Noain: «Las inundaciones en el Urumea han quedado para la historia tras las obras»

«Me marcho feliz por el trabajo realizado», afirma Enrique Noain./MICHELENA
«Me marcho feliz por el trabajo realizado», afirma Enrique Noain. / MICHELENA
Enrique Noain, presidente de Aguas del Añarbe

A final de mes dejará su puesto por jubilación y asegura que los retos de Añarbe son el saneamiento y depuración de las aguas residuales

IRAITZ VÁZQUEZSAN SEBASTIÁN.

Enrique Noain lleva más de veinte años al frente del consejo de administración de Aguas del Añarbe que da servicio a los municipios de San Sebastián, Errenteria, Hernani, Lasarte-Oria, Pasaia, Oiartzun, Lezo, Urnieta, Usurbil y Astigarraga. Ahora, a final de mes, llega la hora de su jubilación. Asegura que se marcha «feliz» por el trabajo realizado y con la conciencia tranquila. Con serenidad y la perspectiva que dan los años, sostiene que el peor momento que ha vivido en su cargo fueron las inundaciones de noviembre de 2011. «Nunca se me olvidará esta fecha». Se siente además especialmente orgulloso de la construcción del emisario del Monpas que ha conseguido «no verter agua sin depurar al mar».

- A final de mes se jubila y deja su cargo de presidente de Aguas del Añarbe tras dos décadas de trabajo. ¿Cómo se siente?

- Con alguna extrañeza porque es una situación que se vive una vez en la vida. Pero si tengo que resumir mis impresiones, y sin querer ser nada triunfalista, me siento feliz porque dejo una entidad bien organizada y con un equipo humano fenomenal que ha cumplido misiones de importancia para los diez municipios que conforman la Mancomunidad del Añarbe. Naturalmente, ha habido preocupaciones, disgustos y responsabilidades pero en conjunto guardo un recuerdo satisfactorio.

- ¿Qué balance realiza?

- Han sido años apasionantes, sensacionales y llenos de actividad. Me ha tocado dirigir a un grupo que ha protagonizado la construcción de todo un sistema de saneamiento y depuración de aguas residuales. También en materia de abastecimiento el trabajo ha sido enorme con inversiones que se han contado por varios centenares de millones de euros. Me he relacionado con alcaldes y concejales de los diez ayuntamientos con los que la relación ha sido muy grata. Añarbe ha sido un pequeño remanso de paz y eso me ha hecho extraordinariamente feliz.

- ¿De qué manera ha evolucionado Aguas del Añarbe estos veinte años?

- Sería presuntuoso decir que entonces se adivinaba lo que íbamos a hacer. Sí se tenía una idea general porque venía a hacer unas actuaciones concretas. La verdadera dimensión de Añarbe se va conociendo con el paso de los años y ahora es muy fácil mirar para atrás y hacer el relato de todo eso con coherencia y de una manera ordenada.

- ¿Cómo se encuentran las infraestructuras ahora mismo?

- El sistema que yo me encontré se hizo con muy buen pie. Cuando me incorporé, la mancomunidad ya tenía treinta años pero su gran madurez ha llegado después. El mayor embalse de Gipuzkoa ya estaba construido y con unas características más que solventes y seguras. Luego había algún sistema con alguna debilidad como el famoso Canal Bajo. Pero en saneamiento todo estaba prácticamente por hacer. Lo que había empezado a estar envejecido e incompleto sobre todo en cuanto a los sistemas de depuración y a los grandes colectores que ha habido que construir luego.

- ¿El embalse de Añarbe es la infraestructura más importante?

- Quizá sea la más espectacular por la belleza del paisaje y por su tamaño. Pero la verdad es que todo es necesario y para ser sincero el abastecimiento está asegurado. Nuestras preocupaciones están en el saneamiento y la depuración. En este apartado somos más novatos y las exigencias de la Unión Europea en materia de Medio Ambiente y de URA son crecientes.

- ¿Cuál ha sido el momento más complicado de su mandato?

- El más dramático fue el episodio de lluvias que hubo el 5 y 6 de noviembre de 2011. Nunca se me olvidarán esas fechas. Felizmente hay que decir que no hubo ningún daño personal, pero sí material y mucha preocupación en la ciudadanía. Pudimos explicar a la población y demostrar documentalmente que la gestión que se hizo fue absolutamente beneficiosa. El embalse pudo retener toda la avenida que venía del río Añarbe por lo que no contribuyó ni un litro a la inundación. Tuvimos la conciencia profesional absolutamente tranquila. Al río se le había hecho el perjuicio de invadir sus márgenes y no respetar su anchura. Como no hay mal que por bien no venga aquel episodio desencadenó por fin la actuación sobre el territorio de un plan que ya estaba hecho hasta con 17 medidas diferentes.

- ¿Cómo ve estas actuaciones?

