Emergencias en Gipuzkoa: Rescates

En busca de 'aguja' en una montaña

El equipo de respuesta inmediata de emergencia terrestre de la Cruz Roja trabaja contrarreloj en cada intervención

Beatriz Campuzano
BEATRIZ CAMPUZANO

«La víctima es una mujer de unos 60 años. Es rubia y va vestida con una chaqueta rosa. Se ha precipitado por una ladera de Ulia, Donostia, cerca del camino de Santiago». Con estas palabras Fran informa a los otros seis miembros que integran el equipo de respuesta inmediata de la Cruz Roja. Ya conocen a quién van a rescatar hoy. Apoyados en el capó del todoterreno con el que han subido al monte, los voluntarios miran fijamente el mapa y escuchan las directrices de su jefe. No hay tiempo que perder. Tardan segundos en coger el material y se adentran por una pista forestal cercana al lugar donde puede estar la mujer. Fran, de 59 años, mantiene el contacto a través del 'walkie-talkie'. El grupo se divide en dos y todos empiezan a buscar. Es domingo al mediodia, hace sol y hay mucha gente en el monte.

Apenas han tardado unos minutos desde que han recibido la llamada de SOS Deiak y han solicitado que el equipo de San Sebastián de respuesta inmediata de emergencia de la Cruz Roja acuda a la búsqueda de una víctima que se ha caído en el monte y no puede volver por su propio pie. El proceso siempre es el mismo. Una vez suena el teléfono, el responsable no tarda más de media hora en movilizar a todo el equipo, organizarlo y presentarse en las coordenadas indicadas. Son voluntarios, amantes de la ayuda y conocedores de los montes guipuzcoanos. Siempre dispuestos a mejorar técnicas y procesos, los seis miembros de este equipo de la Cruz Roja viven pendientes de que la pantalla de sus teléfonos móvil no se enciendan.

Peinan la zona. Trotan, clavan el bastón en la hierba y buscan alguna pista que les ayude a encontrar lo antes posible a la mujer rubia. Se fijan en las huellas, en si en algún árbol se ha quedado un trozo de tela enganchado o si hay restos de sangre. No hay evidencias. Siguen descendiendo sorteando las ramas, evitando pisar rocas resbaladizas y se vuelven a dividir. Se mantienen informados por los walkie-talkies. Los pasos son cada vez más rápidos, el pulso se acelera y la mujer sigue sin aparecer. Suben y bajan montículos, se resbalan y apartan hojas con las manos. El sol aprieta y las primeras gotas de sudor empiezan a caer. Minutos más tarde, Kristina Sagarzazu, la encuentra. Esta voluntaria de 50 años coge el 'walkie-talkie', «Rober 81 de Papa 82». Aprieta el botón y explica que han encontrado a la mujer. «Se llama Arantxa, está consciente y se queja del tobillo izquierdo y de la mano derecha». Mientras su compañero pregunta a la víctima si tiene frío, se encuentra mareada o tiene antecedentes médicos.

Sagarzazu es una de las integrantes que tiene el ERIE, el equipo de respuesta inmediata de emergencia de la Cruz Roja. Solo en 2017, los 119 voluntarios, cinco más que el año anterior, que integran los equipos que operan en nuestro territorio histórico, tuvieron catorce actuaciones. Tienen un perfil muy diferente pero les une la voluntad de ayudar. Ayudar a quien se pierda. Siempre alerta por si les activan, en Gipuzkoa hay siete equipos repartidos entre Hondarribia, Donostia, Tolosa, Lasarte, Goierri, Alto Deba y Deba. Los miembros de los grupos locales conocen bien la orografia de los montes y ríos de cada una de sus zonas, de manera que en caso de necesitar más equipos de apoyo se puedan dividir y que siempre haya alguien especializado en la zona. La mayoría de los miembros son voluntarios de cierta veterania, llevan muchos años en la institución y han pasado por todos los departamentos de Socorro de la Cruz Roja.

De estatura media, pelo corto y oscuro, Sagarzazu conoce bien los entresijos de este voluntariado en el que lleva más de diez años. Le enseñaron y enseña a los más jóvenes. No se cansa de aprender y de intentar ser cada día mejor. «Toda persona que pertenece al equipo tiene que tener una formación básica, de entrada, en montañismo y orientación. «Hay que saber manejar las coordenadas, brújulas... y también hay que saber de autoprotección y seguridad porque en un momento dado se les puede solicitar evacuar a una persona herida en la montaña. Hay que conocer temas de organización y gestión en una búsqueda, cómo son las comunicaciones con 'walkie talkies', saber cómo hay que hablar... Lo más básico son los primeros auxilios», detalla Juan Ramón Barrena, director del área de socorros de la Cruz Roja.

En sus salidas existe el peligro. Son conscientes de que conducir en todo tipo de superficies, hacer frente a la lluvia, a la nieve, las inundaciones y acceder a determinados lugares puede conllevar sus riesgos. Aun así, su pasión por ayudar es más fuerte. Pratican para no cometer errores y tienen muy claras cuáles son las pautas de actuación que tienen que seguir. «No somos bomberos ni socorristas y tenemos nuestros límites», matiza Barrena. Asumen riesgos porque las personas se han podido perder en circunstancias muy diferentes. «Te puedes caer por cualquier lado, las condiciones del terreno pueden no ser buenas y por eso el personal voluntario hace sus entrenamientos durante el año. Para saber responder a las necesidades del momento», precisa Barrena.

