«Era un hombre familiar, sentimental y con una vitalidad tremenda»

Diego Verdejo con sus hijos en el espigón de Mutriku en una foto que colgó uno de ellos ayer en Facebook. /
Diego Verdejo con sus hijos en el espigón de Mutriku en una foto que colgó uno de ellos ayer en Facebook.

El eibarrés Diego Verdejo y su pareja, Loli Kintana, perdieron la vida engullidos por una ola en el espigón de Mutriku

S. ARROYO / R. ALBERTUSSAN SEBASTIÁN.

La ola que el pasado miércoles se llevó en Mutriku las vidas de Diego Verdejo López, de 67 años, y Loli Kintana Martínez de LaHidalga, de 65, difícilmente borrará la profunda huella que esta pareja ha dejado en la sociedad vitoriana. Él era eibarrés de nacimiento pero estaba afincado en la capital gazteiztarra desde hace muchos años. El mar les arrebató la vida la tarde del miércoles en un espigón de Mutriku. Eran compañeros y los que les conocían aseguran que compartían «una vitalidad tremenda».

Afable, extrovertido y con inquietudes. Son algunos de los rasgos que mejor definían a Diego Verdejo; un tipo con el que «te irías al fin de mundo», refuerzan algunos de esos muchos amigos que deja en Vitoria, su ciudad desde «hace muchos años» y en su Eibar natal. En su barrio le consideraban un hombre de «una vitalidad tremenda», así como en lugares que frecuentaba como la Sociedad Gastronómica Denok Lagunonak, la Peña Eibar-Gasteiz Elkartea o el Aula de la Experiencia de Álava, de la UPV.

Vecino de la Avenida de Santiago, acudía casi a diario al Pub Betilo, un local de estilo irlandés situado justo enfrente de su casa. «Era muy sentimental y familiar», cuenta el encargado. Diego no solo era para él un «vecino de toda la vida, un cliente», era su amigo. Ayer al mediodía compartió en ese mismo bar el dolor que sentía con los hijos del fallecido, Virgina, Javier y Diego.

Diego era aficionado al fútbol y a la gastronomía, y Loli era amante de la poesía

Él era miembro de la peña Eibar-Gasteiz y hace dos meses fueron juntos a Ipurua para ver el derbi contra el Alavés

El propietario del Betilo no alcanzaba a comprender lo sucedido. Recordó que el lugar en el que falleció la pareja fue el mismo en el que Diego «había arrojado las cenizas de su mujer» años antes. Uno de sus hijos, de hecho, colgó ayer una foto familiar en ese mismo espigón, junto a un mensaje de despedida hacia su padre: «Siempre te llevaremos dentro».

Lo más incomprensible para quienes conocían al eibarrés era que no viera el peligro teniendo en cuenta las advertencias del fuerte temporal y la bravura del mar a esa hora, sobre las cinco de la tarde. «Era una persona super prudente. Hemos viajado mucho juntos con el Alavés y casi se podría decir que era el padre de todos nosotros; nunca nos dejaba correr ningún tipo de riesgo», aseguraba el encargado del bar.

Un sentimiento albiazul arraigado que coexistía con el «cariño por su ciudad natal y nuestra S.D. Eibar», como también recordaban desde la peña Eibar-Gasteiz Elkartea,a la que pertenecía. El pasado noviembre Diego y Loli compartieron con otros miembros de la peña «los prolegómenos del derbi» en Ipurua. Ayer en el tanatorio se colocó en su solapa el escudo damasquinado de la localidad armera. Hoy en el funeral será despedido con el Arrateko Ama.

Diego con sus hijos en el espigón de Mutriku en una foto que colgó uno de ellos ayer en Facebook.
Diego con sus hijos en el espigón de Mutriku en una foto que colgó uno de ellos ayer en Facebook.

A Diego le gustaba mucho «hacer almuerzos y comidas». Y la Sociedad Gastronómica Denok Lagunonak era su referencia. «Un tío estupendo, como amigo y como todo», rememora Silvestre Aracama, compañero en la sociedad. «Era muy activo para todo, también en la fábrica en la que trabajó hasta jubilarse le querían mucho. Solía jugar mucho a pelota y también estuvo en el club San Ignacio de fútbol, incluso estaba en la universidad».

Ambos eran alumnos del Taller de Prensa del Aula de la Experiencia de Álava. Loli llegó a participar en 2015 en el evento deportivo más grande de Europa que se celebra en Vitoria, la carrera de las mujeres. Acabó en el puesto 438 de un total de 5.128 competidoras. «Tenía una gran vitalidad y contagiaba su ánimo», rememora Elisa Rueda, quien fuera primera directora del Festival de Poesía Internacional 'Poetas en Mayo'. Porque los versos eran también su pasión. «Era una más dentro de la familia de poetas de Vitoria». Guillermo González, un amigo que conoció en el Club de Mejora de la Caja Vital, destinado a mayores de 55 años, recuerda que «le gustaba ponerse un gorrito de lana cuando recitaba».

Los funerales por la memoria de ambos se celebrarán hoy a las 19.30 horas en la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza de Vitoria.

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