Del flirteo en internet al suicidio colectivo

Las redes sociales son una vía fácil para localizar jóvenes con problemas sociales./DV
Las redes sociales son una vía fácil para localizar jóvenes con problemas sociales. / DV

La menor guipuzcoana involucrada en el grupo que planeaba la muerte pactada comenzó un «tonteo» con el inductor a través de Instagram

AIENDE S. JIMÉNEZSAN SEBASTIÁN.

Las redes sociales son la principal manera que tienen los jóvenes para relacionarse. Instagram, Facebook o Snapchat son las herramientas que utilizan la mayoría para comunicarse con amigos o conocidos, pero también para descubrir gente nueva gracias a las fotos y las reflexiones que los chavales hacen en sus perfiles. Una retransmisión de su día a día que da muchas pistas sobre su personalidad, aficiones y costumbres.

Un 'juego' inocente que en las manos equivocadas puede convertirse en un auténtico peligro. Es el caso de la menor guipuzcoana que participó durante varios meses en un grupo de Instagram en el que sus integrantes pactaron un suicidio colectivo que iba a llevarse a cabo el 17 de agosto. La joven conoció al gestor del grupo y presunto inductor del suicidio -un joven de 17 años que ha sido detenido en Argentina- a través de un chat de un juego de internet, y entre ellos comenzó enseguida «una especie de flirteo», tal y como aseguró Hugo Prieto, jefe del Área de Delitos contra las Personas de la Ertzaintza.

Tras ese primer contacto y unas conversaciones en Instagram, el instigador introdujo rápidamente a la menor guipuzcoana en un grupo privado en el que ya participaban otras cuatro personas, además del propio gestor. En el mismo los jóvenes hablaban de realizar un suicidio colectivo, y se autoinflingian lesiones por orden del líder como muestra de que estaban dispuestos a cumplir su promesa.

Durante unos dos meses la joven de Gipuzkoa asistió a conversaciones en las que cada participante proponía una forma de llevar a cabo el suicidio. «Algunos hablaban de cortarse las venas con cuchillas de afeitar, otros de utilizar un cuchillo, y otros de ingerir una gran cantidad de pastillas», afirma Prieto.

Dos meses en los que su entorno no fue capaz de detectar lo que la menor estaba a punto de cometer. Fue ella misma quien, finalmente, decidió comunicar a una educadora de la Diputación encargada de su vigilancia lo que estaba ocurriendo, quien a su vez denunció el caso ante la Ertzaintza. Unos hechos que no hacen sino demostrar lo fácil que resulta para algunas personas manipular la mente de jóvenes «con deficiencia de adaptación y problemas sociales que buscan en la red a otro grupo de iguales que sean capaces de entenderles», afirma el jefe de la Ertzaintza. En este caso, los integrantes del grupo compartían sus inquietudes «y se retroalimentaban con sus problemas», añade Prieto.

Jóvenes «con problemas sociales y que buscan comprensión en la red», los más fáciles de captar

La menor guipuzcoana participó en el grupo durante meses sin que su entorno lo supiera

La preocupación sobre el número de menores suicidados por juegos o instigaciones a través de la red es creciente en todo el planeta. La alarma saltó con la aparición del macabro juego conocido como 'la ballena azul', en el que los jóvenes deben cumplir una serie de peligrosas pruebas. La última es morir lanzándose al vacío desde una gran altura. Un juego cuyo origen se sitúa en Rusia y que ha causado la muerte de muchos jóvenes en todo el mundo.

La Ertzaintza se apresuró a aclarar que el caso del suicidio colectivo frustrado gracias a su trabajo conjunto con la fiscalía guipuzcoana, no tiene nada que ver con 'la ballena azul', ya que no existían fases progresivas sino que «el inductor trató de lograr el compromiso del grupo para consumar de manera conjunta el suicidio de todos sus integrantes».

El fiscal especialista en Criminalidad Informática de San Sebastián, Javier Zaragoza, señala a este periódico que el aumento de este tipo de delitos es «preocupante en muchos lugares del mundo», aunque actualmente la fiscalía de Gipuzkoa no tenga ningún caso similar en sus manos.

«Un mar de delitos»

Tras la denuncia de la educadora de la menor, la unidad de Delitos Informáticos de la Ertzaintza se puso manos a la obra y empezó a seguir el rastro del grupo en la red, un rastro que les llevó hasta Argentina. El adelanto de la fecha del suicidio, -que en un primer momento estaba previsto para finales de este año-, al 17 de agosto dinamitó la investigación, y la policía vasca decidió poner los hechos en conocimiento de la Interpol y del Juzgado de Instrucción Número 1 de San Sebastián. Tras entrevistar a la menor guipuzcoana, el fiscal Javier Zaragoza optó por abrir una vía directa con el fiscal de Argentina para «acelerar el proceso» ante la cercanía de la fecha prevista para el suicidio. La Policía Federal Argentina detuvo el pasado 11 de agosto al presunto inductor, un joven de 17 años, en su domicilio de San José, en la provincia de Entre Ríos.

Desde la Ertzaintza aseguran que este tipo de investigaciones resultan muy complejas «porque la red es un mar muy amplio en el que si tiras la caña siempre pescas algún delito», por lo que hay que estar «muy pendientes de todo lo que ocurre, siempre vigilando cualquier delito que pueda surgir y actuando sobre las amenazas de las que tenemos constancia».

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