Consecuencias locales para un problema de todo el planeta

D. ROLDÁN MADRID.

Chile, en enero. California, Canadá y España en el estío y, posiblemente, Australia, en el verano del hemisferio sur. Ese es el panorama de los incendios en 2017 y para comienzos del próximo año. Una situación «terrible» que tiene muchos culpables. Uno de ellos es el cambio climático. «Hace dos años, cuando se produjeron fuegos en Navidad tuvimos un aviso», recuerda Miguel Ángel Soto, uno de los responsables de Bosques en Greenpeace. Y es que el cambio climático está rompiendo con la estacionalidad.

Un alza en las temperaturas que provoca que, con las condiciones climáticas y forestales adecuadas, el fuego comience. «Ahora tiene mucha más virulencia y son más rápidos», señala por su parte Lourdes Hernández, portavoz de la campaña de incendios de WWF España. Una situación que debe hacer replantear a las administraciones su política forestal. Por ejemplo, manteniendo a los brigadistas todo el año y no despidiéndoles cuando acaba la temporada como ha pasado en Galicia. «Pueden ayudar a mantener el bosque durante el invierno», apunta Soto. Más atención al mundo rural, que está «abandonado, con menos gente», más educación y acabar con el «arraigo del fuego» en algunos lugares son otras soluciones.

Fotos

Vídeos