«En Gipuzkoa hay centros públicos donde cuesta estudiar Religión»

Álvaro Behobide, en el patio de Catalina de Erauso Ikastetxea. / PEDRO MARTÍNEZ

El obispo inaugura esta tarde el curso pastoral con la entrega de la 'missio canonica' a los profesores que imparten la asignatura

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

El curso también comienza para la Iglesia Católica. La inauguración oficial tendrá lugar esta tarde con una misa oficiada por el obispo en la catedral de El Buen Pastor. Después, José Ignacio Munilla entregará la 'missio canonica' para este nuevo curso pastoral al profesorado que imparte la asignatura de Religión. Se trata de un pequeño pergamino que simboliza que el enseñante ha sido propuesto a la administración educativa por el obispo de la diócesis como profesor competente e idóneo para un centro escolar concreto. «Se les da una bendición especial porque se les envía a una misión», señala Fran Palmero, de la delegación de enseñanza de la diócesis guipuzcoana.

Álvaro Behobide es uno de los maestros que recibirá el pergamino. Este irundarra imparte clases en Txingudi Ikastola de su municipio y en Catalina de Erauso Ikastetxea, de Donostia. En cursos anteriores ha pasado por Orixe y Jakintza, entre otros centros de la red pública. Como las horas de Religión son limitadas, para cubrir el tiempo de presencia que exige la Administración el profesorado debe repartirse entre los dos centros y se considera afortunado porque «hay compañeros que van a cuatro».

Behobide estudió Magisterio, con la acreditación de Religión. También es catequista de padres, pero eso no basta. Hay que lograr una serie de permisos para poder impartir clases de Religión en las etapas Infantil y Primaria. Tras recibir la Declaración Eclesiástica de Competencia Académica (DECA), expedida por al Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, y que se consigue después de lograr 24 créditos de distintas materias de Teología Católica y su Pedagogía, solicitó la Declaración Eclesiástica de Idoneidad (DEI) a la diócesis. Para impartir clases en Secundaria y Bachillerato es necesario ser licenciado en Teología, Ciencias Religiosas o tener un grado más una diplomatura en Ciencias Religiosas, además de tener 18 créditos de Pedagogía y Didáctica de la Enseñanza Religiosa Escolar.

«En muchos casos, a los alumnos extranjeros la asignatura les sirve para integrarse» Palmero: Gorriti

«Hay claustros donde no nos quieren ver o no nos saludan por ser profesores de Religión» Behobide

«A los padres les cuesta denunciar que se incumple la ley porque el niño queda marcado» Palmero

Álvaro Behobide lleva casi diecisiete años como docente en Primaria y considera que su profesión sigue existiendo gracias a los acuerdos que el entonces presidente del Gobierno Adolfo Suárez firmó con el Vaticano en 1979 y que todavía se mantienen.

Tras la aprobación de la Lomce, la asignatura de Religión tiene validez académica y cuenta para la nota media final del curso. Es decir, actualmente está equiparada a las materias consideradas fundamentales. La alternativa es estudiar Valores Éticos o Valores Culturales y Sociales.

De 2 a 22 alumnos

El número de alumnos que realizan estudios de religión ha descendido de forma continuada en los últimos años y en ocasiones las clases están prácticamente vacías. Behobide tiene de todo, desde un aula con 22 alumnos, cuando el tope en Primaria es de 25, a otra con 2 en Txingudi. Palmero, que antes de trabajar en el obispado fue profesor, tuvo clases con tres estudiantes. Xabier Gorriti comenzó hace quince años a impartir clases de Religión en Infantil y Primaria en Dumboa, Toki Alai y Eguzkitza, en Irun. El número de alumnos en sus clases varía según el centro: «Si es un centro que tradicionalmente tiene Religión siempre hay más. En los que no se sabe, se reducen mucho las matrículas. La media ronda la docena de chavales».

Por ley, todo centro tiene que ofertar la enseñanza de Religión -tanto católica, como islámica, judía y evangélica- y aunque solo haya un alumno matriculado en esta asignatura, la escuela tiene la obligación de impartirla en Primaria y Secundaria. En el caso de Bachiller cambia y es necesario que al menos el 15% de los alumnos de la clase estén matriculados para facilitar un profesor de Religión, como cualquiera de las otras optativas.

Xabi Gorriti. / De la Hera

Hace unos meses, el obispo Munilla denunció en este periódico que padres habían manifestado al obispado «la imposibilidad práctica de matricular a sus hijos en Religión (en la escuela pública), bien porque no se ofrece la posibilidad o porque cuando optan por la asignatura, el centro les 'convence' para renunciar y sustituir la clase por otra actividad de refuerzo de otra asignatura». Inmediatamente, el Departamento de Educación negó que se incumpliera la ley.

