«Estamos desolados. Mi hija y su marido tenían buena relación»

Los padres de Sofía ayer por la tarde en Villabona antes de salir hacia Arroyo de la Luz.
Los padres de Sofía ayer por la tarde en Villabona antes de salir hacia Arroyo de la Luz. / ARIZMENDI

Impactados y desolados, los padres y el hermano de Sofía Tato pusieron ayer por la tarde rumbo a Arroyo de la Luz

ESTRELLA VALLEJOVILLABONA.

A las diez de la mañana de ayer sonó el teléfono en el domicilio de Valentín Tato y Julia Pajares. Al otro lado del hilo telefónico un agente de la Guardia Civil de Arroyo de la Luz (Cáceres) trasladaba a este matrimonio, también cacereño pero residente en Villabona desde hace décadas, la peor noticia que podrían esperar. Su hija, Sofía Tato de 42 años, había sido asesinada esa misma mañana presuntamente a manos de su marido, Santiago Cámara, también de 42 años y natural de la localidad extremeña.

Entre la confusión, la desolación y la incredulidad, el matrimonio se dispuso a hacer nuevamente unas maletas que habían desecho el 30 de junio, cuando volvieron de pasar una temporada en Arroyo de la Luz, junto a su hija, su yerno y las dos hijas de ambos. Tenían planeado regresar la próxima semana, «cuando se pasaran los días de mucho calor», explicaba ayer el padre de Sofía, un desolado Valentín Tato, frente al portal de su casa en Villabona. Nunca imaginaron que iban a tener que adelantar su viaje por el asesinato de su hija. «Nos quedaremos una buena temporada por allí. No sé si regresaremos a Villabona...», señalaba bajando la mirada.

Hace un par de días fue la última vez que escucharon a su hija al otro lado de la línea. Les preguntó si estarían en el pueblo para el cumpleaños de las nietas, de 8 y 11 años, que se celebran en octubre. La respuesta de sus padres fue afirmativa, pero en ningún caso imaginaban que iba a ser en esas condiciones.

«Solemos ir para largas temporadas, pero ahora no sé si regresaremos a Villabona», indica el padre

La localidad guipuzcoana, en la que residen muchos extremeños, consternada tras conocer la noticia

Ayer por la tarde, con el equipaje postrado junto a sus pies, mientras esperaban la llegada de su otro hijo para poner rumbo a Extremadura, varios vecinos se acercaron a dar el pésame. «Estamos desolados y todavía no nos lo terminamos de creer», se lamentaba la madre de la víctima con los ojos llorosos y la voz frágil. «Creía en Dios, pero después pasan estas cosas y de qué sirve...», se preguntaba su padre, algo más firme.

Sin sospechas

El pasado mes de mayo fue la última visita de Sofía Tato a su localidad natal, Villabona, con motivo de la Primera Comunión de uno de sus sobrinos. Y tanto entonces, como durante la estancia de sus progenitores en Arroyo de la Luz, la relación con su pareja, con quien llevaba catorce años casada, en ningún caso había dado señas de estar pasando por un mal momento.

«Nos ha sorprendido muchísimo», confesaba Valentín Tato. «Pero de momento no sabemos más de lo que nos ha dicho la Policía por la mañana. Ahora que vamos allí ya nos enteraremos de qué ha ocurrido», relataba el padre con una distancia propia de quien todavía no termina de asumir la trágica noticia.

Asimismo, añadía que su hija y su yerno «tenían una relación de lo más normal y se llevaban bien. Incluso ella solía decir que no le dejaba sola ni para ir al baño. Pero si en el fondo no era así, qué necesidad había de hacer eso. Cada uno que viva por su lado y mucho mejor», indicaba consternado, al tiempo que exponía que su yerno «no fuma ni bebe. Bueno, una cerveza por la tarde».

Fuentes cercanas al entorno familiar confirmaron ayer las nulas sospechas de que Sofía Tato podía estar pasando por un mal momento en su relación. «Incluso los padres solían llevarle queso -a Santiago- cuando iban a Extremadura», indicaron.

La trágica noticia fue conmocionando Villabona a medida que avanzaba la jornada. El elevado número de cacereños que en los años 60 emigraron a Gipuzkoa hizo que el nuevo caso de violencia machista golpeara con fuerza la localidad, aunque muchos de los vecinos apenas tuvieran relación con la víctima «porque se fue hace años». «Es una pena que esto suceda pero si además es a una personas cercana impacta aún más», coincidieron un grupo de vecinos.

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