Las 'gentes de mala raza' de Gipuzkoa

Guipuzcoanos de la segunda mitad del siglo XVI/
Guipuzcoanos de la segunda mitad del siglo XVI

Durante siglos judíos, moros, negros, mulatos, agotes y gitanos fueron perseguidos y expulsados del territorio

Antton Iparraguirre
ANTTON IPARRAGUIRRESan Sebastián

Es evidente que Gipuzkoa es cada vez más multiétnico, y por tanto multicultural, pero esto no evita que se produzcan casos de racismo y xenofobia. Desde hace siglos el 'distinto' no ha sido bien visto por una parte de la ciudadanía de nuestro territorio. En la Edad Media se calificaba como 'gentes de mala raza' a los judíos, moros, negros, mulatos, agotes, gitanos, y a sus descendientes.

Según los historiadores, el origen de esta xenofobia se encuentra en que, al igual que los otros territorios vascos, Gipuzkoa intentaba mantener su idiosincrasia a través de un mecanismo conocido como 'de defensa grupal'. Además, defendía a ultranza la condición social del hidalgo. Y es que gracias a ella todos los guipuzcoanos son 'hijosdalgo'. Esta figura fue reconocida por la ley 38 de las Ordenanzas de la Hermandad de 1397. La misma declaración se hace en el capítulo 36 de las Ordenanzas del año 1463. Posteriormente fue reconocida y ejecutada en sentencia dictada por Felipe III en 1608 y 1610.

La prohibición a los no 'hijosdalgo' La Real Cédula de 1510

La hidalguía reforzó que en 1510 se aplicara en Gipuzkoa una Real Cédula dictada por la reina Juana I de Castilla. La misma declaraba que ninguna persona que descendiese de linaje de judío o de moro, "o que fuese cristiano nuevamente convertido de estas sectas a la religión católica, pudiese avecindarse, ni vivir, ni morar" en esta provincia. La monarca alegó que estas personas habían venido de Castilla a nuestro territorio por temor del Santo Oficio -no hay que olvidar que Gipuzkoa era paso obligado para llegar a Francia-, con el fin de estar exentas y decirse hijosdalgo; "de lo cual se podrían seguir algunos daños e inconvenientes, que convendría remediar en servicio de Dios y de Su Majestad". Esa normativa concedía a los 'diferentes' un plazo de tres meses para abandonar el territorio, bajo amenaza de embargo y de cárcel, a la vez que especificaba castigos contra todo el que intente ampararlos o defenderlos. La orden se asumió con presteza y naturalidad al coincidir con la hidalguía universal del solar gipuzcoano.

Además, es significativo un texto aprobado por las Juntas Generales de Gipuzkoa en Deba en 1644: "(...) para que todos los moros y moras, negros y negras, mulatos y mulatas que hubiese residentes en esta provincia fuesen echados de ella (...) y que la ejecución de lo susodicho conviene mucho porque no se mezcle ni corrompa la limpieza y nobleza de la sangre de los de esta provincia con la de otras gentes de los géneros referidos". "Se ordena y manda que ninguna persona de cualquiera calidad y condición que sea de aquí adelante no pueda traer ni tener en esta provincia nigún moro, mora, negro, negra, mulato ni mulata, y en caso de contravención las justicias ordinarias de esta dicha provincia prendan y pongan en la cárcel a cuantos hallaren de los géneros referidos y no los suelten si no es para ser echados de la dicha provincia; y si vinieren a ella de presa algunos de los dichos géneros y se vendieren en la dicha provincia, los compradores dentro de ocho días dispongan de ellos de manera que salgan de ella".

Judios Expulsiones en municipios concretos

Un repaso a la historia de Gipuzkoa señala que en la Edad Media apenas existía un establecimiento permanente de judíos en el territorio. Estaban diseminados en concretos municipios, y curiosamente muchos de los que llegaban era desde Vitoria para encargarse de la recaudación de las rentas reales. Realizada su labor volvían rápidamente a su domicilio más seguro en la capital alavesa. Los investigadores consideran esto probado indicando que no existen noticias ni vestigios de la existencia de sinagogas. Una razón podría ser que el territorio apenas contaba con recursos económicos o un comercio pujante que pudiera resultar atrayente a unos individuos caracterizados siempre por ser excelentes negociadores y grandes empresarios. Por tanto, la población judía no era muy extensa en Gipuzkoa, pero sobre ellos se aplicó la orden real que exigía su expulsión del territorio.

Moriscos Entre las conversiones y los matrimonios para salvarse

Al igual que en otros lugares del reino de España, en Gipuzkoa también se difundió un claro sentimiento antimorisco, con muchas disposiciones de las Juntas Generales contra este pueblo y una persecución con mayor o menor celo, que se acentuó durante los siguientes decenios. El 9 de abril de 1609, el rey Felipe III firmó el decreto de expulsión de la nación morisca. Al igual que con los judíos también hubo expulsiones en nuestro territorio, pero no faltaron, tampoco, excepciones debido a que se produjeron interesadas o ciertas conversiones del Islam a la Religión Católica y matrimonios mixtos que dificultaban las acusaciones de las autoridades. Incluso hubo alcaldes 'valientes y tolerantes' que no informaban de la vuelta al municipio de vecinos que habían sido obligados a dejar su casa por "moro".

Negros y mulatos Los esclavos y los matrimonios mixtos

Los esclavos que llegaron a Gipuzkoa eran producto de la guerra de religión y de la colonización y explotación de África y América. La medida de expulsión afectó, sobre todo, a capitanes generales y otras personas de categoría que regresaron a sus casas solariegas tras servir al Rey en Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, y otras posesiones en ultramar.

