«Dejé mi trabajo porque no soportaba pasar a diario por donde el camionero mató a mi hermana»

Elena Hernández camina por el paseo de Gabierrota en Errenteria. /Arizmendi
Elena Hernández camina por el paseo de Gabierrota en Errenteria. / Arizmendi
Elena Hernández Rivas, hermana de Beatriz, víctima del chófer 'kamikaze'

Hoy empieza el juicio contra el conductor que circuló ebrio nueve kilómetros en dirección contraria por la N-1 antes se estrellarse contra el coche de la errenteriarra

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

Han transcurrido ya dos años, pero parece que fue ayer. El recuerdo de Beatriz Hernández Rivas, de 43 años, la errenteriarra que falleció en agosto de 2015 víctima de la acción de un conductor ‘kamikaze’ que además multiplicaba por ocho la tasa de alcohol está igual de presente entre sus familiares y amigos. Su hermana Elena asegura que se acuerda de ella a diario. Hoy lunes acudirá a la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, donde está previsto que empiece el juicio contra el transportista. «No le he visto nunca. A veces me pregunto si al mirarle explotará la rabia contenida que llevo dentro», afirma.

-Llega la hora del juicio. ¿Qué espera del proceso?

- Que se haga justicia. Que la persona que provocó el accidente y acabó con la vida de mi hermana pague por lo que ha hecho. Sé que no me va a consolar, pero entiendo que la pena que los magistrados le impongan servirá para otros casos y para que la gente tenga más conciencia a la hora de sentarse al volante de un vehículo, sobre todo si ha consumido alcohol.

-Usted no está citada como testigo en la vista oral. ¿Tiene la intención de acudir?

- Iré al Palacio de Justicia. Es una responsabilidad, un compromiso que tengo hacia mi hermana, aunque no sé si llegaré a entrar en la sala.

-¿Ha visto al conductor en alguna ocasión?

- Jamás le he visto.

-¿Teme ese momento?

- Claro. Por eso digo que no sé si finalmente accederé a la sala. Durante este tiempo he imaginado cómo podría ser el momento de ver a quien se llevó la vida de Beatriz. A veces me pregunto si al verle explotará la rabia contenida que llevo dentro.

«El conductor no nos ha pedido perdón, ya no tiene valor que lo haga ahora»

«El camionero pudo haber provocado una tragedia todavía mucho mayor»

-Si pudiera dirigirse a él, ¿qué le diría?

- Qué le voy a decir. Que por qué hizo lo que hizo, qué pensaba en aquel momento. Conducía un camión. No iba montado en una bicicleta. En sus manos llevaba una máquina que podía matar. Era un profesional de la carretera. Es que cuando hizo lo que hizo estaba trabajando.

-¿Ha recibido la familia algún mensaje del chófer?

- Ninguno. No nos ha llegado nada de su parte, ni tampoco nos ha trasladado sus disculpas, al menos que yo sepa. La defensa se ha puesto en contacto en dos ocasiones pero ha sido para ver si alcanzábamos algún acuerdo, no para pedirnos perdón o mostrar algún tipo de arrepentimiento.

-¿Y si lo hiciera, si le pidiera ese perdón?

- Lo aceptaría si con ello se queda más tranquilo. Pero ya no tiene ningún valor. Al menos para mí. No me vale. ¿De qué se va a disculpar? ¿De lo que ha hecho? Ha matado a mi hermana. Que se lo hubiese pensado antes de salir a la carretera. Cuando en esas circunstancias te matan a una persona querida, no hay disculpas que valgan.

-Imagino que habrá pasado en más de una ocasión por el lugar del siniestro. ¿Que sentía?

- Las sensaciones eran horribles. Cada vez que lo hacía era volver a recordar lo que había sucedido. Precisamente por eso tuve que dejar de trabajar donde lo hacía. Es que mi hermana y yo trabajábamos en la misma empresa, en la Gula del Norte. Éramos compañeras. Por eso, comprenderás que cada vez que iba al trabajo, todo me recordara a ella. El siniestro ocurrió en agosto y en diciembre lo tuve que dejar. Se me hacía muy duro. Tenía que pasar todos los días por el lugar. Y en la empresa todo me recordaba a ella. No podía aguantar la presión que tenía.

-¿Aquella fatídica noche del día 3 de agosto estaba usted también trabajando?

