«Gracias a los talleres de memoria mi alzhéimer no ha avanzado en cuatro años»

Félix Altuna e Itziar Gabilondo forman un matrimonio que no pierde el humor, aunque él padezca alzhéimer en su estadio más primario desde hace unos años. / LUIS MICHELENA

El 75% de los participantes del servicio de Afagi consigue frenar la evolución de la enfermedad. Félix Altuna tiene 81 años y padece un alzhéimer que se mantiene leve. «Yo veo que otros que no hacen estas actividades han perdido más memoria»

AIENDE S. JIMÉNEZSAN SEBASTIÁN.

Todos los lunes y miércoles por la mañana Félix Altuna coge el autobús en el Boulevard de Donostia para ir al Antiguo. Nunca se pierde las clases de memoria que recibe junto con otros siete compañeros en la sede que Afagi (Asociación de Familiares, Amigos y Personas con Alzhéimer de Gipuzkoa) tiene en el barrio donostiarra. Bergarés pero afincado en San Sebastián, es alumno repetidor, ya que este curso es el cuarto para él, pero en esta 'escuela' eso es todo un logro. Significa que su alzhéimer no avanza hacia un deterioro mayor, lo que le permite, a pesar de los inevitables síntomas, ser aún una persona autónoma.

«Yo me doy cuenta de que personas que conozco que tienen alzhéimer y que no ejercitan la memoria como yo pierden más la cabeza», afirma Félix. A sus 81 años, además de las clases en Afagi se empeña en solucionar los sudokus y los crucigramas del periódico, aunque a veces haga trampa y mire las soluciones. Pero su alzhéimer, diagnosticado hace unos cinco años, le traiciona cuando da sus largos paseos hasta el Peine del Viento. «Me cruzo con mucha gente que me saluda, pero no soy capaz de acordarme de quiénes son, ni de sus nombres». Eso sí, sus muchos años de trabajo como perito industrial le permiten tener una mente privilegiada para memorizar números. «Ahí no fallo», afirma orgulloso.

En las clases de memoria de Afagi, cuyo nombre técnico es 'Talleres de Psicoestimulación Cognitiva', Félix y sus compañeros realizan ejercicios específicos para fortalecer y mantener funciones como la memoria, el lenguaje, la atención o la orientación. Asimismo, se trabajan situaciones del día a día como la alimentación, el manejo del dinero, el uso del teléfono y las relaciones con los demás.

12.000 personas

padecen alzhéimer en Gipuzkoa. Se estima que por cada paciente hay tres personas afectadas, entre familiares y cuidadores, por lo que el alcance de esta enfermedad llega hasta unas 36.000 personas en el territorio. Se estima que en 2030 la cifra de pacientes se duplicará, y que en 2050 ya serán 48.000 los guipuzcoanos afectados. En la actualidad hay un total de 4,5 millones de enfermos de alzhéimer en todo el Estado.

El objetivo es estimular las funciones cognitivas que los pacientes aún conservan, incidir en las que ya están afectadas para preservarlas y favorecer el mantenimiento de la autonomía de la persona el mayor tiempo posible.

Los resultados, tal y como reconoce María Victoria Lucera, coordinadora del programa, «son espectaculares». Durante el curso Afagi realiza un seguimiento y al final hace una valoración de la evolución de cada participante, para ver si el trabajo es efectivo. En el curso 2015-2016, el 75% dio resultado eficaz. «Esto significa que la enfermedad no evoluciona tanto como se esperaba», afirma Lucera. «Lo que buscamos es retrasar o mantener en fases iniciales ese deterioro cognitivo. Tenemos personas como Félix que llevan varios años viniendo a las clases, y aunque su enfermedad no mejora, no aumenta», añade.

En su clase Félix no es el más veterano. Tina lleva más de cinco años acudiendo a los talleres porque reconoce que ha perdido «mucha memoria». Fue su hijo el que contactó con Afagi, y ella asegura estar «encantada». «Vengo muy a gusto y me sirve de mucho. Nos llevamos todos muy bien».

«Me olvido de los nombres de la gente, pero con los números nunca fallo» Félix Altuna, Padece alzhéimer

«Aunque es autónomo noto que va perdiendo su personalidad y que ya no es el de antes» Itziar Gabilondo, Esposa de Félix

El buen ambiente está garantizado. Todos se toman su realidad con humor. «Se me han olvidado hasta las gafas», comenta Pedro entre risas antes del comienzo de la clase. «Aquí a cada uno le falla una cosa», cuenta Juanjo. En su caso, es capaz de recordar fechas y acontecimientos históricos con total nitidez, incluso los nombres de los presidentes de Estados Unidos. Sin embargo, no es capaz de decir qué es lo que ha desayunado esa mañana. «Es algo increíble», dice. Este es su tercer año como participante en los cursos, y asegura que estos son «variados, y te activan aquello que estás perdiendo».

Para otros es la primera vez que acuden a clases para ejercitar su memoria. Es el caso de Bittor, que asegura que sufre «despistes», y de Tere, que llamó por su propia cuenta para participar en los talleres porque le «falla mucho la memoria». Estos talleres están dirigidos a personas afectadas por alzhéimer en fase inicial o que presenten un deterioro cognitivo leve.

Ayuda a los familiares

Hay veces que Félix no acude solo y le acompaña su mujer, Itziar Gabilondo. Porque en el alzhéimer no solo son los pacientes los que necesitan atención, sino también sus familiares o cuidadores. Itziar acude cada dos meses a una cita con la psicóloga de Afagi, que le sirve como desahogo. «Echo todo el lastre y me quedo a gusto», afirma. Aunque su marido sea autónomo y la enfermedad se mantenga estable en una fase leve, Itziar asegura que «va perdiendo su personalidad y ya no es el de antes».

Los síntomas que le hicieron darse cuenta de que a Félix le pasaba algo eran que «era muy repetitivo y que se le olvidaban las cosas». Ahora, Itziar admite que en casa tienen silencios prolongados, «y yo vengo aquí porque tengo mucha necesidad de hablar».

María Victoria Lucera señala que los familiares, además de solicitar ayuda para los pacientes, «vienen con otras dudas, como la de '¿y qué hago yo ahora?'. Por eso ellos también cuentan con un seguimiento, porque muchos necesitan apoyo individual».

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