La enfermedad les ha llevado al borde de la ruina

E. V. PASAIA.

Como consecuencia de su enfermedad, Eider tiene una discapacidad reconocida del 88%. Debe estar las 24 horas del día acompañada. «Pero las ayudas no te las dan», se queja su madre, Cristina López. «Ella cobra una pensión de algo más de 300 euros y a mí, por la ley de dependencia, me dan apenas 85 euros, cuando he tenido que dejar de trabajar horas para estar con ella cuando regresa a casa. Por la mañana, Eider va a un centro que también debo pagar, pero luego ¿quién la atiende?», se pregunta su madre.

Separada del padre de su hija, Cristina se ha hecho cargo de los gastos médicos, incluidas las pruebas genéticas que tuvieron que realizar hace unos años en Zaragoza. «Tuve que pedir un préstamo personal. Ahora mismo tengo nuestro piso en venta de las deudas que he acumulado. Me da mucho miedo perderlo. El dinero no me da para más... Es muy duro lo que estamos pasando», confiesa desesperada por la situación económica a la que se enfrentan.

La suya es una lucha «continua», como repite. «Llegas a un punto en el que te sientes sola y con una impotencia total. No sé qué hacer para salir adelante», declara. Cristina confía en que la ciudadanía o alguna asociación les ayude tanto a ella como a Eider para poder eludir la deuda que contrajeron. Sueña con que, tal vez, alguien organice un acto benéfico para recaudar fondos. «Una carrera solidaria, un concierto... Me salvaría la vida. Si sobrara dinero, lo destinaríamos a ayudar a otros a través de la asociación de afectados por Cornelia de Lange. No es nada fácil pedir, pero ya no sé qué hacer», asegura.

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