- Yo estaba en el turno de tarde y Beatriz entraba de noche. Aquel día no coincidimos. No la vi porque yo solía salir un poco antes. A veces sí que coincidíamos y cuando estábamos en el mismo turno trabajábamos incluso juntas, hasta en la misma máquina. Muchas veces íbamos y volvíamos en el mismo coche.

-¿Cómo se enteró de lo ocurrido?

- Todo comenzó con una llamada de teléfono. Me encontraba sola en casa. Era la una de la madrugada y estaba dormida. Mi marido se había ido con los críos de vacaciones. Yo aún tenía que estar una semana más trabajando.

-¿Quién le llamó?

-Mi madre. Me dijo que fuera urgentemente a su casa. Le pregunté ‘pero ama, ¿qué pasa?’ Ella solo me decía que fuera. Al llegar, había en la calle miembros de la Ertzaintza y una ambulancia de la Cruz Roja. Según me iba acercando al portal, los agentes me preguntaron algo y, junto con un chico de la ambulancia, me acompañaron hasta casa. Cuando subí, mi madre salió a la puerta. Estaba también mi tía, venía llorando. Volví a preguntarles qué es lo que había sucedido y me dijeron: ‘tu hermana, tu hermana’. Mi padres lloraban y fue un ertzaina quien me explicó lo que había sucedido.

-¿Cuándo tuvo conocimiento de las circunstancias que concurrieron en el siniestro?

- En aquel momento solo nos dijeron que había sido un accidente en la carretera. Al cabo de un rato, llamé a mi marido y creo que fue él quien me puso al corriente de las circunstancias en las que se había producido.

-¿Qué sintió cuando supo que el conductor había dado positivo en alcohol y que había circulado nueve kilómetros en dirección contraria?

- Situaciones de este tipo se suceden, por desgracia, con relativa frecuencia en las carreteras. Cuando escuchas y ves que ha ocurrido lejos, no te llega tanto, pero claro cuando la víctima es un familiar, es muy duro. Cuando el perjudicado es el propio causante del accidente, vale, pero cuando se lleva por delante la vida de otra persona...

-¿Cómo definiría el comportamiento del transportista?

-No sé si puedo calificarlo de homicida. Creo que era realmente consciente de que iba en dirección contraria. Fueron varios los vehículos que se cruzaron con él y le dieron las luces. Tuvo tiempo y espacio para detenerse y no lo hizo. No sé qué pensaría. Igual protagonizó una huida hacia adelante. Es posible que pensara que si se detenía iba a tener graves problemas con la Ertzaintza. Por eso creo que continuó, pero el tema se le fue de las manos. Tuvo la oportunidad de abandonar la N-1 por varias salidas y no lo hizo. Creo que era realmente consciente de que iba en dirección contraria. De lo que estoy segura es que no era la primera vez que se ponía al volante después de ingerir bebidas alcohólicas. Igual hasta estaba acostumbrado a hacerlo.

-No es frecuente que un caso así termine con un acusación de homicidio doloso. Hay otros siniestros que se resuelven con penas de un año de prisión y el pago de una indemnización. ¿Qué le parece?

- Después de lo que le sucedió a mi hermana ha habido otros casos en los que los conductores implicados han entrado por una puerta y salido por otra. Y además hemos sido testigos de que en algunos casos eran reincidentes. Es lamentable. No estamos concienciados del peligro que encierra ese binomio coche-alcohol. ¿Qué escarmiento les das a esas personas? Yo, desde luego, lo primero que haría sería retirarles el permiso de conducir de por vida. Y luego, ahí está la prisión. No sé si servirá de algo, si podrá rehabilitarse. No devolverán las vidas que se han llevado por delante, como la de mi hermana, pero por lo menos, que salden su deuda de esa manera.

-¿Cree que la actual legislación no es lo suficiente severa?

- En seguridad vial no lo es. Lo estamos viendo. Salen con penas mínimas. Y encima el alcohol es una atenuante.

-¿Es consciente de que junto a su abogado Iñaki Sánchez y la fiscal Estela Rodríguez han abierto una brecha jurídica para que conductores como el que causó la muerte de su hermana puedan ser acusados de homicidio?

- Sí que lo soy. No sé si ha existido algún otro caso en España. Diría que este es el primero. La fiscal apoyó nuestra tesis. Tampoco solicitábamos nada extraño. El conductor debió valorar que con su actuación podía haber provocado no ya lo que causó, sino una tragedia mucho mayor. Los dos coches que circulaban por delante del de Beatriz libraron al camión por los pelos.

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