Gipuzkoa tiene el menor índice de víctimas, pero los casos siguen al alza

Concentración en Zarautz por las agresiones sexistas que sufrió la localidad en verano. /José Mari López
Concentración en Zarautz por las agresiones sexistas que sufrió la localidad en verano. / José Mari López

«Persiste el miedo a denunciar», asegura una abogada donostiarra del turno de violencia de género

Amaia Chico
AMAIA CHICO

«Las agresiones sexuales se disparan un 36% en Gipuzkoa». «Las denuncias por maltrato suben un 21% y se presentan ya cuatro al día». «Más de 100 mujeres ponen cada mes una denuncia por violencia de género». Los titulares sobre la violencia machista ejercida contra las mujeres siguen llenando páginas de periódico todos los meses. Y atizando las conciencias de los responsables de mitigar un drama enquistado que no está encontrando vías de solución con la llegada de nuevas generaciones a la edad adulta. La sangría, en forma de víctimas mortales, o mujeres heridas física o psicológicamente, sigue desgarrando la sociedad, también la guipuzcoana, que este año ha vivido de cerca el asesinato de dos mujeres y del hijo de una de ellas en Madrid y en Extremadura.

Las estadísticas evidencian que el número de víctimas y de denuncias presentadas por episodios violentos no dan ningún síntoma de debilidad. De hecho, este 2017 está siendo un año especialmente grave en materia de agresiones sexuales en el territorio, con hasta 38 casos. Y mantiene los niveles de mujeres víctimas de violencia, ejercida tanto por sus parejas o exparejas como por personas ajenas al ámbito familiar. Un total de 954, según los últimos datos de la Ertzaintza recabados hasta septiembre, un 10% más que en el mismo periodo del año anterior.

Algo menos, un 7% es el incremento que arrojan los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) del primer semestre. Estadísticas elaboradas con la información recabada en las comisarías, por un lado, y en los juzgados guipuzcoanos, por otro. Y que aunque coinciden en una preocupante tendencia al alza de este problema, también recogen un dato que no sirve de consuelo pero sí resulta relevante para hacerse una idea de la dimensión de la tragedia cotidiana en toda España.

Esa referencia indica que Gipuzkoa es, pese a sus abultadas cifras, uno de los territorios menos azotados por la violencia machista de todo el Estado en relación a su población. Según el CGPJ, en el segundo trimestre -los últimos datos publicados-, las mujeres víctimas de violencia por cada 10.000 fueron 5,2; y el número de denuncias presentadas por cada 10.000 mujeres, 5,7. El dato en ese periodo es el menor de todo el Estado, y es comparativamente muy inferior a los índices registrados en Almería (27,4), Baleares (26,3) o Málaga (23,7), las provincias con mayores índices de mujeres víctimas y de denuncias presentadas.

El cómputo completo del pasado año dejó en Gipuzkoa ese ratio en 35,5 mujeres víctimas por cada 10.000, veinte menos que la media que arrojó todo el Estado. Pero cuatro más que en 2015.

La parte positiva que puede suponer encontrarse a la cola de la negra estadística de violencia machista que se ha cobrado 45 vidas de mujeres en España se desvanece, no obstante, cada vez que se registra una nueva agresión. O cada vez que suena el teléfono de María Sánchez de Boado, una abogada donostiarra que comparte despacho con otras seis profesionales, y que cada vez que le toca «turno de violencia» -guardias de 24 horas- llegan a sus manos entre una y tres asistencias, bien en comisarías para acompañar en una denuncia o en juzgados. «Algún día he recibido hasta cinco llamadas», indica, mientras recuerda que la ley garantiza asistencia jurídica gratuita en todos estos casos, y calcula que por eso el 80 o 90% de ellos se tramitan a través de los turnos de oficio. El volumen de caso es tal, de hecho, que cada día hay dos abogados de guardia y otro de refuerzo.

Sánchez de Boado es ajena a las estadísticas. Solo conoce la realidad que a diario pasa por el despacho en el que trabaja desde 2008. Y a tenor de esa realidad, cree que «cada vez hay más denuncias», y que en Gipuzkoa, como en el resto de provincias, el problema no da señales de remitir.

«Sigue existiendo miedo a denunciar. Muchas de las víctimas se retiran del procedimiento, no de la denuncia -que sigue adelante a través de la fiscalía-, porque no quieren reclamar o tienen miedo a qué pasará con ellas, o con él, si se dicta por ejemplo una orden de alejamiento», explica, poniendo sobre la mesa también algunos casos, muy puntuales, de denuncias de hombres hacia mujeres.

María Sánchez de Boado reconoce que ni todos los casos son iguales ni presentan signos evidentes de que haya existido alguna conducta violenta, ya sean insultos, trato vejatorio o maltrato físico, «porque hay de todo tipo». Asegura que su «sensación es que en los últimos años» las denuncias no han disminuido, más al contrario. Su «percepción» es que se presentan más, porque también -apunta- «muchas personas saben o han oído que pueden acceder a alguna ayuda». «No digo que no sean víctimas», recalca. Eso lo determina el juez. Pero la abogada sí ha llevado algunas causas que a veces empiezan con una denuncia «después de haber tenido, por ejemplo, alguna discusión, pero al final dejan la vía penal y terminan en un divorcio que igual no sabían cómo afrontar».

Dudas

Pero dentro de ese goteo continuo, con casi 700 denuncias en Gipuzkoa solo en la primera mitad del año -según el CGPJ-, medio centenar más que en el mismo periodo de 2016, hay muchas «situaciones evidentes» de malos tratos, recalca Sánchez de Boado. Y esos casos más graves, reconoce, son muchas veces en los que las mujeres «tienen más dudas» a la hora de dar el paso porque temen las consecuencias de un proceso judicial que ya no tendrá vuelta atrás. Y en el que les cuesta confiar, porque «tienen miedo a que el agresor se les acerque aunque se haya dictado una orden de alejamiento», como desgraciadamente ha ocurrido en tantos casos.

Quienes más «confianza» muestran en la Justicia son las mujeres de origen extranjero, «porque en sus países es imposible denunciar». Un porcentaje que Sánchez de Boado calcula elevado, porque también son las víctimas que menos renuncian a seguir presentes en unos procesos que, en la mayoría de los casos, acaban en condena. Concretamente, un 91% de las personas enjuiciadas el año pasado acabaron con sentencias en contra.

¿Entonces es recomendable denunciar? «Me parece bien que se promocione que hay que denunciar si hay malos tratos, pero no veo que funcione en todos los casos», se lamenta mientras incide en que, aunque la mayoría de casos que llegan a su despacho son matrimonios o parejas con hijos, también hay episodios de violencia entre generaciones más jóvenes. Una evidencia de que no es una cuestión de edad o de territorio, sino «educacional».

«No se escapa nadie, aunque es cierto que hay provincias con índices más altos», quizás por cuestiones económicas o de nivel de vida. «Igual la gente de nivel medio alto se divorcia y no llega a denunciar», argumenta la letrada. «Y en casos donde hay menos medios económicos, hay más denuncias y la cosa suele acabar peor», asegura Sánchez de Boado, que en el futuro próximo no cree que el problema vaya a ir a mejor. Seguirá descolgando el teléfono y asistiendo a las más de mil mujeres que cada año son víctimas de violencia en Gipuzkoa.

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