Más que una escuela, una comunidad

Varios niños juegan a un particular 'tres en raya' ante la mirada de alumnas de sexto, organizadoras de las olimpiadas. / FOTOS FERNANDO DE LA HERA

Responsables del colegio público, donde alumnos y padres están implicados en el día a día, explican que «los niños se llevan las ideas de tolerancia e igualdad a casa». Dumboa, en Irun, es un centro prototipo de aprendizaje a través de la coeducación

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Unas jornadas sobre coeducación que el Departamento vasco de Educación organizó fueron el punto de partida para que los responsables de la escuela pública Dumboa de Irun, que cuenta con cursos hasta sexto grado de Primaria, decidiera replantearse la convivencia entre alumnos, profesores y padres en el centro, de forma que todos estuvieran implicados por igual. Antes ya funcionaban siguiendo el plan de convivencia y también tomaban parte del programa Nahiko, del que fueron uno de los centros pioneros en su aplicación. Es más, en quinto y sexto curso todavía se trabaja con el material que ofrecía Emakunde. Pero, como recuerda el director de esta escuela pública, José Félix Martínez de Antoñana, veían que era necesario dar un paso más hacia la coeducación. Como explica la jefa de estudios, Idoia Rekalde, «muchos de los casos de bullying tienen su origen en cuestiones de género».

Al mismo tiempo, el Gobierno Vasco había diseñado un plan director para la coeducación y la prevención de la violencia de género en el sistema educativo con unas bases teóricas, un documento que se ha convertido en la Biblia para este centro. El modelo del departamento dirigido por Cristina Uriarte «está basado en el desarrollo integral de las personas al margen de los estereotipos y roles en función del sexo, y que educa en el rechazo a toda forma de discriminación y de violencia sexista, posibilitando una orientación académica y profesional sin sesgo de género, contando con la participación y la implicación de todas las personas de la comunidad».

«Somos una comunidad de aprendizaje. No podemos hacer nada sin contar con los profesores, los padres o el alumnado, aunque sea un niño de seis años. Hemos conseguido una escuela políticamente muy correcta. Los alumnos saben lo que tienen que decir, por qué lo tienen que decir y cómo lo tienen que decir. La esperanza es que eso quede, deje un fondo», apostilla.

«Hemos conseguido una escuela políticamente muy correcta. Los niños saben qué tienen que decir»

«Somos el reflejo de lo que es la sociedad de Irun. Andas por Colón y ves gente latina, nigeriana...»

Las tertulias literarias de clásicos educan en temas como la amistad, la valentía y el diálogo

Mapamundi

En el patio, un mapamundi lleno de colores según los países de origen de los alumnos o de sus familias -porque ya hay bastantes de segunda generación- muestra la diversidad de esta escuela. Su director explica que «somos el reflejo de lo que es la sociedad de Irun. Andas por Colón y te puedes encontrar con gente latina, nigeriana, marroquí, del Sahara...».

Esta diversidad cultural ha sido uno de los temas del trabajo que realizaron en las últimas semanas del curso, y también un ejemplo de cómo funcionan en esta escuela. Luisma Rubio es un padre que toma parte en las reuniones que mantienen con los delegados de cada clase de primero a sexto. «Queríamos reflejar toda la riqueza del centro y que los alumnos lo vivieran, implicando también a las familias». El resultado se transformó en cuatro 'txokos' donde se encontraban los diferentes idiomas, gastronomías, costumbres y músicas de todo el mundo. «Uno de los momentos más bonitos se generó con una chica argelina. Estuvo enseñándoles palabras en árabe; a los niños les hacía mucha gracia la fonética e intentaban reproducirla», comenta Rubio, a lo que Rekalde añade que «luego lo llevan a su vida en la calle».

Cuestiones transversales

Esta experiencia es un ejemplo más de su filosofía de «comunidad de aprendizaje» basada en la participación de todos los estamentos, donde los alumnos sienten que tienen su espacio y pueden decir lo que piensan sobre temas que después se tratarán en diversas tutorías. «No vamos a hablar sobre matemáticas, sino sobre cuestiones transversales como la solidaridad, la multiculturalidad...».

