Gipuzkoa cuenta con una Unidad de Genética desde hace seis años que nunca ha entrado en funcionamiento

Instalaciones de la Unidad de Genética Forense de Donostia, que costó casi un millón y donde jamás se ha realizado un análisis. / LOBO ALTUNA
Instalaciones de la Unidad de Genética Forense de Donostia, que costó casi un millón y donde jamás se ha realizado un análisis. / LOBO ALTUNA

Se encuentra en los bajos del Palacio de Justicia, costó cerca de un millón de euros y no ha realizado un solo análisis

J. PEÑALBA SAN SEBASTIÁN.

El intento de privatización del servicio de análisis de ADN de la Ertzaintza que ayer denunció el sindicato ELA resulta poco menos que sorprendente cuando Gipuzkoa cuenta desde hace nada menos que seis años con una Unidad de Genética, equipada con una tecnología puntera, en la que, por inexplicable que pueda parecer, no se ha llevado a cabo un solo análisis. Es más, nunca llegó a entrar en funcionamiento desde que fue creada en 2012. Y no lo hizo, según fuentes conocedoras del caso, por una clara falta de voluntad política. La posibilidad de que las pruebas de ADN, que ya entonces se realizaban también en la Sección de Genética Forense de la Ertzaintza, además de en el Instituto de Toxicología de Madrid, pudieran efectuarse fuera del departamento no fueron entonces asumidas y la incipiente unidad de Gipuzkoa no tuvo el desarrollo para el que fue creada. Bastó con no dotarla del personal que se necesitaba para que el proyecto muriera de inanición.

La unidad nació para que pudiera dar servicio al conjunto de la comunidad autónoma, para el análisis de muestras exclusivamente judiciales. Seis años después de aquellos, son muchos los profesionales de la medicina forense creen que de haber entrado en funcionamiento, tal vez hoy, la supuesta externalización no sería necesaria.

La Unidad se encuentra ubicada en las instalaciones que tiene el Instituto Vasco de Medicina Legal en Gipuzkoa, en los sótanos del actual Palacio de Justicia de la plaza Teresa de Calcuta. Está, o cuando menos estaba, equipada con tecnología puntera. Contaba con áreas aisladas, con zonas dotadas con presiones de aire diferentes para evitar la contaminación de las pruebas. La calidad del aire en los espacios de trabajo se conseguía con un filtrado de alta eficacia. Además, en todas las zonas de trabajo disponía de métodos de esterilización por luz ultravioleta.

Con esta tecnología se podrían conocer resultados en un plazo de 30 días. No obstante, en casos de urgencia como catástrofes, identificación de cadáveres o asuntos de relevancia, siempre que los profesionales dispusieran de las muestras adecuadas, se podrían obtener resultados en un plazo de entre tres y siete días.

Se trataba, por lo tanto de un importante avance, toda vez que agilizaría las instrucciones judiciales, sin esperar a que llegaran los estudios genéticos que eran remitidos a los laboratorios del Instituto Nacional de Toxicología, cuyos resultados muchas veces se dilatan más de seis meses.

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