazamientos diarios en tren frente a 833.469 en coche. El vehículo privado sigue ganando por goleada al transporte público a la hora de movernos en Gipuzkoa, pero la saturación de tráfico en un territorio concentrado, lleno de curvas, con más días de lluvia que de sol y un trasiego foráneo que circula de paso desde o hacia Europa obligan a pensar y a potenciar alternativas a futuro. El diputado general lo sentenció el otro día: “es la hora del tren”. Y desde luego, la ingente inversión que las instituciones están haciendo en las nuevas líneas de alta velocidad o del Metro de Donostialdea constatan esa apuesta por el transporte ferroviario en el siglo XXI, que habrá que ver si es compartida, a medio plazo, por los ciudadanos.

El cambio de chip llega, no obstante, después de que se haya invertido todo lo invertible en ampliar al máximo la red de carreteras. Y de que, aún así, continúen los atascos semanales en la frontera por el flujo de camiones, los atascos habituales en la N-1 o la AP-8 por accidentes, y los retrasos, demoras y pérdidas de tiempo diarios por incidencias que pese a los kilómetros extra de asfalto nadie ha podido garantizar que desaparecerán.

Trasvasar todo ese tráfico, de pasajeros y mercancías, de la carretera a los vagones no será tarea fácil. No es sencillo cambiar las costumbres, ni convencer a los guipuzcoanos de que es mejor (por eficiencia, sostenibilidad o economía...) perder cinco o diez minutos en ir a una estación y coger un tren, que bajar directamente al garaje y salir zumbando en coche aunque el primer destino sean las retenciones ineludibles de la hora punta.

Las instituciones pretenden hacer ese trasvase por la vía de los hechos. Por ejemplo, poniendo en la puerta de casa de miles de vecinos del corredor Irun-Lasarte un Topo con pinta de Metro que mejore frecuencias, garantice puntualidad y ofrezca unos precios lo suficientemente atractivos como para dejar aparcado el vehículo privado. Los 180 millones de la pasante ferroviaria por el centro de Donostia, más las inversiones en Altza, Loiola, Intxaurrondo o la próxima de Hendaia van encaminadas a ampliar los 6,7 millones de desplazamientos anuales en esta línea. A partir de 2022 se comprobará si ha idea ha surtido efecto.

Y está por ver también, a partir de 2023, qué consecuencias tangibles, en número de viajeros y en toneladas de mercancías transportadas, derivan de los cientos de millones destinados a la nueva línea del TAV, la Y vasca, el macroproyecto que parece no tener fin y que sigue abriéndose camino por Gipuzkoa, donde ha completado ya más del 70% de sus tramos.

Porque el TAV no parará en la puerta de casa ni en todas las estaciones. Y para traslados de media y larga distancia, esta por ver si el tiempo y, sobre todo el precio, son tan convincentes para los bolsillos de los ciudadanos, como para exprimir y sacar toda la rentabilidad a una obra que este año ha pisado el acelerador. Y aprovechando el renovado interés de Fomento por agilizarla, hasta el Gobierno Vasco ha imprimido velocidad al tramo guipuzcoano que le toca construir para que la llegada del tren de alta velocidad no tenga marcha atrás, venga el futuro político y económico como venga.

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