«Si la Ertzaintza le hubiese arrestado no habría tantos perjudicados»

Una damnificada se hizo pasar por otra persona para que la Policía pudiera detenerle

J.P.

Koro está profundamente disgustada, muy molesta, y no solo porque es una de las víctimas de la estafa. También lo está por la que considera «pésima» actuación que en este caso ha tenido la Ertzaintza. La perjudicada relató ayer a este periódico que tras interponer la correspondiente denuncia en dependencias de la Policía autonómica volvió a quedar con el mismo individuo. «Me hice pasar por otra persona e informé a la Ertzaintza de que se iba a producir este segundo encuentro. El día de la cita, los agentes no fueron capaces de detenerle. Me dijeron que no había orden judicial contra él y que no podían hacer nada. Ni se molestaron en llevarle a las dependencias policiales para aclarar lo sucedido. Lo dejaron marchar», relató ayer Koro.

La mujer explicó, asimismo, que los policías le ocuparon entonces un manojo de billetes. «Le intervinieron una importante cantidad de dinero que llevaba en el bolsillo. Era un fajo gordo. Los ertzainas me dijeron que lo incautaban».

Koro dice que no acierta a comprender cómo ahora los agentes de la Guardia urbana donostiarra han procedido a la detención del sospechoso y no lo hicieron los ertzainas cuando ella denunció el caso. «Si entonces le hubiesen arrestado, esta persona no habría seguido delinquiendo. La Ertzaintza no ha actuado nada bien, no ha hecho nada. Han sido incapaces de detenerle. Voy a ir a la comisaría a interesarme sobre el caso. Estoy indignada con ellos», afirma.

«También les dije que tenía miedo de que pudiera sufrir alguna represalia por parte del detenido. Su respuesta fue que el sospechoso no era de ese perfil», añade.

La perjudicada definió al acusado como un individuo que «me pareció bastante tontorrón». Y sostiene que las personas que le acompañaban, «eran sus cómplices. Yo estoy segura de que todas estaban compinchadas porque conocían el ‘modus operandi’ Si te mandan a una obra y te dicen que retires cuarto azulejos y que luego te vayas... Ya me dirás. Eso clama al cielo. Y entre ellos estaban su suegro», concluye.

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