la paz de los fogones

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

No hablamos de política porque los restaurantes siempre han sido un espacio de convivencia donde se reúnen gentes de todas las ideas». A Joan Roca le tocaba ayer repetirlo muchas veces. El chef de Girona era protagonista el mismo día en que la actualidad miraba a Cataluña. Pero Roca, uno de los mejores cocineros del mundo, fue a lo suyo: contar su última aventura, la búsqueda de las raíces de la cocina. Y presentó en el Kursaal uno de sus resultados: el homenaje a la parrilla de Elkano.

Fue un símbolo de encuentro y convivencia en un congreso que combina la seriedad con la fiesta. Como dice el periodista Carlos Maribona, la cita de Donostia no solo fue pionera en el sector; es la que más disfrutan los profesionales porque se juntan en bares y restaurantes, charlan sobre sus problemas y virtudes, aprenden y se relajan a la vez.

Es el congreso a escala humana que atrae a tanta gente. Estos días se ve por los pasillos del Kursaal a Juande Ramos, exentrenador del Real Madrid, o a Eusebio Sacristán mister de la Real, viendo novedades al lado de leyendas más cercanas como Txomin Perurena.

Y en ese laberinto de jamones y vinos hay puntos neurálgicos donde encontrarse. El stand de Carrasco y sus amigos de Mardu es el kilómetro 0 del congreso, el espacio donde se cuecen amistades, negocios y noticias. El asador que coordina Ana Elósegui, con la carne de Guikar, es la reserva de la felicidad. Jesús Sainz, el gurú de la empresa, aporta chuletas y reflexiones que cocinan (las chuletas, no las reflexioens) Ander Esarte, del Txuleta, y Aitor Manterola, de Patxikuenea. En el Comedor Gipuzkoa Xabier Zabaleta, del Aratz, y las gentes de Jakitea aportan los sabores de la cocina tradicional vasca. Y en el comedor de DV y Divinus también se cuecen aventuras. Son la otra cara del congreso: más allá de las ponencias de los mejores cocineros, el espacio donde se convive... y se brinda.

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