La Diputación busca fuera de Gipuzkoa un destino para 60.000 toneladas de basura

Un camión de basura accede al vertedero de Lurpe en Mutiloa.
Un camión de basura accede al vertedero de Lurpe en Mutiloa. / IÑIGO ROYO

El Gobierno foral, que guarda silencio sobre las negociaciones, espera tener una solución sobre la mesa para comienzos del próximo año

IRAITZ VÁZQUEZSAN SEBASTIÁN.

Los viajes que realizaba la basura guipuzcoana hasta Cantabria ya son historia. Ayer partieron los últimos camiones que durante año y medio han enviado la fracción resto del territorio hasta el vertedero de la localidad cántabra de Meruelo. A partir de hoy, la única infraestructura que dará cabida a los residuos urbanos de los guipuzcoanos será la planta de Lurpe en Mutiloa. De esta manera, se cierra lo que desde la Diputación denominaron como «una solución in extremis a la falta de infraestructuras» que tenía el territorio para dar solución a la basura generada.

Pero para los responsables de la Diputación y de Gipuzkoako Hondakinen Kontsorzioa (GHK) los problemas no terminan aquí. Hasta que el Complejo Medioambiental de Gipuzkoa (CMG) entre en marcha y la basura ya se pueda «valorizar», el territorio tiene que encontrar una solución para 60.000 toneladas de residuos que hoy por hoy no tienen destino fijado. El año que viene el vertedero de Lurpe recibirá una cantidad máxima de 100.000 toneladas, tal y como está estipulado en el acuerdo alcanzado, una cantidad que para agosto -dentro de doce meses- ya se habrá alcanzado. Pero Gipuzkoa genera una cantidad de 160.000 toneladas por año. Por lo que los responsables forales buscan una solución, y lo hacen fuera de Gipuzkoa, ya que el territorio no cuenta con infraestructuras necesarias para albergar esta cantidad de residuos. Por ahora guardan silencio sobre las negociaciones, pero se espera que para finales de año la situación esté resuelta.

3,5
millones de euros
3,5
es la cantidad que se va a ahorrar la Diputación a partir de hoy, por no enviar los camiones de basura hasta la planta de la localidad cántabra de Meruelo.

La solución no parece sencilla. Tanto los responsables forales de Medio Ambiente como los del Consorcio de Residuos van con pies de plomo para encontrar un destino a esas 60.000 toneladas que ahora mismo están en el limbo. Fuentes forales ya han reconocido que se han iniciado los contactos para conseguir alguna solución provisional, conversaciones que se mantienen en la más absoluta discreción dada la dificultad de la operación y la mala reputación que la gestión de los residuos en Gipuzkoa tiene fuera. Prueba de ello ha sido el convenio frustrado con la Mancomunidad de la Ribera de Navarra para llevar la fracción resto a Tudela. El acuerdo alcanzaba a la planta de El Culebrete, y no ha sido posible encontrar otra instalación que aceptara la basura que saliera de su nave de tratamiento mecánico-biológico.

Lurpe recibirá un máximo de 100.000 toneladas al año, pero la necesidad de Gipuzkoa es de 160.000

El final de los envíos de basura hasta Cantabria dio ayer carpetazo a año y medio de viajes que han resultado «caros», tanto en lo económico como en lo medioambiental. «Fue una decisión cara, pero sin el vertedero de Meruelo la situación hubiera sido caótica», ha explicado en más de una ocasión el diputado de Medio Ambiente y Obras Hidráulicas, el socialista José Ignacio Asensio. «Esta decisión la tomamos por la herencia que recibimos de la anterior legislatura. No había infraestructuras pero tampoco tenían prevista una opción transitoria», recuerda. Según la Diputación, el ahorro que supondrá a partir de hoy no tener que exportar, al menos de momento, la basura fuera de Gipuzkoa será de unos 3,5 millones de euros. El precio del vertido en Mutiloa es de 60 euros/tonelada frente a los 85 de Cantabria.

Viaje con escalas

Además, los camiones antes de viajar hasta tierras cántabras debían acudir hasta las cuatro plantas de transferencia -las de San Marcos, Txingudi, Elgoibar y Akei-, donde se compactaban los residuos. Las estaciones de transferencia son instalaciones donde llevan la basura los servicios de recogida domiciliaria para que posteriormente sean transportados hasta vertederos e infraestructuras de reciclado y tratamiento.

Cuando el Pleno del Parlamento de Cantabria dio luz verde a la firma del convenio con la Diputación se dejó bien claro que se iban a verter 128.000 toneladas en año y medio. De hecho, por las autoridades de ambos gobiernos, lo único que se aprobó por unanimidad fue la propuesta de Podemos de que si se firmaba el contrato, éste no fuera prorrogado más allá del 31 de diciembre de 2017. Los primeros camiones partieron hacia Meruelo el 8 de febrero del año pasado. Fueron cuatro los vehículos que transportaban 22 toneladas de residuos cada uno.

Será una solución transitoria hasta que en 2019 la incineradora esté en funcionamiento

La opción del vertedero de Lurpe de Mutiloa surgió después de meses de intensa búsqueda de soluciones temporales -hasta que se construya la incineradora-, en los que la planta industrial de Epele, propiedad de la mancomunidad de Debagoiena -con mayoría del PNV-, fue el primer objetivo. Los gestores de esta instalación pública no accedieron a acoger los residuos de todo el territorio y GHK recurrió a la empresa privada a través de un proceso de licitación, al que solo concurrió Cespa como propietaria de la planta de Mutiloa.

Desde junio

El vertedero de Mutiloa comenzó a recibir los primeros camiones de basura el pasado 19 de junio. Desde esa fecha, cinco camiones se dirigen diariamente hasta el Goierri, mientras que otros veinte lo hacían hacia Cantabria. A partir de ahora, todos los trailers viajarán hasta la infraestructura acondicionada en el territorio.

En la planta de Mutiloa, los residuos sólidos urbanos se depositarán sobre una celda separada y específica. En una primera fase se ha habilitado una parcela de 70.000 metros cúbicos que será ampliada según la necesidad de almacenamiento. La adjudicación por 24 millones del servicio contempla un acondicionamiento del terreno como para albergar 300.000 toneladas si hiciera falta.

Para evitar la emisión de metano a la atmósfera se han construido tuberías perforadas que recogerán el gas antes de quemarlo y se ha contratado un halconero para espantar a las gaviotas que se esperan por Mutiloa a partir de la semana que viene. Procederán de Sasieta (Beasain), basurero clausurado en 2015 después de prestar servicio durante 24 años.

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