Dos días de travesía contra la ELA

Afectados, cuidadores, familiares y amigos del nadador reunidos para visibilizar la Esclerosis Lateral Amiotrófica./DV
Afectados, cuidadores, familiares y amigos del nadador reunidos para visibilizar la Esclerosis Lateral Amiotrófica. / DV

Jaime Caballero nadó más de 90 kilómetros entre Sotogrande y Marbella para recaudar fondos

PABLO GUILLENEASAN SEBASTIÁN.

«Jaime, durante estos días he olvidado que tengo ELA». Es uno de los comentarios que motivó a Jaime Caballero durante los más de 90 kilómetros de travesía a nado realizados para visibilizar una enfermedad que afecta a más de 3.000 personas en toda España. La meteorología acompañó, pero en distancias tan largas siempre hay lugar para percances. El recorrido, dividido en dos etapas -de Marbella a Sotogrande y de Sotogrande a Marbella- fue realizado a lo largo de dos días en los que el nadador guipuzcoano puso a prueba una vez más su resistencia.

Caballero lleva desde 2008 luchando por dar visibilidad a la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Fue ese el año en el que perdió a un familiar cercano afectado por la enfermedad, algo que le impulsó a cofundar la asociación 'Siempre adelante', hoy enmarcada en la fundación de su amigo y compañero Francisco Luzón. Este, que hasta su jubilación en 2012 fue uno de los grandes nombres de la banca en España, reveló en noviembre del año pasado que desde 2013 sufre ELA, y desde entonces no ha cesado en su labor por combatir la enfermedad y financiar su investigación. Ambos son abanderados de la máxima que da nombre a la fundación del nadador, y que lo impulsó durante las 13 horas y 27 minutos de la ida y las casi nueve de la vuelta.

La primera jornada comenzó con «unas condiciones ideales para nadar», sin casi viento y con la mar muy calmada. Con salida a las 8.00 horas de la mañana, Jaime y su equipo iniciaron la travesía desde el puerto marbellí con dirección Sotogrande, una travesía de 45,11 kilómetros. «Era una zona desconocida para mí y para el equipo. Guiados únicamente por un mapa muchas veces no reconocíamos las poblaciones que nos íbamos encontrando», expone.

Esta desorientación, sin embargo, resultó ser beneficiosa para el nadador, que no se percató de que una corriente lo mantuvo nadando en el mismo sitio durante más de cuatro horas hacia la mitad del recorrido. «Yo pongo el ritmo y Txapete -componente imprescindible del equipo del nadador- pone el rumbo. Afortunadamente no me dijeron nada, porque si me llego a dar cuenta me hundo». Gracias a la experiencia de Txapete, que conducía la embarcación que acompañó en todo momento al nadador, lograron salir de la corriente al desplazarse hacia la costa.

«La experiencia tranquiliza»

«La etapa se alargó más de lo esperado y, hacia las 8.00 horas, me picó la primera medusa», uno de los mayores miedos del donostiarra, consciente de que una brazada en falso hacia un banco de 'aguamalas' puede dejar a cualquiera fuera de la travesía. «Las iba viendo a lo largo del recorrido, pero por suerte estaban dispersas. Tras la picadura supe mantener la calma, la experiencia es un grado y ponerse nervioso pensando en que por una medusa te va a dar un shock anafiláctico no lleva a ninguna parte», relata el veterano, con numerosas travesías a sus espaldas como cruzar a nado el Canal de la Mancha, el lago Leman o el lago Ness, entre otras, pero siempre con la misma meta, la de luchar contra esta enfermedad degenerativa.

Tras llegar a puerto a las 21.30 horas, ya arropado por «un grupo numeroso y heterogéneo de más de 30 personas entre afectados de distintas provincias de todo el Estado, amigos, familia y equipo», el nadador recargó fuerzas con una cena a cargo del chef y amigo Karlos Arguiñano. «Ya estaba muy sensibilizado con la ELA, y al conocer a los afectados ha quedado muy impactado», relata Caballero, «sin duda no podía pedirse una cena mejor para recuperar energía».

La segunda etapa fue mucho más tranquila. «Salimos a las 8 de la mañana, y si a la ida el barco consumió 60 litros de combustible, a la vuelta solo necesitó unos 20. Txapete, como buen lobo de mar que es, ya sabía por dónde tenía que tirar para aprovechar la corriente que nos perjudicó en la ida». Esta vez la travesía no llegó a las nueve horas y, ya en las cercanías del puerto de Marbella, Marco, un afectado de ELA, nadó los últimos metros con el guipuzcoano. El día concluyó con otra cena organizada por Francisco Luzón. Reunidos ya afectados, cuidadores, nadador y amigos, pusieron punto final a una iniciativa donde «lo deportivo es la plataforma, pero el objetivo es la recaudación».

La cifra

22 horas
es el tiempo que el nadador guipuzcoano necesitó para completar, a lo largo de dos días, la ida y vuelta entre los puertos de Marbella y Sotogrande, siempre acompañado de su equipo.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos