«En Donostia cumplí el sueño de ser madre»

Charlotte y Marie tienen una hija de tres años y van a someterse a un nuevo tratamiento de fertilidad

A. M. SAN SEBASTIÁN.

Charlotte y Marie son nombres ficticios bajo los que preservan su anonimato dos mujeres que son pareja y viven cerca de Agen, una población del centro de Francia ubicada a 280 kilómetros de San Sebastián. Fueron madres hace tres años y ahora quieren volver a cumplir su sueño para que su hija Belén tenga una hermana. Tal y como hicieron en su día, su intención es someterse a un tratamiento de inseminación en la clínica IVI de San Sebastián. En esta ocasión, Marie será la portadora del embrión. La pareja ha solicitado al centro médico que el donante de semen sea el mismo que el de la primera ocasión con el propósito de que ambas hijas tengan unas características genéticas comunes y posean rasgos físicos parecidos.

Cuando este matrimonio tomó la decisión de formar una familia en Francia, se encontró con el obstáculo de la ley de bioética, que imposibilita a mujeres solteras o a parejas lesbianas como ellas a someterse a tratamientos de reproducción asistida. «Mi tía es enfermera y me habló sobre la posibilidad de seguir un tratamiento de inseminación artificial en el extranjero. Busqué información en internet y me sorprendió que estaba disponible en francés. Finalmente, tomamos la decisión de viajar hasta Donostia para cumplir nuestro sueño de ser madres», explica Charlotte. El personal sanitario de la clínica les explicó todos los detalles médicos en su idioma nativo y ellas se sintieron «como en casa». Realizaron varias visitas al centro guipuzcoano, pero tuvieron también la suerte de que su ginecólogo habitual pudo supervisar la evolución de su embarazo en Agen.

Charlotte tiene constancia de que «muchos facultativos franceses se oponen a que mujeres solas o parejas homosexuales tengan hijos y por lo tanto no atienden casos de pacientes que se someten a tratamientos de inseminación artificial en el extranjero». Tampoco alberga esperanzas de que la ley de bioética en su país vaya a ser modificada y cree que «seguirá compensando desplazarse al extranjero para someterse a un tratamiento de fertilidad en un centro privado».

Hoy en día, una pareja heterosexual en Francia tarda un mínimo de dos años y medio en completar un proceso de inseminación artificial o fecundación in vitro en la sanidad pública, porque debe hacer frente a una larga lista de espera. Además, los pacientes deben someterse a análisis médicos y superar exhaustivas pruebas psicológicas. Charlotte considera que si la ley de bioética francesa sufriese cambios, «es muy probable que se ponga el foco más en los casos de las parejas homosexuales o mujeres solteras y los tiempos de espera serían todavía más prolongados».

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