Gramona demuestra que los vinos espumosos saben envejecer

Javier Gramona, propietario de Gramona, en la cata. / MICHELENA

La bodega catalana dejó al descubierto algunos de los secretos de sus mejores cavas

I. V.

Algunos de los secretos mejor guardados de los vinos espumosos de la casa Gramona quedaron ayer al descubierto en San Sebastian Gastronomika. Con Javier Gramona, propietario de la empresa, como guía de excepción los asistentes a la cata 'Artesanos del tiempo' pudieron hacer un viaje por los caldos más exquisitos de la bodega situada en Sant Sadurní d'Noia.

«Queremos que probéis vinos espumosos elaborados por el método tradicional», comenzó señalando en la cata Gramona. Y no defraudó. En primer lugar, se pudieron degustar tres espumosos que en la actualidad se encuentran en el mercado. «Son cavas de paraje, están relacionados con el terreno», explicó. En la segunda parte de la degustación se pudieron probar tres caldos «de las mismas cosechas pero descorchados hace años». «Queremos, además, demostrar que estos vinos envejecen bien después del descorche. Con esa capacidad de guarda que tienen los grandes vinos», agregó.

Gramona quiso que los asistentes abrieran boca con un III lustros de 2009, calificado como «buen año porque ha sido una de las cosechas más equilibradas». Continuó con un El Celler Batlle de 2006, «una cosecha cálida y seca. Es un vino estupendo que quita la sed, nada habitual en un caldo que tiene más de ocho años. Es cremoso y untuoso en boca», definió el propietario de Gramona. La primera parte finalizó con un vino espumoso que su responsable lo definió como Sean Connery porque «durante los años ha mantenido el cuerpo sano y atractivo. Su genética le ha permitido vivir muchos años manteniendo el frescor». Se trata de un Enoteca Brut Nature 2002.

La segunda parte comenzó con un III lustris 2004 que se probó «cinco años después del descorche. Nos habían dicho que estos vinos espumosos había que tomarlos justo antes del descorche pero hemos demostrado que se pueden guardar y están riquísimos», dijo. La cata finalizó con un Celler Batlle de 2002 y un Enoteca Brut Nature Natural 2001. Del que solo se han producido 3.000 botellas.

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