«Esta figura exige más precisión en el acuerdo», recalca una notaria

A. C. SAN SEBASTIÁN.

A María Remedios Aguirre no le ha tocado dar validez a ninguna compraventa de nuda propiedad en la notaría de Errenteria donde trabaja, pero conoce perfectamente la ley que regula y el tipo de acuerdos que deben sustentar una transacción inmobiliaria de ese tipo. «Exige más información y más precisión en cuanto a los pactos que se establezcan», sobre todo, los relativos al reparto de los gastos entre el nuevo propietario del continente y la persona que usa y disfruta de la casa como usufructuario.

Como norma general, el IBI, los gastos extraordinarios de la comunidad (obras de rehabilitación, ascensores...) y el seguro del continente corren a cargo del nudo propietario; y los comunes (cuota de comunidad, luz, aguas...) del inquilino. «Pero todo depende siempre del acuerdo, privado, al que se llegue», insiste la notaria echando mano del Código Civil que regula la figura, y en línea con el mensaje de los agentes inmobiliarios que han mediado en alguna de estas transacciones. «Mi deber», añade Aguirre, es «dar fe de la capacidad y la voluntad, es decir, que ambas partes saben lo que hacen y quieren hacerlo», recalca pensando en casos de herencias.

Atención a los alquileres

La notaria, que entiende el recurso de algunas personas mayores a esta fórmula como salida para complementar pensiones a veces muy bajas, insiste en el asesoramiento. Y apunta además algunas derivadas de esta transacción inmobiliaria, como la afección a posibles inquilinos.

«Si yo estuviera de alquiler en un piso en usufructo, pediría también la firma del nudo propietario, porque en el momento en que el usufructuario fallezca, el contrato de arrendamiento con él se extingue y el propietario de la vivienda, ya al 100%, no tiene ninguna obligación de mantener el alquiler», pone como ejemplo.

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