Gipuzkoa arranca el año con 837 personas a la espera de una plaza en residencia, un 7% menos

Más de 28.000 guipuzcoanos sufren algún tipo de dependencia, la mayoría asociada a la vejez. /AYGÜES
Más de 28.000 guipuzcoanos sufren algún tipo de dependencia, la mayoría asociada a la vejez. / AYGÜES

La Diputación atribuye este respiro al aumento de camas concertadas, 68 en 2017. La mejoría debe prolongarse para certificar que se trata de un cambio de tendencia a largo plazo y no un descenso estacional

Arantxa Aldaz
ARANTXA ALDAZSan Sebastián

Los cierres de año suelen llevar aparejados balances estadísticos que permiten observar evoluciones y tendencias. Uno de los datos estrella en la gestión de los recursos sociales es el de la lista de espera para entrar en una residencia de personas mayores (pública o concertada), en las que se invierte cada año 99 millones de las arcas forales. La escasez de plazas, junto con una mayor demanda de una sociedad envejecida, ha situado el problema en el centro de las preocupaciones del gobierno de la Diputación de Gipuzkoa (PNV/PSE) y de las críticas por parte de la oposición. El incremento del número de personas a la espera, que se disparó un 25% en solo un año, urgió a tomar medidas para intentar responder con más agilidad a la gestión de plazas.

El quebradero de cabeza para los responsables de la Diputación, y en particular para los del Departamento de Políticas Sociales, no ha desaparecido, pero el final de año sí ha permitido cierto alivio. Tras rozar en julio la temida cifra de las mil personas sin recibir el recurso solicitado, desde entonces el dato ha ido retrocediendo, hasta situarse en diciembre en 837 personas, un 7% menos que un año antes, y un 12% menos desde el máximo de verano.

Las claves

Máximos en verano:
El descenso empezó a materializarse en julio, tras rozar las 1.000 personas apuntadas para una plaza
Más plazas concertadas:
El Departamento foral de Políticas Sociales #abrirá otras 82 plazas a lo largo de este año

La Diputación atribuye este respiro al efecto que ha tenido la apertura de plazas, una de las recetas administradas para intentar solucionar el problema. «La puesta en marcha del plan de medidas adoptadas desde el inicio de legislatura está permitiendo que la lista de espera se esté reduciendo. Así lo demuestra el hecho de que en 2017 los mayores descensos coinciden en el tiempo con la apertura de las nuevas plazas», asegura la diputada Maite Peña. El año pasado, en concreto, el Departamento de Políticas Sociales concertó 68 camas en residencias, y este año se sumarán otras 82. En total, el compromiso para 2019 es abrir un total de 300 nuevas plazas en recursos para personas mayores. En esa hoja de ruta anunciada por la Diputación para afrontar el envejecimiento hay que añadir las dos mayores inversiones de la cartera para esta legislatura: la construcción del futuro centro del envejecimiento en Pasaia, que supondrá un desembolso de 30,7 millones -el más elevado-, y la apertura de la residencia de Arbes en Irun, con una inversión de 15 millones.

El plan foral confía también en que dé pronto resultado otra de las medidas adoptadas y no exentas de debate: el refuerzo de la prestación vinculada al servicio, la ayuda económica que la Diputación da a las personas que optan por una plaza privada cuando no hay un recurso público disponible. Los cambios en el sistema de prestaciones de dependencia entraron en vigor el pasado 1 de enero, y entre ellos destaca la mayor financiación a la citada subvención, una apuesta con la que EH Bildu y Podemos no están de acuerdo, al entender que se trata de un «cheque servicio» del que se podrán beneficiar únicamente las familias de mayor renta que puedan pagar una plaza privada (alrededor de 2.500 euros al mes). La lectura que hace la Diputación es opuesta y defiende que, con una ayuda más atractiva, quedarán más plazas públicas libres para los dependientes con menores recursos.

El 75% están atendidos

La mejoría experimentada estos seis últimos meses no permite levantar el pie del acelerador y obliga a los responsables forales a mantener los esfuerzos comprometidos. De hecho, es pronto para hablar de cambio de tendencia y habrá que esperar a que el descenso se prolongue para confirmar que no se trata de un espejismo coyuntural.

De momento, lo que sí se ha conseguido es alejar unos cuantos metros el fantasma de una lista de espera al alza, por encima incluso de las previsiones hechas por el Departamento. En septiembre, calculaban que la cifra se rebajaría en 70 personas, de las 957 en espera a las 857. El saldo en diciembre era de 837 personas. Y en enero, según informa el Departamento, se ha vuelto a contraer hasta las 827 personas.

No recibir una plaza pública o concertada para ingresar en una residencia no significa que estas personas estén desatendidas, ha insistido en sus explicaciones la diputada del área. El 75% de ellas ya reciben algún tipo de ayuda -a través de las prestaciones de dependencia- o servicio en sus casas, y «únicamente 204 personas no reciben ningún tipo de atención de la red pública».

Otra de las aclaraciones que hace el Departamento es que la lista de espera nunca se va a poder eliminar del todo. «El objetivo no debe ser la eliminación de la lista al cien por cien, ya que para la gestión de los centros sea eficiente es conveniente disponer de una relación de personas que posibilite la cobertura inmediata de las bajas que se dan en los centros», que suelen elevarse en invierno, con la temporada de la gripe, este año más adelantada de lo habitual.

La diputada de Políticas Sociales recuerda que, además del mayor apoyo a la creación de plazas en residencias, el Departamento mantiene la apuesta por la atención «de calidad» de las personas mayores en sus domicilios, dado que el 80% de los dependientes prefieren residir en su casa antes que dar el paso de ir a un centro, subraya. A día de hoy, frente a las 6.000 personas ingresadas en un geriátrico, hay 16.000 personas que perciben prestaciones por dependencia, 1.500 acuden a un centro de día, 715 realizan estancias temporales y 2.800 se benefician de productos de apoyo técnicos y reformas en domicilios para adaptarlos a las necesidades derivadas de la dependencia. En ese camino, remarca Peña, este año se reforzará el servicio de atención domiciliaria y se pondrá en marcha el proyecto piloto ‘Etxean Bizi’.

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