Gipuzkoa acoge ya a más menores en familias que en centros tutelados

Purificación Urtxegi, madre de acogida, junto a la diputada Maite Peña.
Purificación Urtxegi, madre de acogida, junto a la diputada Maite Peña. / SARA SANTOS

La Diputación foral busca familias «comprometidas» que acojan a 45 menores que ya cumplen los requisitos para el traslado

AMALIA IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.

¿Por qué no? Es la pregunta que Purificación Urtxegi, madre de acogida, le plantearía a toda persona que esté barajando la posibilidad de recibir a un menor tutelado en su hogar. «A quien no quiera acoger no le diría nada, pero a quien esté dudando, le contaría que mi experiencia me dice que lo hagas. Que te atrevas». Urtxegi dio el salto cuando Irune apenas tenía 7 meses. Hoy tiene 11 años y siguen formando un frente unido. «Aprendes mucho de los niños, ¿sabes?», comentaba ayer como el mejor reclamo para atraer a nuevas familias, necesarias, a este sistema de protección. «El compartir, la generosidad, la empatía... Son valores que he aprendido de esta experiencia. De hecho, por mi situación y la de Irune, que es una niña con necesidades especiales que afortunadamente puedo proveerle, estoy pensando en sumarme también al sistema de acogidas de urgencia».

Gracias a madres y padres como Purificación, por primera vez en Gipuzkoa son más los menores que viven en familias de acogida (356) que los que viven en centros o pisos, un total de 316. De estos últimos, hay 45 que ya están listos para trasladarse con alguna familia. Y por eso, Maite Peña, diputada de Políticas Sociales, hizo ayer un llamamiento a la ciudadanía que esté pensando en acoger a un menor. «Necesitamos familias que quieran acoger a estos 45 menores tutelados porque cuando tienes 3, 8 o 13 años, el único lugar en el que deberías vivir es en una casa con una familia», indicaba.

En cuanto a los perfiles de familia que se necesitan, la diputada insistió en la «diversidad» de necesidades de los niños, y por tanto en la necesidad de familias diversas. Hay niños menores de 4 años con necesidades especiales, que precisan hogares «sensibles a estas necesidades físicas y emocionales». También hay bebés de varias religiones y culturas, cuyas familias de acogida tendrán «la labor de preservar y aceptarlas, educando al niño en lo mejor de la doble realidad de su situación». En tercer lugar, hay hermanos y hermanas que tienen que estar en jutnos «por su propio bien».

En cuarto lugar, está el perfil de los niños de más de seis años que no presentan problemas de comportamiento alguno, pero que necesitan vivir «con naturalidad el mantenimiento de la relación con la familia biológica». También se necesitan familias monoparentales para los niños y niñas que hayan crecido o necesiten hacerlo en ese marco concreto, y niños que requieren acogimiento temporal, que suele durar unos pocos meses. En estos casos, insistía Peña, «es importante que los 'padres' contemplen la necesidad de que el menor tenga una relación estrecha con su familia de origen».

Por último, hay también adolescentes que no presentan problemas de comportamiento pero tienen dificultades para relacionarse en contextos de intimidad emocional. Por eso, las familias a las que quieren interpelar son «cualquiera que tenga el interés y la capacidad. No se busca un perfil específico, sino uno que se adapte a los niños y niñas. Padres solteros, madres solteras, parejas de diferentes orientaciones sexuales... Todas las que vivan en un hogar 'normalizado' son bienvenidas», detalló la diputada. Tener «voluntad» y asumir «un compromiso firme» son los únicos requisitos de base que pide la institución foral, al considerar que el proceso se realiza, siempre y cuando las familias de acogida sean las «adecuadas».

El caso de Urtxegi es singular, porque la niña ya formaba parte de su entorno antes de realizar el proceso de acogida. «A mí Irune no me ha aportado más que vida y alegría, pero al principio me asustó», aseguraba. «Me dio miedo la situación, la forma en la que entró en mi vida, porque yo no conocía lo que es el acogimiento».

Un proceso largo

La relación entre Purificación e Irune hizo que el proceso se alargara. Lo común es que los menores tutelados por la Diputación pasen una fase de formación y preparación para la acogida, al igual que las familias. Después se realizan los primeros contactos, aunque se procura no sacar al menor de su entorno. Todo el proceso duró en el caso de Urtxegi un par de años porque «empecé dando palos de ciego. No sabía cómo hacerlo e inevitablemente se me hizo largo».

Al echar la vista atrás, afirma haber aprendido que «la vida se hace día a día. Ella y yo ahora somos inseparables. He ganado en perspectiva tras nuestra convivencia, conociéndola». También quiso compartir otras experiencias que conoce. «Las familias que ya tenían hijos, por ejemplo, hablan del impacto de la experiencia en estos niños de forma muy positiva y gratificante. Tomaron la decisión en conjunto y les ha ayudado a crecer».

Para más información, escribir a la dirección de correo electrónico familiaharrera@gipuzkoa.eus o llamar al 943 112522.

La cifra

672
es la cantidad de menores tutelados por la Diputación. 356 residen en domicilios de acogida y 316 en centros forales, 45 de los cuales están preparados para salir.

Perfiles de los menores

Menores a los 4 años
que tienen necesidades especiales.
Bebés:
Algunos de estos son de diferentes religiones y culturas.
Hermanos
que no deben ser separados.
Adolescentes y mayores de seis años
sin problemas de comportamiento.
Familias monoparentales:
Para cuidar a niños que así lo necesitan.

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