Confirman una condena de cinco años a un acusado de abusar de una niña en Donostia

El Tribunal Supremo no ha admitido el recurso de la defensa y el fallo que fue dictado por la Audiencia de Gipuzkoa ya es firme

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

La sentencia es es firme. No hay vuelta atrás. Cinco años de prisión es la pena que finalmente ha recaído sobre un hombre que en 2012 sometió a una niña a múltiples abusos cuando tenía entre ocho y diez años en Donostia. El acusado había interpuesto un recurso ante el Tribunal Supremo por el que reclamaba la revocación de la condena. Sin embargo, la Sala de lo Penal del alto tribunal ni siquiera la ha admitido.

Los hechos se remontan a 2012, cuando el acusado, de 57 años, empezó a mantener encuentros esporádicos de carácter sexual con una menor que entonces apenas tenía ocho años. El procesado aprovechaba para abusar de ella los momentos en los que la niña bajaba a su domicilio, ya que la víctima y el sospechoso residían en el mismo inmueble. El acusado, profesor de zumba, invitaba a la menor a entrar a su casa y una vez dentro le obligaba a desnudarse. Durante las veces que estuvo con la niña, cuyos padres han ejercido la acusación particular a través del letrado Eduardo Bolea, el imputado le dio besos en la boca a la vez que le sometió a diversos tocamientos. Estos encuentros se prolongaron durante cerca de tres años.

Los abusos no solo tuvieron lugar en el domicilio del acusado. Este llevó a la menor a una tienda de ropa para comprarle una camiseta. Allí, mientras la víctima se encontraba cambiándose en el probador, aprovechó para entrar en este espacio y abusar también de ella.

En enero de 2015, poco antes de que el comportamiento del investigado quedase al descubierto, el procesado vio cómo la menor sacaba a pasear a un perro en los aledaños de la vivienda. En aquel instante, pidió a la niña que entrara en el piso, y cuando lo hizo la llevó al sofá donde asimismo abusó de ella. Esta situación se alargó hasta el momento en el que la menor oyó la voz de su madre que reclamaba su presencia. En aquel instante, la niña se zafó del acusado y abandonó la casa corriendo.

Durante los meses en los que se mantuvieron los abusos, la niña no reveló nada a sus padres, en parte por miedo y también por desconocimiento de la gravedad de los hechos en los que se vio inmersa. En este sentido, explicó que fue durante unas clases sobre el funcionamiento del cuerpo humano y las relaciones sexuales cuando tomó conciencia de la situación.

Atraída con chucherías

El agresor atraía presuntamente a la menor con diversos pretextos. En ocasiones le daba caramelos de chupa-chups, chucherías y hasta le regaló un telar para hacer pulseras. También le ofrecía tartas que había cocinado e incluso le daba clases de baile. Precisamente, todo quedó al descubierto cuando la niña se negó a acudir a estas clases, una actividad que inicialmente había sido de su agrado.

El investigado, un profesor de zumba, conocía a la menor de 8 años porque era su vecina

La defensa argumentó que no había prueba de cargo suficiente para quebrar la presunción de inocencia

Durante la entrada y registro que se practicó en el domicilio del acusado, que se encuentra en prisión desde abril de 2015, la Policía halló algunos efectos que utilizó en las relaciones que mantuvo con la menor.

Por estos hechos, en febrero, la Sección Primera de la Audiencia impuso al procesado, además de los cinco años de prisión, otras medidas como la prohibición de aproximarse a una distancia inferior a 500 metros de la víctima, a su domicilio o cualquier otro lugar frecuentado por ella durante un tiempo de dieciséis años. Además, la sentencia le obligaba a que, una vez que finalizase el cumplimiento de la pena de prisión, permanezca en libertad vigilada durante un periodo de siete años. Durante este tiempo tampoco podrá acercarse al domicilio de la menor ni comunicarse con ella. El acusado fue también condenado a participar en programas formativos de educación sexual. Por último, el tribunal acordó que indemnizase a la víctima con 40.000 euros.

Prueba de cargo suficiente

Ante esta condena, la defensa del acusado interpuso un recurso de casación que, según acaba de conocerse, no ha sido admitido. Argumentó la defensa que no había prueba de cargo suficiente para quebrar el principio de presunción de inocencia.

La Audiencia sustentó la condena en las manifestaciones de la víctima prestó en la vista oral que, estimó, reunían los requisitos exigidos» para que pudiera convertirse en una prueba de cargo «hábil e idónea». Recordó en este sentido que el testimonio de la niña fue «persistente y sustancialmente» coincidente a lo largo de todo el procedimiento. También puso de manifiesto como elementos probatorios las manifestaciones de varios testigos que, si bien no presenciaron los hechos, añadieron algún aspecto fáctico que contribuyó a dotar de verosimilitud al testimonio de la menor.

Ahora el Tribunal Supremo, sin embargo, corrobora punto por punto todos los argumentos que fueron esgrimidos por la Audiencia de Gipuzkoa.

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