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Temas que también se tratan en la comisión de delegados de padres, que se reúne una vez al mes. Al igual que sucede con los chavales -que también tienen un encuentro mensual-, estos tienen su delegado por cada clase. Con todos ellos se trabaja en función del tema que se vaya a desarrollar cada mes en el centro, siempre relacionado con la coeducación. Noviembre se centró en el día contra la violencia machista, marzo giró alrededor del día internacional de la mujer y mayo sobre el día contra la homofobia. El resultado de las reflexiones de los niños invade las paredes de la escuela. «Las familias conocen el trabajo que vamos a hacer y los delegados de los alumnos llevan a su clase esos temas con las pautas a seguir», explica el director del centro. Además, publican un boletín semanal que cuenta con una sección, 'Mira con gafas moradas', donde toda la comunidad es informada.

Martínez de Antoñana e Idoia Rekalde ponen un ejemplo de cómo abordan un tema: «Fue una experiencia muy bonita. Nos centramos en la publicidad de Chrysallis, la asociación de familias de menores transexuales. «Vimos las marquesinas en la calle, antes de todo el follón que se montó con el autobús, y nos dijimos que 'esto que está en la calle hay que llevarlo a la escuela para que, a su vez, llegue a los hogares'». Primero lo trabajaron con los delegados de las familias y después con los de aula. La asociación les envió el mismo material que había utilizado para su campaña y lo colocaron en las paredes para ver qué sensaciones creaba en los niños. «Les dejamos que cada uno sacara sus propias conclusiones. Un alumno de quinto decía que era imposible que hubiera niñas con pene», señala.

Después, abordaron el tema con las familias y los alumnos con el material didáctico y vídeos de Chrysallis. «Fue muy enriquecedor ver la evolución. Como la mariposa, todos nos fuimos trasformando de una manera natural. Cuando surgió el autobús de 'Hazte Oír' contra esa campaña, todos teníamos una opinión formada». Una madre puso reparos, «pero cuando conoció de primera mano cómo se estaba tratando el tema y entendió que era ella la que estaba trasmitiendo prejuicios a su hijo, también cambió de opinión. Es un ejemplo de lo que hacemos, desaprender ciertos estereotipos y formar nuevas ideas basadas en la convivencia y la tolerancia. Hay muchas familias musulmanas, y en temas como la transexualidad o la homosexualidad, podíamos encontrarnos con su rechazo, pero no ha habido ningún conflicto, confían plenamente en nosotros y es algo que no deja de sorprendernos», comenta la jefa de estudios.

Otra fórmula que emplean en su dinámica formativa es la tertulia literaria. Los chavales leen determinados textos y luego los reinterpretan con sus propias experiencias. «Son libros clásicos en los que se habla de la amistad, del hecho de ser valiente, de favorecer la resolución de los conflictos de forma dialogada», explica. 'El Quijote', 'Fuenteovejuna' o los escritos de Homero sirven para educar en esos principios a los alumnos de Dumboa y enseñarles que pueden cambiar la realidad a mejor.

REQUISITOS PARA SER UN CENTRO DE COEDUCACIÓN

Para presentarse a un proyecto de este tipo, se necesita el voto afirmativo de todos los miembros del claustro.
Se solicita una planificación de actuaciones para tres cursos, que no es inamovible porque con la ayuda de asesores se introducirán mejoras.
Para ser un centro integral se pide que tenga una trayectoria de trabajo en el tema.
Cuentan con asesoramiento del berritzegune zonal y con unas sesiones de coordinación con el berritzegune nagusia. Además, tienen preferencia en los berritzegunes cuando solicitan ayuda, intervención o formación.
Cuentan con recursos humanos extra (crédito horario de medio profesor o profesora por curso), para impulsar y coordinar el proyecto en el centro.
La velocidad de transformación del centro de escuela mixta a coeducadora tiene que ser mucho mayor que en los otros proyectos y, por tanto, abarcar más aspectos.
La participación de toda la comunidad tiene que llegar a ser una seña de identidad del centro.
Estos centros tienen que asegurar que en el Observatorio de la convivencia se integra la perspectiva de género.
Deben realizar un profundo diagnóstico y constante revisión sobre distintos aspectos que caracterizan a ese centro dentro de la coeducación, para trabajar después de forma más ajustada a la realidad.
La formación cobra una importancia especial y, con ayuda de los berritzegunes, debe estar dirigida a toda la comunidad y ser coherente con los temas que tienen que trabajar.

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