- Con mucha esperanza porque son importantísimas. Se han derribado numerosos puentes y pasarelas, y se ha ensanchado el cauce al río. Se le está devolviendo al río Urumea la capacidad de evacuar agua hacia el mar. Demuestra que los daños que el hombre causa a la naturaleza son reversibles pero hace falta poner convicción y dinero. La prueba de que ha funcionado es que después ha habido episodios de lluvias, no tan intensas como aquellas, pero el río se está comportando de otra manera.

- Entonces, ¿las imágenes de los vecinos de los alrededores el Urumea saliendo de sus casas por las inundaciones han quedado para la historia?

- Estoy completamente convencido de que así es. De hecho, Loiola, Txomin y Martutene han salido del mapa de territorio inundable. También la zona de Karabel en Hernani. Aún quedan varias actuaciones en Hernani y en el curso alto del río para que esto sea una imagen del pasado. Las indemnizaciones que el consorcio de seguros tuvo que hacer alcanzaron los 80 millones de euros. Con esa cantidad se van a poder acometer las 17 medidas que el plan preveía. Qué bueno hubiera sido gastarlos antes y no tener que resarcirnos después.

- ¿Qué actuaciones quedan por realizar?

- Quedan dos puentes, el de Egia y el de Txomin por derribar, que muy pronto entrarán en licitación. Antes de finales de año probablemente. Hay que abrir un cuarto ojo al puente de Ergobia. Y quizá antes de final de año URA adjudique las obras de la segunda actuación sobre el Urumea.

- De esas 17 actuaciones, ¿cuáles ha tenido que acometer Añarbe?

- En ese plan de las 17 medidas, había una que consistía en unas grandes compuertas que tenía la presa para que se pudieran manejar para poder cerrarlas. Cuando yo llegué había una orden de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico de no utilizar esas compuertas. Cuando llegó la avenida de 2011, sin tener la autorización, yo decidí que se cerraran y gracias a esta actuación la presa del Añarbe no tuvo que soltar nada al Urumea y no contribuyó a la inundación. Me jugué el tipo desde el punto de vista administrativo. En la confederación me felicitaron pero también me riñeron porque había que hacerlo con permiso.

- ¿Cuál es el mayor reto del futuro para Aguas del Añarbe?

- Sobre todo se trata del Canal Bajo que es de unos 13 kilómetros de longitud. Es una infraestructura que nos ha preocupado desde que entré a trabajar porque está hecho en los años 60 y con hormigones y técnicas propios de aquella época.

«El Añarbe es suficiente para los diez municipios. El abastecimiento está asegurado»

«Para quitar el tapón de toallitas en el canal hay que entrar agachado y tirar a mano»

- ¿Es suficiente un solo embalse para los diez municipios que componen la Mancomunidad del Añarbe?

- No solo es suficiente sino que está sobradísimo. Es el mayor embalse de Gipuzkoa y somos casi equivalentes de todos los pantanos de abastecimiento de Gipuzkoa. Es una pieza importante pero nuestros planes no están ahí, sino en el saneamiento y en la depuración del agua. Cuando yo llegué se suministraba 41 millones de metros cúbicos de agua al año, ahora se suministran 23,5 con una población constante. La razón principal es que con el dinero de los ayuntamientos y de Añarbe hemos actuado en las redes de los ayuntamientos suprimiendo fugas.

- También han quedado atrás las imágenes de los ríos llenos de contaminación a causa de los vertidos de las empresas.

- Con alguna excepción de irresponsabilidad por parte de una empresa, hay que decir que su actitud ha cambiado sustancialmente. El empresariado no está constituido por marcianos, sino por seres humanos y naturalmente han experimentado la misma evolución en materia medioambiental que la población en su conjunto.

- ¿Qué importancia le da a la construcción del emisario del Monpas?

- Es un hito fundamental. Ha sido el gran cambio cualitativo porque hemos dejado de verter agua sin depurar al mar. Hubo que invertir mucho dinero, contratar personal nuevo y aprender pero ha permitido una recuperación importante de la vida marina. Todo esto ha costado 313 millones de euros en estos veinte años.

- Una gran bola de toallitas acaba de atascar un canal de saneamiento en Donostia. ¿Es lo más curioso a lo que ha tenido que hacer frente?

- Al lado de todo el trabajo que hemos hecho no vamos a decir que ha sido anecdótico, pero ha sido una gran contrariedad. Ha tenido una enorme repercusión social por lo insólito de que esto pueda ocurrir y los medios de comunicación han tenido un gran comportamiento porque han hecho gran parte de la campaña de concienciación que teníamos que hacer. La obstrucción está en un lugar al que hay que entrar agachado y hay que ir tirando a mano y por eso ha supuesto un gran trabajo.

- ¿Ahora toca concienciar a la ciudadanía de que no puede tirar las toallitas por el inodoro?

- La población hasta que no se le explican las cosas no tiene por qué saberlas, las cosas como son. Quién se va a pensar que por un gesto tan simple como tirar una toallita por un inodoro se puede armar esto. Por eso, hace un tiempo ya empezamos a explicar estas cuestiones.

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