La familia Torres presenta la cata más improbable del congreso

El público abarrotó la sala 10 para la cata de Torres. / SARA SANTOS

Se probaron los vinos que han nacido tras un proyecto de recuperación que surgió hace 30 años

I. V.

La familia Torres dirigió una de las catas más sorprendentes de San Sebastian Gastronomika. Hace treinta años puso en marcha un proyecto «apasionante» y pusieron el foco en la recuperación de variedades de uvas ancestrales que se creían extinguidas debido a los estragos causados por una plaga de filoxera a finales de siglo.

Tal y como señalan desde la familia Torres, el proyecto «ha recuperado el patrimonio vitivinícola de Cataluña y gracias al impulso de la quinta generación, se encuentra en plena efervescencia, con cerca de cincuenta variedades de las cuales seis tienen gran interés enológico». La mayoría de estos caldos están autorizados por el Ministerio de Agricultura.

Gracias al trabajo que realizaron junto a los agricultores, a mediados de los años ochenta, la familia Torres hizo un descubrimientos histórico. En las terrazas del Garraf, encontraron una cepa que los técnicos de la bodega, «a pesar de sus conocimientos y su experiencia», no lograban identificar. Se trataba de una variedad desconocida que, más tarde, pudieron reconocer como garró.

Durante diez años sanearon la cepa, realizaron una reproducción in vitro, se aclimató y se estudió para comprobar su adaptación, caracterización y potencial enológico. De esta manera, la garró se convirtió en el primer objeto de estudio del proyecto.

La cata en la que se degustaron seis de estos vinos elaborados desde las cepas recuperadas, es lo que pudieron probar los asistentes a esta cata improbable. «Una característica común de estas variedades son la capacidad de soportar altas temperaturas y sequía. Tienen una alta intensidad aromática y son especialmente interesantes al cambio climático».

Así, en la cata se pudieron probar un Forcada 2016, con Denominación de Penedès. Continuaron con un Pirene 2016 D.O. Costers del Segre, un Gonfaus 2016, D.O. Costers del Segre, un Moneu 2016 también D.O. Costers del Segre y finalizó con un Querol 2016 de la finca de Muralles D.O. Conca de Barberà.

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