«Cuando conocí a mi madre biólogica me dijo que me quería»

«Cuando conocí a mi madre biólogica me dijo que me quería»
Búsqueda de orígenes

Marga Cano es una de las 196 personas adoptadas que ha realizado una búsqueda de sus orígenes en Gipuzkoa, gracias a la cual ha sabido que tiene cuatro hermanos

Marga Cano llegó a su familia siendo un bebé, y creció en Pasaia junto a su madre y su hermano mayor. Desde los cuatro años supo que había sido adoptada, un hecho que en su entorno se trató con naturalidad y que ella nunca ha escondido. Pero las preguntas sobre por qué fue abandonada y quién era su madre biológica siempre estaban ahí. Si tardó mucho tiempo en decidirse a comenzar el proceso de la búsqueda de sus orígenes fue por el miedo de que eso pudiera causar algún daño a su madre, quien asegura que le ha criado «como lo que soy, su hija». «Sentía que le estaba fallando, y eso me frenaba bastante a la hora de empezar a buscar. Gracias a ella tengo la oportunidad de pertenecer a una familia, y no quería que pensase que era egoísta o desagradecida por querer conocer mis orígenes biológicos», asegura. A pesar de ello tomó la decisión de acudir a la Diputación para obtener información sobre las circunstancias de su nacimiento, aunque no la encontró y dejó de buscar.

Sin embargo, convertirse en madre fue para Marga el detonante que provocó que las preguntas sobre su madre biológica necesitaran una respuesta, así que volvió a intentarlo y regresó a los servicios sociales forales, que encontraron otra vía por la que iniciar la búsqueda. «Me contaron que tenía derecho a pedir los datos al Hospital Donostia sobre la mujer que había dado a luz en el día y a la hora que se indicaba en mi partida de nacimiento», cuenta Marga. La Diputación puso en marcha esa solicitud y finalmente obtuvo el nombre de su madre biológica. El servicio que ofrece el ente foral a través de la sección de Acogimiento Familiar y de Adopción se encarga de hacer de mediador entre la persona adoptada y su familia biológica si llega a producirse un encuentro. En el caso de Marga, a través de una carta se comunicó a su madre biológica que su hija había emprendido una búsqueda sobre sus orígenes y que quería conocerla. «Un día salí de trabajar y tenía un montón de llamadas», recuerda. «‘Tu madre biológica ha estado aquí’, me dijo la trabajadora social de la Diputación. Yo no daba crédito. Me dijeron que había dejado su número de teléfono y le llamé».

Decidieron quedar para tomar un café. Marga reconoce que los días previos su estado anímico viraba entre el deseo y la indiferencia. El día del encuentro, la reconoció a lo lejos. Se parecía a ella. «Es curioso, al final yo no me parezco físicamente a mi familia, y al verle me reconocí». Estuvieron juntas poco más de media hora en la que Marga admite que su actitud fue más bien distante. Esa primera vez su madre biológica se despidió con un ‘te quiero’. «Creo que es algo que me ayudó a comenzar a sanar poco a poco mi herida», admite.

Después volvieron a quedar en una cita más larga en la que pudo conocer más sobre su vida personal. «Me dijo que tengo cuatro hermanos, y fíjate qué cosas tiene la vida que yo le conté que trabajé durante años en el restaurante Ziaboga de San Juan, y me dijo que uno de mis hermanos se casó allí. Así que estuve sirviendo a mi madre y a mis hermanos biológicos ese día», cuenta Marga, quien espera poder conocerles algún día. «Es difícil, porque por un lado creo que tengo derecho, y por otro pienso en mi madre biológica y en lo que puede suponer para ella, porque está muy afectada desde que nos conocimos, y quiero protegerla».

Durante la conversación también hablaron de por qué le abandonó, aunque algunas contradicciones en su relato hacen que Marga tenga algunas dudas. «No le juzgo. Creo que se está intentado proteger o que hay algo que no quiere tocar. Algún día me gustaría saber la verdad, porque es mi historia, pero también la suya, así que le estoy dando espacio. No quiero exigirle nada».

Marga tiene hoy 40 años y una niña de ocho. Trabaja como educadora social en intervención familiar, y asegura que su experiencia personal le ha servido para empatizar y conectar mejor con los niños y adolescentes que tienen problemas con sus padres. En su caso la búsqueda de sus orígenes dio resultado, pero no siempre ocurre así. Desde la Diputación advierten de ello a aquellas personas que emprenden el proceso, porque la respuesta que reciben no siempre es la que esperan. «Puede que su madre no quiera saber nada porque es algo que le causa mucho dolor o porque su entorno no sepa nada, o simplemente que haya fallecido, así que tienen que estar preparados para cualquier reacción porque es una persona que no conocen», afirma Itxaso Martín, trabajadora social de la Diputación.

«Yo tenía miedo al rechazo y a tener de nuevo esa sensación de abandono, pero tuve suerte. La verdad es que no sé como hubiera reaccionado si ella no hubiese accedido a conocerme», se pregunta Marga. Aunque el saberse abandonada es algo que le produce dolor, rabia y tristeza, conocer a su madre biológica, ha resultado una experiencia muy positiva para ella. «Llevo años en terapia preparándome para este momento y a mí me ha venido bien. Es importante conectar con el dolor que causa el haber sido abandonada para curar esa herida».

También ha contado con el apoyo de su madre. «Me costó muchísimo contarle que había contactado con mi madre biológica. Me dijo que si era lo que yo necesitaba, que se alegraba por mí. Aunque también reconoció que su mayor miedo era que yo pudiera desaparecer. Ya ha visto que eso no ha sido así».

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