Arantxa sigue tumbada. Le han vendado el pie y el brazo y la han tapado con una manta térmica. «¿Cómo te encuentras, te duele el cuello?, se interesa uno de los voluntarios. No pierden detalle. La víctima está mejor y no dudan en trasladarla al puesto de mando. Al grito de 'un, dos, tres', la suben en la camilla. Se la ponen en los hombros y empiezan a andar. Miran al suelo para no tropezar con las piedras, miran al frente para no chocarse con nadie y miran al cielo pidiendo una tregua a Lorenzo. Se detienen y los portadores rotan. El calor hace mella. Los que llevaban a Arantxa ahora llevan el botiquín y viceversa. Arantxa está inmóvil. Siguen caminando. Se topan con las conversaciones de los paseantes, con los ladridos de los perros que buscan jugar con sus dueños. De fondo, las olas rompen en las rocas.

El rescate de Arantxa ha sido un simulacro. Pero podía haber sido una situación real. Esta ha sido una de las 34 prácticas que el ERIE terrestre tiene previstas para este año. Porque nada les puede pillar por sorpresa cuando tienen que atender una emergencia.

Los integrantes del ERIE de San Sebastián durante la práctica realizada en el Monte Ulia / IÑIGO SÁNCHEZ

Unos días antes del simulacro, sentado en una mesa de la sede de la Cruz Roja de Ategorrieta, Juan Ramón Barrena no puede esconder el orgullo que siente hacia los miembros que dedican su tiempo libre para ayudar. Recuerda los inicios de esta organización, repasa las actuaciones a las que han tenido que acudir y se muestra preocupado por el envejecimiento de la sociedad.

-¿Con qué efectivos y material cuenta la Cruz Roja de Gipuzkoa para poder atender una emergencia?

-A parte de la red de voluntarios tenemos veinte ambulancias, veinte todoterrenos, diez vehículos de transporte adaptado y cientos de mantas que en caso de ser necesario pueden estar en cualquier sitio de Gipuzkoa en menos de una hora. Además, si la emergencia lo requiere, al ser el EIRE un servicio autonómico, constituido por unidades provinciales que a su vez están formadas por grupos locales, se puede activar a los equipos de Bizkaia y de Álava para dar apoyo.

-¿En qué casos no se puede acceder a una actucación?

-Es difícil que suceda porque estamos muy preparados, pero el principal motivo sería las condiciones meterológicas o que no haya luz del día. Hay determinados sitios a los que no se puede acceder de noche o una niebla cerrada en cualquier monte guipuzcoano aunque sea a las doce del mediodia tambien impide que podamos acceder al lugar. En las búsquedas hay que poner todos los medios necesarios, pero el tiempo lo tiene que permitir.

-¿Cuál es el tipo de actuación que más se repite en Gipuzkoa?

-La mayoría son pérdidas. Suelen ser 'mendizales' de toda la vida que han ido a pasar el día al monte y se han resbalado, se han caído o les ha pasado algo raro y no pueden volver por sí solos.

-¿En qué zona del territorio suelen producirse las actuaciones en montaña?

-Las principales activaciones las tuvieron los equipos de Donosti, Goierri y Alto Deba. Si nos centramos en los datos. Goierri tuvo cuatro, Donosti y Alto Deba cinco cada una. Hay veces que por cercania se activa a un equipo que es de Gipuzkoa para ir dar apoyo a uno de Álava. Eso es lo bueno que tiene el ERIE, que su fuerza reside en que es un equipo autonómico formado por las unidades provinciales que a su vez se sustentan gracias a los grupos locales.

-Pero no es lo mismo que se pierda una persona en el monte o en una ciudad...

-Efectivamente, no es lo mismo una persona que se ha perdido en Oñate o Beasain y que hace media hora que nadie sabe dónde está o una persona que ha salido a la mañana al monte y que son las tres de la tarde y que no ha llegado a comer. Los riesgos, las posibles ubicaciones de la víctima son diferentes. De la misma manera que no es lo mismo una persona con todas las capacidades activas y en orden que una persona con una discapacidad que puede aparecer encerrado en el baño de un bar o entre unas zarzas en mitad de la carretera.

-¿Le preocupa que el envejecimiento de la sociedad pueda conllevar más actuaciones?

-Sí, de hecho ahora estamos viendo que en Bizkaia, debido a que su población es superior, tienen muchas activaciones por pérdidas de personas mayores en ciudad. El envecejimiento de la sociedad es algo que nos preocupa cada vez más y somos conscientes que tarde o temprano esas actuaciones llegarán con más frecuencia a Gipuzkoa.

Juan Ramón Barrena, director del área de socorros de Gipuzkoa, posa delante de uno de los vehículos del ERIE / Iñgo Sánchez

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