Los esclavos solían ser marcados a fuego con distintas señales para reconocer su condición jurídica y evitar fugas. Una de las marcas más habituales era una S y una I bien visibles en cada carrillo: Sirte Iure (sin derechos).

Entre los negros que al principio sorprendían y asustaban a sus convecinos guipuzcoanos había esclavos, pero también hijos de los 'amos', a los que estos últimos intentaban casar con hidalgas locales para que no pudieran ser expulsados del territorio por su color. Esto explica la existencia de matrimonios mixtos que a pesar de no ser muy bien vistos en algunos lugares sí existieron durante mucho tiempo, y complicaron la aplicación de las órdenes de expulsión del territorio.

Agotes Los misteriosos e indeseados artesanos paganos

Las persecuciones también a afectaron a personas que no se diferenciaban por motivo de raza a los guipuzcoanos. Eran los agotes, personas establecidas en la zona de Pasaia, valle del Baztán y al otro lado de los Pirineos. Es un misterio tanto el origen de su nombre como de dónde procedían. Eran artesanos que trabajaban la piedra y la madera, y más tarde también el hierro. Fueron acusados durante siglos de mantener prácticas religiosas paganas, e incluso de tener poderes mágicos. Se les responsabilizó, además, de todos los desastres naturales y de las malas cosechas. Durante casi ocho siglos fueron víctimas de discriminación, pero todavía hoy se desconocen las razones. Se sabe que fueron expulsados tanto de las zonas costeras como del Goierri.

En 1698 las Juntas Generales ordenaron la expulsión de los agotes por considerarlos indeseables.

Gitanos El pueblo al que se culpaba de todo y al que se podía matar lícitamente

Una Real pragmática de 1499 toleraba la residencia de los gitanos en el país, a condición de domiciliarse y dedicarse a algún oficio. Sin embargo, en Gipuzkoa también eran considerados 'gente de mala raza'.

La primera mención oficial en Gipuzkoa sobre este pueblo tiene lugar en 1as Juntas Generales celebradas en Tolosa en mayo de 1604, y no fue nada positiva para los gitanos. En el escrito se denunciaban los robos que cometían, y se acordó que las justicias ordinarias los prendiesen y expulsasen de su respectiva jurisdicción hasta hacerlos sacar de todo el territorio guipuzcoano. Ofrecieron además el premio de doscientos reales a cualquiera que cogiese a un gitano varón, y cincuenta por cada mujer ó moza; declarando que si oponían resistencia a su arresto, se las podía matar lícitamente, y que la provincia saldría a la defensa del matador.

Hay otras disposiciones muy duras, como la de 1695, y que lleva a una extrema persecución con prohibición del uso de la lengua, traje, porte de armas, y la orden de empadronamiento obligatorio bajo pena de galeras, azote y destierro. Algunos gitanos lo hacen y otros huyen del territorio.

El Parlamento guipuzcoano fue promulgando varias disposiciones hasta casi finales del siglo XIX. Así, en las Juntas celebradas en Mutriku en 1851 se encargó a la Diputación el cuidado de hacer desaparecer del territorio de la provincia a todas las personas de esta raza, que no tuviesen un modo de vivir honroso para subvenir a sus precisas necesidades. En el pleno itinerante de Hernani en 1855 se decretó su expulsión por medio de miqueletes siempre que no justificasen tener casa abierta y domicilio fijo en algún pueblo de la provincia. Con semejante disposición quedó tolerada tácitamente la residencia de estas gentes en el país, mientras cumpliesen los requisitos exigidos para ello. Lo cierto es que en pleno siglo XXI todavía se producen episodios de rechazo y animadversión hacia este pueblo.

Antiguo sello de las Juntas de Gipuzkoa
Antiguo sello de las Juntas de Gipuzkoa
La realidad durante siglos Una persecución no tan sistemática

Puede parecer que existía una persecución sistemática contra esta 'gente de mala raza' en Gipuzkoa, pero la historia revela que no fue así. La persecución no fue tan dura, como lo muestran los reiterados mandatos de las Juntas Generales a los alcaldes para que actuaran con mayor celo. A pesar de que las órdenes de expulsión eran pregonadas en las iglesias, parece que en algunas localidades, y para no pocos alcaldes y ciudadanos guipuzcoanos, no se veía ningún peligro o inconveniente en la convivencia. Incluso se dan casos de matrimonios mixtos, como el caso documentado de un vecino de Eibar con una mujer africana. Tampoco era tan fácil la expulsión de personas de otro origen que tuvieran una cierta posición social y económica. Asimismo, en el caso de los esclavos, sus ‘dueños’ hacían valer su derecho a no ser desprendidos de una propiedad. No faltaron los pleitos de apelación por parte de los afectados que podían recurrir a otras instancias, y esto suponía, además, un coste para las arcas provinciales.

Hubo que esperar hasta 1835 para que una Real Orden, propiciada por los masones, aboliera los estatutos de limpieza de sangre, si bien, para acceder a la oficialidad en el ejército todavía fueron mantenidos hasta 1859. En 1870, la pureza de sangre dejó de funcionar como criterio para la admisión a cargos de profesor o de funcionario de la Administración Pública.

Nadie puede negar que los guipuzcoanos tenemos un pasado xenófobo y desgraciadamente todavía quedan reminiscencias. ¿Será porque seguimos sintiéndonos hijosdalgo y, por ende, superiores a las personas venidas de otros territorios? Cuando nos encontremos cara a cara con un foráneo de otra raza o religión que cada uno no se mire a su interior, llegue a una respuesta acorde con su conciencia y luego actúe en consecuencia. Pero sin olvidar lo que escribió el expresidente sudafricano Nelson Mandela: "Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión". O, también lo que dijo el escritor estadounidense William Faulkner: "Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar contra la igualdad por motivo de raza o de color es como vivir en Alaska y estar contra la nieve".

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