Gipuzkoa se blinda ante los incendios

El incendio que se registró en Igeldo en 2015 se acercó a zonas habitadas./MIKEL FRAILE
El incendio que se registró en Igeldo en 2015 se acercó a zonas habitadas. / MIKEL FRAILE

El último gran fuego forestal tuvo lugar hace dos años en Igeldo y calcinó 178 hectáreas. El territorio registró en 2016 únicamente trece siniestros que calcinaron 11 hectáreas, y este año ya se han visto afectadas 36

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Afirmar que Gipuzkoa es un territorio a salvo de incendios es mucho decir. Con una masa arbórea que cubre el 60% de su superficie, no cabe la menor duda de que el fuego tiene abundante material para alimentarse. Sin embargo, el número de siniestros causados por las llamas ha resultado estos últimos años insignificante si se compara con lo sucedido días atrás en Galicia, donde han quedado arrasadas al menos 12.000 hectáreas, lo que equivale al 5,5% de la superficie de Gipuzkoa y a más del doble de la de San Sebastián. El último gran incendio que se recuerda fue el que se originó en 2015 en el monte Igeldo. Entonces, el fuego devoró 178 hectáreas y se acercó a zonas habitadas.

Sin embargo, pese a la amplia masa forestal que se alza en el territorio, en 2016 solo se registraron trece incendios que afectaron a once hectáreas, un terreno similar a otros tantos campos de fútbol. Y aun cuando este año, la cifra ha aumentado a 27, las hectáreas calcinadas se limitan a 36.

Uno de los peores ejercicios que se recuerdan fue el de 2015, con 250 hectáreas quemadas. Este registro, no obstante, queda lejos de la media de los años noventa, en los que ardían alrededor de medio millar de hectáreas con un porcentaje de alrededor de 80 incendios anuales.

La alta pluviosidad que registra Gipuzkoa, con acumulaciones medias anuales en torno a 1.400 litros, resulta determinante para que el territorio se mantenga durante gran parte del año protegido del fuego. Además, la forma en la que precipita, de manera continua, -no hay un mes en el que en condiciones normales no llueva- hace que la humedad que se acumula en los bosques dificulte sobremanera la propagación del fuego.

Las cifras

2.015
es el año en el que se registró el último gran incendio en Gipuzkoa, que tuvo lugar en el monte Igeldo. Entonces, el fuego devoró 178 hectáreas y se acercó a zonas habitadas.
12.000 hectáreas
han ardido estos días en Galicia, lo que equivale al 5,5% de la superficie de Gipuzkoa y a más del doble de la de San Sebastián.
4,5 millones
de euros ha invertido este año la Diputación en ayudas destinadas al mantenimiento, mejora y desarrollo de los bosques del territorio.
46 guardias forestales
y diez técnicos que les acompañan hay en Gipuzkoa para frenar y minimizar los incendios.

Pero además de estas circunstancias climatológicas hay otras que favorecen que el umbral de esta clase de siniestros sea bajo. Gipuzkoa puede presumir de tener un bosque que, en términos generales, se halla limpio de maleza y dotado de una adecuada red viaria que en casos de incendio posibilita a los equipos de extinción el acceso rápido a lugares por lejanos que puedan estar. Estos dos factores son, a juicio de los expertos, determinantes para frenar la propagación de los focos y en última instancia hacen que las superficies calcinadas sean reducidas.

Precisamente, la Diputación ha destinado este año un total de 4,5 millones de euros en ayudas destinadas al mantenimiento, mejora y desarrollo de los bosques del territorio. Estas aportaciones están dirigidas a apoyar distintas acciones, entre ellas la prevención y reparación de los daños causados a los bosques por incendios, desastres naturales y catástrofes, corta de pinares envejecidos, evitando plagas y enfermedades; o servicios silvoambientales y climáticos y conservación de los bosques, entre otros.

Época crítica

Pero además de todo lo anterior, Gipuzkoa dispone de recursos para hacer frente a los siniestros cuando estos ya se han desatado. Para frenar y minimizar sus efectos, cuenta con 46 guardas forestales y diez técnicos que les acompañan. Hay asimismo una red de voluntarios organizados en trece retenes que cuentan con seis cisternas. Y si con ellos no bastara para controlar el foco, el territorio tiene nueve parques de bomberos estratégicamente repartidos. Los meses más críticos para la generación de incendios en Gipuzkoa son los comprendidos entre el otoño y el invierno. Los tradicionales vientos de componente sur, tan esperados por otro lado por los cazadores, junto a la menor pluviosidad estival hacen que octubre y noviembre resulten más propicios. Por otro lado, las heladas del invierno refuerzan la sequedad en los árboles y favorecen también este tipo de siniestros. A partir de la primavera, sin embargo, el riesgo desciende de manera notable debido a la llegada de las lluvias.

El conjunto de las acciones diseñadas por la Diputación y las circunstancias derivadas del clima cantábrico hacen que Gipuzkoa no cuente con áreas que puedan ser consideradas especialmente críticas por el número de incendios que se puedan producir. No obstante, hay tres espacios que, de manera repetida, han acumulado un número de fuegos superior al de otras zonas. Las laderas de Jaizkibel, una parte del monte Ulia e Igeldo, en el área de Mendizorrotz, han sido escenario de no pocos sucesos. El último incendio de relevancia registrado en el territorio se desató precisamente en Igeldo. Fue en diciembre de 2015. Entonces ardieron 178 hectáreas y las llamas se acercaron a zonas habitadas.

Ha existido y aún perdura la sospecha de que los fuegos en estas tres zonas obedecían a intereses particulares, ya fueran urbanísticos, forestalistas o de otra índole. «Se ha solido especular sobre estas motivaciones. El que se registró en diciembre de 2015 en Igeldo se investigó y no se apreciaron indicios de que fuera intencionado. Pero por otro lado, hay que recordar que los montes disponen de planes de ordenación y que, por lo tanto, las zonas en las que se pueden construir están perfectamente delimitadas. Son espacios protegidos por normativa europea. Incluso la norma foral regula que en una zona en la que se haya originado un incendio no puede haber un cambio de uso en los próximos años. Por tanto, sobre la intencionalidad de los mismos pienso que obedecen más a especulaciones», afirma Arantxa Ariztimuño, directora general de Montes y Medio Rural de la Diputación de Gipuzkoa.

Algunos, intencionados

La responsable foral, no obstante, se atreve a descartar que «en Gipuzkoa exista una problemática con los incendios intencionados», aunque no descarta que algunos hayan podido ser causados de forma voluntaria.

En opinión de Ariztimuño, esta sucesión de fuegos en Jaizkibel, Igeldo y Ulia obedece más a que «son áreas que se encuentran próximas a los espacios más poblados de Gipuzkoa, que, además, albergan zonas de ocio que precisamente por esta cercanía con las urbes son muy frecuentadas. Ello hace que las posibilidades de que se produzcan negligencias sea mayor».

Para evitar precisamente estas imprudencias, Ariztimuño apuesta por fomentar la educación medioambiental y la concienciación. «Ofrecemos consejos llenos de lógica y sentido común, como que no se utilice material pirotécnico, que la gente tenga cuidado con los cigarrillos, que no se hagan fuegos en espacios que no están habilitados para ello, que se preste mucha atención a la basura que se deposita y a los vidrios...», concluye la directora general de Montes.

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