Aunque no entra a debatir si se cumple o no, Behobide asegura que ha visto cómo a una compañera le fueron presionando para que acabara abandonando, y a él mismo le sucedió hace dos cursos, que a un grupo de alumnos que se iban a matricular en sexto y querían estudiar Religión les dijeron que no podían porque no llegaban al mínimo, sin decirles cuál era ese mínimo. «A día de hoy, en Secundaria y Bachillerato en Txingudi no hay Religión».

Palmero también vivió situaciones similares en sus tiempos de docente, aunque dice que es peligroso generalizar: «Hay profesores que están muy bien tratados, pero también te encuentras que se han prematriculado diez alumnos para el curso siguiente, y en septiembre no hay ninguno. En Gipuzkoa hay centros, y no son pocos, donde cuesta poder estudiar».

Personalmente, Gorriti tampoco ha padecido esa situación, pero comparte la idea de que «sí es cierto que muchas veces dependemos de la opinión de los profesionales que trabajan con nosotros y sí se nota».

Álvaro Behobide considera que «los profesores somos los mejores embajadores de la asignatura» y asegura, «y no es para echarme flores», que «sé de alumnos que se han apuntado porque yo era el maestro. La iglesia en los últimos años no se ha sabido vender o se ha vendido mal. Somos la cara amable de la iglesia». Pero también cuenta que «hay claustros donde no nos quieren ver o compañeros que no nos saludan simplemente por ser profesores de Religión; algo increíble cuando luego se nos llena la boca hablando de tolerancia y respeto».

En la red pública del País Vasco, el número de profesores de Religión católica contratado el curso pasado era de 192 para Primaria y 81 para Secundaria. Los alumnos vascos matriculados en la asignatura descendió. Según las estadísticas del Departamento de Educación del Gobierno Vasco, sólo el 16,49% de los alumnos de la ESO en la enseñanza pública cursaron la asignatura frente al 66,49% de la privada, con un porcentaje medio del 43,27% sobre el total de estudiantes.

En Bachillerato, el curso pasado el comportamiento en los centros educativos públicos fue desigual: en Primero aumentó la matrícula en dos puntos hasta el 13,77%, aunque en Segundo la asignatura pasó a ser residual con 135 alumnos que representaban un 2,01%, cinco puntos menos que en el curso anterior. De los 15.000 alumnos que estudiaron Bachillerato en la red pública, poco más de mil se matricularon en Religión.

Los tres protagonistas de este reportaje coinciden en que gran parte de la responsabilidad del descenso del alumnado en las clases de Religión la tiene la progresiva secularización de la sociedad. «No hay más que ver cómo están las iglesias y la media de edad de los que acuden». Como ejemplo, Behobide cuenta que «cuando estaba en Orixe, había padres que no dejaban entrar a sus hijos en alguna de las iglesias de la Parte Vieja y luego iban a Turquía de vacaciones y entraban en todas las mezquitas». También añade que «en todos los años que llevamos de democracia ha habido un montón de leyes de Educación y reformas. En casi todas la Religión ha sido un arma de confrontación, parece la mala de la película».

Quejas de las familias

Pero Palmero incide en las pegas que ponen los colegios. «Este es mi quinto año en el obispado y desde el principio he tenido bastantes quejas de padres a los que les han dicho que en la escuela a la que van a llevar a sus hijos no se da Religión, cuando eso no es legal». A la pregunta de por qué los padres se quejan al obispado, pero no lo denuncian ante la delegación territorial de Educación, responde que «es muy complicado porque al final el que queda marcado es el niño. No digo que sea miedo, pero nadie quiere que su hijo sea el distinto. Nosotros lo único que podemos hacer es asesorarles sobre sus derechos. También hay asociaciones de padres que han puesto varias denuncias contra la Administración. Mi trabajo consiste en que cuando exista demanda, siempre haya un profesor».

Gorriti apunta otra perspectiva. «Poco a poco se nota ese descenso, pero por ejemplo están los casos de alumnos que vienen de otros países. Para muchos de ellos, en una zona en la que desconocen todo, incluidos el idioma y las costumbres locales, la referencia que tienen es la religión cristiana. Es una forma de poder integrarse en la nueva sociedad y en el entorno en el que van a vivir. La asignatura de Religión les sirve de nexo».

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