El coste de acceso al alquiler para un joven en Gipuzkoa supera ya al de un piso en propiedad

Un hombre mira las ofertas de alquiler y compra de pisos en una inmobiliaria donostiarra. / SARA SANTOSGráfico
Un hombre mira las ofertas de alquiler y compra de pisos en una inmobiliaria donostiarra. / SARA SANTOS

El arrendamiento exige a un asalariado de entre 18 y 34 años destinar el 67,5% del sueldo a la renta frente al 58% para la hipoteca, según un informe del Gobierno Vasco

ARANTXA ALDAZ SAN SEBASTIÁN.

¿Comprar o alquilar una vivienda? Depende. La pregunta no tiene una respuesta perfecta, porque se parte de comparar dos mercados diferentes, con sus pros y contras, y múltiples factores que influyen en los números que hay que hacer para tomar el rumbo más sensato. Pero, con todos los matices que se deben añadir, la frase oída de que sale más barato pagar la mensualidad de una hipoteca que abonar la renta de un piso en alquiler encierra parte de verdad, al menos para las viviendas de barrios de la periferia de la capital y municipios del interior, donde más ha bajado el coste del metro cuadrado.

Un informe reciente del Observatorio Vasco de la Vivienda pone sobre la mesa las sacudidas que ha dejado la crisis del ladrillo entre la población joven y constata que por primera vez un asalariado de entre 18 y 34 años debería destinar mayor porcentaje de su sueldo al pago del arrendamiento que al de la letra de la hipoteca de una vivienda en propiedad. En concreto, y según las cifras manejadas en el estudio, el 67,5% del salario de un joven en Gipuzkoa se iría a pagar la renta mensual de un piso mientras que si hubiera optado por la compra, el esfuerzo se quedaría en un 58%, cantidades en cualquier caso por encima de lo que se considera un nivel razonable.

La recesión económica ha alterado el orden tradicional del mercado inmobiliario. Entre la población joven, como para la mayoría, es el empleo el que está marcando la diferencia. También en las posibilidades de acceso a una vivienda. La mayor incidencia del desempleo y las malas perspectivas de acceso a un trabajo han llevado en muchos casos a prolongar los estudios y posponer la salida al mercado laboral, señala el informe. Cuando se encuentra un empleo, este ya no es condición suficiente de estabilidad económica, el más difícil todavía. El informe constata que, pese a todas las dificultades, las tasas de emancipación se están manteniendo.

Ahora bien, la caída del precio de la vivienda libre, especialmente en barrios del extrarradio, ha tenido «un efecto positivo» para los jóvenes asalariados ya que se ha rebajado el esfuerzo financiero necesario para la compra de un piso, exceptuando las zonas centro de la capital, que siguen ostentando el título de milla de oro inmobiliaria. Según la información recogida, con datos del Observatorio Vasco de la Juventud, en 2007 un joven debía destinar un 98,9% de su salario neto para sufragar la hipoteca, mientras que en 2015 ese coste se reduciría al 53,4%. El mayor precio del parque inmobiliario en Gipuzkoa sitúa al territorio como el lugar de Euskadi más caro para emanciparse.

El mercado del alquiler ha seguido otros derroteros. El coste de los arrendamientos no solo no ha registrado una caída significativa en estos últimos años sino que desde 2013 experimenta una tendencia al alza. Esta evolución no ha resultado tan beneficiosa para el bolsillo de los jóvenes vascos. El coste de acceso a un piso arrendado les supondría el 63,8% de su salario, frente al 53,45% en el caso de la compra, según los datos recogidos en el informe de Vivienda. Las diferencias entre territorios son notables, subraya el documento. Gipuzkoa encabeza esta peculiar clasificación. Los jóvenes guipuzcoanos deberían desembolsar el 67,5% de sus ingresos para pagar una renta, mientras que en Bizkaia sería el 64%, a gran distancia de Álava, con un 54,1%.

Caro en cualquier caso

El alquiler cotiza alto. Hay mucha demanda y escasa oferta, condicionadas por el boom del alquiler turístico. Pero para la mayoría de los jóvenes es la única alternativa para emanciparse. Comprar una casa, por mucho que los bancos hayan vuelto a abrir el grifo del crédito y los pisos se hayan rebajado en ciertas zonas, no es una opción para muchos. En 2015 más de la mitad de la población joven emancipada (55%) residía en alquiler. Además, entre el colectivo que aún reside en casa de sus padres, la preferencia por el alquiler como opción de futuro sigue aumentando y son ya el 56% quienes se manifiestan a favor.

Los efectos que está dejando la crisis, con un mercado de trabajo especialmente deteriorado para los jóvenes, se dejan notar. La tasa de paro entre el colectivo se ha multiplicado por seis entre 2007 y 2015, y son también quienes sufren en mayor parte la precariedad de los empleos temporales (56%) y a tiempo parcial (30%). Pero también hay quienes opinan que la opción del alquiler no ha llegado para quedarse y pierde peso a favor de la compra a medida que el colectivo gana en estabilidad económica, sostiene José Luis Polo, presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API) de Gipuzkoa.

En cualquier caso, lo que también trasciende de los datos es que alquilar o comprar sigue suponiendo un enorme esfuerzo económico para los jóvenes. Según el Observatorio Vasco de la Juventud, el 21,3% de las personas emancipadas entre 18 y 34 años destinaba más del 40% de los ingresos del hogar al pago de la hipoteca o la renta de alquiler, cuando se entiende que por encima del 30% ya supone un sobreesfuerzo por encima de lo recomendado. Un panorama complicado que, en esencia, no ha cambiado tanto.

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