La demanda de ayudas sociales desciende en Gipuzkoa a su nivel más bajo en tres años

Las solicitudes de RGI de los llamados trabajadores pobres se estabilizan tras meses al alza, y las de los mayores de 50 años, con más dificultad de inserción, se contienen

E. VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

En un mes, 115 personas han pasado a tener una situación económica mínimamente estable como para no tener que recurrir a la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Una cifra que, si se compara con la situación que vivían los vascos en julio de 2016, ha seguido mejorando ligeramente, ya que el número de ciudadanos que se ha dado de baja del registro ha aumentado desde entonces en 733.

Las previsiones se van cumpliendo. La mejora progresiva de la situación económica sigue teniendo su reflejo en la bolsa de demandantes de la ayuda social, aunque la generalizada inestabilidad laboral no permite asegurar que quienes salen ahora del sistema, no se vean abocados a medio plazo a regresar a él. Pero por ahora, el listado de solicitantes de la RGI continúa reduciéndose. A finales de julio, el número de perceptores de la prestación social se redujo en Gipuzkoa un 4,7% respecto al mismo periodo de 2016, hasta los 14.627.

14.627
beneficiarios de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)
14.627
hay en Gipuzkoa, según los últimos datos de Lanbide referentes a julio.
3.078
Solicitantes
3.078
son considerados trabajadores pobres que ya suponen el 20,9% del total de la demanda.
3.078
Perfiles
Complemento de trabajo
Un 20,9% de los beneficiarios (3.078 personas) son trabajadores.
Pensionistas
Representan el 27,5% de la demanda.
Familias monoparentales
2.344 personas cobran el complemento por ser familia monoparental.
Extranjeros
4.176 son titulares de nacionalidad extranjera, un 28,3% del total de la demanda.

Una primera lectura invita a celebrar una tendencia que sigue a la baja, mejorando incluso los datos de 2014, cuando se contabilizaron 14.966 perceptores. No obstante, el descenso es aún muy tímido, tanto que la bolsa de personas que necesitan la prestación social para sobrevivir sigue duplicando a la situación de antes de la crisis, lo que indica el largo y lento camino para recomponer la situación económica y social de esas miles de familias.

La mejoría en números absolutos es evidente, pero ciertas sombras se dejan ver al mirar en detalle, más concretamente, hacia los diferentes perfiles de perceptores. El peso de los llamados trabajadores pobres, aquellos que completan un salario bajo con el complemento de la ayuda social, se mantiene sin ninguna variación respecto al mes pasado, cuando ya llevaba varios meses al alza. Ya alcanza el 20,9% del total de la demanda, con 3.078 perceptores en esa modalidad.

La franja de edad que no consigue frenar el crecimiento continuo es el de aquellos que se encuentran entre los 50 y los 64 años, considerados parados de larga duración. Aunque leve, el incremento respecto al mes de junio fue de seis beneficiarios más.

La cifra que corresponde con los trabajadores pobres no es la más alta del conjunto de demandantes, pero sí en el volumen que representan. Los expertos, como quedó reflejado en el informe diagnóstico sobre la situación de la RGI presentado por el Gobierno Vasco de cara a la reforma del sistema, dieron por sentado que la gestión de esta demanda marcará uno de los principales desafíos del sistema. De hecho, el Ejecutivo propuso suprimir el máximo de tres años de cobro de la RGI como complemento al trabajo, y que se ligue al tiempo que sea necesario, sin límite.

Empleos precarios

El contexto económico, con empleos precarios y contratos a tiempo parcial, no permite una estabilidad suficiente como para asegurar que quien sale del sistema de protección social no lo vuelva a necesitar más adelante, advirtieron también en el documento de análisis. Sin esa protección que antes ejercía el empleo, la demanda está abocada a altibajos. La cronificación en el sistema «no es alta», refleja el estudio, pero sí se están elevando las tasas de intermitencia, es decir, el número de personas que entran y salen con cierta frecuencia precisamente por la inestabilidad del mercado de trabajo. Habrá que esperar, por lo tanto, a certificar que el descenso reflejado en el último año no tenga un efecto boomerang.

Mucho tiene que ver este perfil en la gestión de los cobros indebidos, cantidades que Lanbide paga de más por diferentes motivos. En la mayoría de los casos (32%) se generan por cuando un beneficiario de la ayuda empieza un contrato laboral y obtiene unos ingresos adicionales, que son comunicados a Lanbide pero no siempre hay margen administrativo para reflejar ese cambio en la nómina del mes. Un 26% de los pagos de más tuvieron su origen en cuestiones relacionadas con la residencia habitual, mientras que un 11,6% respondieron a realidades de fraude y uso indebido.

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