Desarrollan en Donostia un método para combatir células cancerígenas con calor

Oihane Mitxelena y Maite Mujika trabajan en uno de los laboratorios de Ceit-IK4. / LUSA
Oihane Mitxelena y Maite Mujika trabajan en uno de los laboratorios de Ceit-IK4. / LUSA

El objetivo de esta investigación es lograr un tratamiento alternativo, con menos efectos secundarios que la quimioterapia

IKER MARÍN SAN SEBASTIÁN.

El centro Ceit-IK4 y la empresa Tamag Ibérica, ambas situadas en el Parque Científico y Tecnológico de Miramon, han desarrollado un nuevo método para luchar contra el cáncer utilizando hipertermia, es decir, aplicando calor para matar las células cancerígenas. La hipertermia consiste en someter determinados tejidos del cuerpo a temperaturas de hasta 45 grados, con lo que se logra terminar con esas células tumorales. En este caso, los investigadores donostiarras pretenden introducir en el cuerpo unos microhilos, -una aleación de hierro que está recubierta de vidrio-, que cuando son sometidos a campos magnéticos externos provocan un incremento localizado de temperatura. «Es esa combinación de microhilos y campos magnéticos la que hace que las células cancerígenas mueran en un 70% en las pruebas realizadas in vitro, es decir, en el laboratorio», explican Oihane Mitxelena y Maite Mujika, investigadoras del grupo de Biodispositivos y MEMS de Ceit-IK4.

Una vez confirmados los resultados realizados en Ceit-IK4, el próximo reto de este centro de investigación es publicar un artículo en una revista científica especializada, «tenemos el artículo preparado», y concertar citas con los centro médicos con los que Ceit-IK4 tiene relaciones institucionales, como son Osakidetza, Biodonostia, Onkologikoa y la Clínica Universidad de Navarra, para presentar a los médicos su investigación. El objetivo de este proyecto es «combatir el cáncer pero de una manera en la que el paciente sufra mucho menos que con los tratamientos actuales, como pueden ser la quimioterapia, la radioterapia y su combinación con la cirugía», expone Mujika.

Antecedentes

Todo este proyecto científico con label donostiarra tiene su origen en una colaboración surgida en una reunión convocada por San Sebastián Turismo en su proyecto 'Enbaxadoreak', en el que profesionales del campo de la medicina, la ciencia y la tecnología y el ámbito universitario trabajan con el fin de organizar un congreso en la ciudad. Sergio Arana, director del grupo de investigación de Ceit-IK4, coincidió en este encuentro con Arcady Zhukov, investigador de la EHU-UPV en el Departamento de Física Aplicada y propietario de la empresa Tamag Ibérica, en la que fabrican microhilos para aplicaciones en temas relacionados con las telecomunicaciones. Zhukov comentó a Arana su idea de diversificar y de intentar utilizar sus microhilos para fines sanitarios. «En Ceit-IK4 vimos la posibilidad de colaborar gracias a nuestra tecnología de microsistemas para hacer una plataforma y poder probar como funcionan estos microhilos en células», cuenta Mujika. Presentaron su propuesta a una convocatoria de Fomento San Sebastián y su proyecto resultó elegido para recibir financiación.

En 2016 pusieron en marcha el proyecto junto con el investigador invitado en Ceit-IK4 Jay Campisi de la Universidad Regis de Denver, Colorado, y los alumnos de grado y máster Jon Martínez de Apellániz y Sara Lizarbe. El año pasado recogieron el testigo la oiartzuarra Mitxelena y la donostiarra Mujika. La primera cuenta que «en la primera fase de la investigación hicieron una primera aproximación de cómo se podían utilizar esos microhilos con las células, pero en recipientes grandes. Y nosotras trabajamos con una plataforma mucho menor para responder a esta pregunta, ¿qué pasaría en puntos concretos del tejido si se ponen estos microhilos y se aplica un campo magnético a ellos?». Su compañera añade que «nosotras hemos entrado más al detalle y hemos reducido el volumen de la muestra, hasta una milésima parte de un mililitro».

Combinación efectiva

Esta investigación, probada hasta el momento solo de manera in vitro y no en seres vivos, consiste en insertar los microhilos en una plataforma, en un chip, e incorporar las células cancerígenas. «Dejamos que las células crezcan sin aplicarles nada, es decir, con un procedimiento de cultivo celular normal. Después de 24 horas les aplicamos las distintas condiciones externas que deseamos. Y hemos descubierto que si se aplican los microhilos con el campo magnético se reduce la viabilidad celular, es decir, se matan las células en un 70%. Mientras que si simplemente aplicas sobre esas células solo el campo magnético o solo el microhilo esas células ni se inmutan. Por separado no funciona, pero con la combinación sí hay efecto», resume Mitxelena.

Lo novedoso a nivel científico de esta investigación se sitúa en la utilización de hipertermia magnética. «En el ámbito de la hipertermia sí hay muchos estudios referidos a la lucha contra el cáncer, utilizando calor. Pero usando microhilos magnéticos no hay nada, hasta donde sabemos», reconocen.

Impedir que los pacientes que tienen cáncer puedan evitar los efectos secundarios de quimioterapia y radioterapia está en el origen del proyecto, «ya que sería un procedimiento más localizado, iría directamente a la zona afectada». En este sentido sí que hay investigaciones que están siendo efectivas a la hora de acabar con las células tumorales que utilizan la hipertermia magnética pero con nanopartículas. El suministro de esas nanopartículas puede ser oral, se puede suministrar por el torrente sanguíneo, «pero el problema que están encontrando es que esas nanopartículas se quedan en el cuerpo. Y pueden llegar a tener efectos secundarios, se pueden acumular y pueden llegar a ser tóxicos. Y con nuestro proyecto, los microhilos, agrupados como si formaran un mechón, se meterían en el cuerpo y se podrían retirar físicamente, con las nanopartículas eso no se puede hacer», aseveran las investigadoras.

En las pruebas realizadas en los laboratorios de Ceit-IK4 de Miramon estas dos investigadoras han utilizado células de cáncer de hueso. «Sí que pensamos que por la sencillez de la aplicación podría ser útil, por ejemplo, para casos de cáncer de piel. Pero eso lo tenemos que ver con los médicos. Ellos conocen mejor las patologías y las necesidades que hay. Nosotras igual pensamos en cáncer de piel y ellos dicen que es más útil aplicarlo en otros tipos de cánceres», reconoce Maite Mujika.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos