Con equipos de respiración autónoma y camiones de succión

Los trabajos han resultado complejos por el ambiente nocivo y confinado de la zona, y la necesidad de actuar de forma manual

A. C. SAN SEBASTIÁN.

Echen un vistazo a las fotos que acompañan esta información, que no se corresponden con los puntos más críticos de la obstrucción, e imaginen cuánto ha costado retirar semejante acumulación de residuos y toallitas en un espacio donde apenas entra una persona de pie. Los responsables de Aguas del Añarbe se han encontrado con una obstrucción de dimensiones desconocidas hasta ahora, y que ha requerido de especialistas, equipados con sistemas de respiración autónoma, personal suficiente para permitir relevos a la hora de adentrarse en un submundo «de ambiente nocivo y confinado», y más de un mes de trabajo «denodado» para liberar uno de los conductos principales de la red de saneamiento de Donostialdea.

El presidente de Aguas del Añarbe, Enrique Noain, explica el esfuerzo realizado y que aún no ha terminado, pese a que las condiciones actuales en el túnel distan mucho de las que los operarios tuvieron que soportar en un primer momento en el colector, de 1,6 metros de diámetro. Las características y la «inaccesibilidad» del primer tapón, el más grande y el más próximo a la depuradora de Loiola, obligó a realizar un trabajo manual para ir extrayendo poco a poco las toneladas de toallitas y otros residuos atascados. Los expertos -entre los que había personal de la mancomunidad pero también de otras empresas especializadas- tenían que bajar, equipados con trajes especiales y sistemas de respiración individuales, hasta el punto atorado. Los gases tóxicos y la falta de espacio obligaron, explican en Aguas del Añarbe, a extremar las medidas de seguridad.

Una vez desatascado ese primer tapón, se localizó el segundo, que requirió el mismo esfuerzo. Pero en el resto del colector, donde se acumulaban montones de toallitas enrolladas a tubos o trozos de madera que también llegan al conducto -como se ve en las imágenes-, se han podido utilizar «camiones de succión» que desde las bocas a la superficie han permitido limpiar el resto del colector de Herrera, explica Noain. «Las toallitas forman una bola a partir de cualquier elemento que se encuentren en el camino, y así se va obstruyendo el canal», explican.

Una vez extraída la ingente cantidad de residuos, las 43 toneladas, Aguas del Añarbe inspeccionó ayer, desde Herrera hasta la arqueta de Uba, el túnel que completa la conducción. Ese tramo, con 2,8 metros de diámetro y ventilación, permite un trabajo más desahogado, aunque los especialistas también se equiparon ayer de sistemas de respiración autónoma y trajes especiales. Los residuos, en menor cantidad, acumulados en esta zona de más de dos kilómetros de longitud, se eliminarán antes de volver a conducir las aguas residuales procedentes de Oarsoaldea por este colector. El de Herrera, junto al del Urumea y el de Santa Catalina, conforman la red de saneamiento de Donostialdea que filtra sus aguas en la depuradora de Loiola.

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